jueves, enero 31, 2008

¿Cómo?

¿Cómo se hacen las cosas? ¿Cómo se cambia al mundo? ¿Cómo, al menos, se transforma un país, un estado, una ciudad? Un enfoque sistémico vincula todos los componentes de la sociedad de manera tal que las restricciones para el cambio vienen de todas partes, de cualquier parte y el individuo sólo es capaz de hacer pequeñísimos ajustes en su contexto inmediato. Por su parte, el enfoque cultural resulta demasiado determinista, lo que tenemos es el resultado de construcciones culturales que te atrapan, que no te permiten pensar con otras estructuras mentales, porque la inercia cultural te arrastra también como individuo y sólo nos queda el lugar común "sólo a través de la educación se pueden cambiar las cosas realmente" (para luego lamentar el perverso lastre que representa Elba Esther y su nefasto Sindicato de maestros). Un enfoque grandilocuente está a la espera de los grandes líderes que son capaces de operar transformaciones enormes: incluso la cultura, incluso todo el sistema (pero no llegan o si aparecen, se presentan en la lamentable figura de Chaveces, de Fideles, de AMLOs, que más ganas dan de llorar que de seguirlos).

¿Qué papel jugamos entonces los individuos pensantes, los que nos queremos agentes de cambio, los que de niños creíamos en nuestra capacidad para cambiar las cosas? En algún momento nos convertimos en meros observadores arrogantes de la realidad. Adoptamos la legítima pose de desprecio (con nariz levantada y todo) de líderes políticos, económicos y religiosos por corruptos, imbéciles o incompetentes. Pero la verdad es que nos convertimos en cómplices del status quo con una pasividad que sólo se rasga las vestiduras en blogs, en pláticas de café, en discusiones academicistas. Sucumbimos al espejismo burgués, a entregar la vida a nuestros trabajos y darle todas las oportunidades (comodidades) a los hijos (y, evidentemente, a nosotros mismos) y autoconvencernos de que si todos hacen lo mismo el mundo será mucho mejor (pero "todos" es algo tan general que no nos puede privar de la responsabilidad). Esa jaula de hierro del conformismo calma el dilema moral de no estar haciendo lo suficiente y va fijando las prioridades que terminan por obnubilar hasta la más mínima noción de cambio.

¿Qué hago yo ahora lamentándome en mi blog que leerán diez personas? ¿Qué curso de acción tomaré para aliviar los remordimientos de que los años van pasando y mi contribución ha sido mínima? ¿Con qué distractores puedo olvidar el potencial desperdiciado? ¿Con qué me quito el mal sabor de boca que me produce que al final de esta entrada las respuestas ni siquiera se asomen, como las malditas películas de cine francés que te dejan peor que como empezaste?

7 comentarios:

CRISTINA dijo...

No sé, Rafael...no lo sé...no lo sé...

Paco Bernal dijo...

Yo sólo puedo decirte la conclusión a la que yo he llegado: a) los cambios no son espectaculares; es más: hay cosas que no cambian, porque están en la naturaleza humana. El hombre es malo y cruel con sus semejantes y, generalmente, los mediocres se imponen, porque es fácil seguir sus procesos mentales. Dan consignas fáciles.
Pero
b) El ejemplo individual es importantísimo. E influir en diez personas, en quince, en veinte, es iniciar una cadena. Porque esas veinte personas a su vez pueden influir en otras más, de su círculo (los famosos seis grados de separación). La actitud con la que uno aborda los problemas de la vida, la ironía, el sentido del humor, la ternura. Son todas emociones contagiosas, que se extienden con la fuerza de lo mejor que hay en nosotros: la inteligencia. La capacidad de resolver problemas. El optimismo.
Todos nuestros actos tienen un significado. Pueden, de hecho, tener un contenido.
Nadie puede cambiar el mundo, pero todos podemos cambiar nuestro mundo. Hacer la vida de los que nos rodean más fácil y más llevadera. Aunque sólo sea haciéndoles sonreir, o pensar.
Y tú haces eso, Rafa. Cada vez que escribes.
Y, como decimos en España: eso mola. Vosotros decís que está padre, ¿No? Pues eso.
Un abrazo desde Austria,
P.

Alejandro Barceló dijo...

Los cambios estan ocurriendo cada momento, pero se suceden a veces -y con demasiada frecuencia, en ocasiones- ciertos patrones en diferentes dominios de la realidad que abstraemos; no quiero caer en lugares comunes y mucho menos en sitios ideológicos de corte new age, pero considero que de los cambios propios de la constante lucha por la lucidez, de la consciencia de uno mismo, de la congruencia de ciertos ideales humanistas, de cada empeño hacia dentro de uno mismo y hacia afuera, se desencadenan de maneras simples y complejas, avalanchas que impactan transformando cada dominio, cada idea, cada aliento y cada meta. Tus ideas y acciones tienen un impacto relevante en lo que consideras que es un esfuerzo infructuoso. El lado oscuro es mayor pero siempre podemos encender una vela y el mas simple acto puede tener consecuencias positivas no previstas

Paty Pino dijo...

Sabes? lo bueno o malo (segun la perspectiva) es que la mayoría pensamos de la misma manera, nos vemos en algun momento del día en el espejo y decimos "que onda?"... vivimos en una sociedad monótona, cabeza-agachada, con máscaras de diplomacia y corazón de guerrileros., la misma apatía y la opresión ha dejado sin armas a nuestro sentido de libertad... nos forjamos metas para poder dejar huella en este mundo, ser de impacto positivo, capacidad de cambio... me gusta creer que sí, que efectivamente estamos haciendo un cambio, no se vé, pero existe, tu post me pareció acertado, me pareció de corazón, me pareció humano con un dejo de apatía e inconformidad.

Las respuestas no las vemos, simplemente seguimos viviendo, seguimos asistiendo a las oficinas de trabajo, seguimos pasando por las mismas calles, seguimos viendo a los niños sin hogar y seguimos pensando en un "porqué".

Sólo comento que estoy contigo, asi como muchos, aunque seamos una comunidad de libres pensantes y escritores de ocasión... hacemos un cambio, y es ese, el de seguir preguntándonos el porqué, de seguir estando fuera de la caja, de no conformarnos...

Como dice la Pacheco "aqui nos tocó vivir"... jajaja! pero a diferencia de una resignación un tanto dramática.. yo digo: "yo si soy la diferencia", minoría, pero diferencia.

Un saludote desde Acapulco.. una vez mas, qué gusto leerte. Chao!

Aydee dijo...

Tal vez sientas que eres el único, pero no lo eres. No estas solo. Hay muchas personas que sienten lo mismo que tu. Animo, la batalla no esta perdida, aunque a veces nos sentimos como los cangrejos. Poco a poco el cambio llega.

Además, recuerda la película "Pay it forward," eso es exactamente lo que pasa con tu blog.

Saludos desde Montana.

Dalia dijo...

Pero chicooooooooo, ¡Qué día más malo tienes! ¿Qué te ha pasado?
Estoy con Paquico Bernal, Tú no te vendes, eres muy clarito y para empezar no creo que te lean sólo 10 y por tanto tu opinión no influya y aunque así fuera, tú forma de ser, de hablar, tus actos dan noticias de tí y el que te aprecia o incluso el que te conoce sólo superficialmente lo ve y habrá que de ver tu ejemplo aprenda, se averguence o que vea que no todos somos iguales aplaudiendo lo exacrable. No te subertimes. No cambiaras el mundo pero no harás que sea peor.
Has sido profe, acuérdate
un abrazo

Yayo Salva dijo...

No nos quieras engañar, Rafa: tú sabes qué puedes hacer para cambiar las cosas y, además, lo haces. Bien está dar repasos a las diferentes posturas y actitudes ante el problema. Pero, como ser de tu tiempo, como joven consciente, tomas una posición activa mucho más allá de la repercusión de estas páginas (nada desdeñable, por cierto). Y no te dejarás atrapar por el aburguesamiento adocenante. Y algún día formarás a tus "churumbeles" como personas de bien. Y así la mancha se irá extendiendo hasta que las grandes políticas se den por aludidas por cuestionadas y cambien. Pero no me fiaré nunca de ningún político, aunque sea de izquierdas y con rivetes radicales.
Un fuerte abrazo.