lunes, abril 07, 2008

Ah, pero no todas son penurias...

Creo que últimamente este blog se ha convertido en mi muro de los lamentos. Y eso no es justo. Ni que toda la vida fuera una desgracia constante e interminable. Así que hoy no pienso quejarme de nada (y eso que hoy fui a un banco, lo cual es garantía de retorcimiento de tripas para el autor de este humilde blog de la esquina). Mejor les platico que lo del desastre del taller mecánico parece que terminará bien, porque para compensar todo el tiempo que me hicieron perder y la indignación que me hicieron ganar, me regalaron la compostura de una tremenda raspadura marca diablo que le di yo mismo y sin intermediación alguna en el estacionamiento de mi depa, a la "defensa" delantera del auto en cuestión (entrecomillo 'defensa' para enfatizar que no sabe defenderse a sí misma, de lo contrario, no se hubiera raspado tan feo). Pues hoy fui a dejar mi batimóvil a la agencia y se supone que ya para mañana esté lo suficientemente flamante como para volverlo a raspar a la primera oportunidad (que parece ser mi destino manifiesto).

Pero además el fin de semana estuvo muy de lujo, porque incluyó ver a dos amigos que son muy cercanos pero que están muy lejanos (y aquí los verbos ser/estar tienen que servir para algo). El viernes llegó desde el lejano oriente, la inigualable Petra (que no se llama así, más que para mí que la quiero tanto). Así fue, llegó desde Taiwan, cuyo estatus de Estado ante la comunidad internacional es muy controvertido (el de Taiwan, no el de la Petra), por la insistencia de China de reclamarse soberana sobre dicho territorio (pero, bueno, ésa es otra historia...). Yo no sé ustedes qué opinen, pero el globo terráqueo señala que está hasta la quinta madr%&#%&. Pero la distancia nunca ha sido obstáculo para tan distinguida Duranguense (porque es de Durango, no porque sea bailarina del infamous ritmo denominado Pasito Duranguense). Además, llegó acompañada de su novio con nombre de fantasma amigable, Casper, oriundo de Alemania, el mushasho...

Así que nos fuimos a pasear a las impresionantes pirámides de Teotihuacán, con el fin de inundarnos de las energías de nuestros antepasados los teotihuacanos y, de paso, agarrar algo de sol, porque entre mi palidez y la güerez del alemán, bastante falta que nos hacía agarrar color. Ya publicaré algunas fotos, porque quedaron requetemonas. Eso sí, con el subir y bajar de las pirámides del Sol y de la Luna quedamos exhaustos (deben haber tenido unos glúteos de piedra los carajos teotihuacanos - pensaba yo - como para andar para arriba y para abajo de esas inmensas moles de piedra, lo cual es muy inconveniente para un insulso turista sedentario, como lo somos la mayoría de los que visitamos las pirámides en el siglo XXI). Después, fuimos a comer a un restaurante muy particular que está en una gruta, al lado de la Pirámide del Sol y que se llama La Gruta, porque, de hecho, está dentro de una gruta. Así que es una monada entrar a una cueva, toda adornada con velas encendidas y con manteles de brillantes colores mexicanos, en los que te sirven comida típica del país, mientras te descansan las piernas que punzan insistentemente como por dos horas después de haber subido y bajado las pirámides.

Nos dejó tan maltrechos el viaje que por la noche, aunque habíamos planeado disfrutar un poco de la vida nocturna de la ciudad de México, nos tiramos un rato a la cama para dormir una siestita reparadora. El problema fue que cuando desperté de la "siestita reparadora" el reloj marcaba las 5:40 de la mañana, horario que ya se podrán imaginar ustedes no era muy apto para iniciar el ejercicio de irse de farra. Las opciones más adecuadas eran o salir a correr, o bien, peinarse para ir a oír misa de seis. Disyuntiva ante la cual yo decidí seguir durmiendo hasta que el sol se encargó de sacarme de la cama, varias horas después.

Al día siguiente, tuvimos la muy agradable visita del Manacho, su esposa Martha y su bebé de dos meses, que vamos a llamar el Manachito. Así que nos fuimos, junto con mis compadres y sus niñas, a un restaurante del sur de la ciudad que es, digámoslo así, muy tradicional, muy folclórico, con música y danzas de diferentes estados de la República y con comida tradicional del centro de México. El ambiente festivo siempre se agradece para combinar con la alegría de reecontrarte con tus viejos amigos, esos compañeros de vida que vuelves a ver y es como si nunca los hubieras dejado de ver, porque los niveles de confianza son idénticos a los que se tenían en los días en los que lo cotidiano era disfrutar de su presencia, de sus charlas y de su manera de ser.

Por la noche, intenté continuar viendo Lost, pero estaba tan relajado que los párpados empezaron a ceder y no hubo trama que los pudiera mantener abiertos y a mí despierto. Era la hora de dormir y había que estar bien descansado para empezar la semana, sobre todo porque con el cambio de horario, otra vez suena el despertador cuando todavía está oscuro y las sábanas como que te atrapan con las encantadoras delicias que ofrece Morfeo (el de la mitología, no vayan a llevar su pensamiento a otras pícaras interpretaciones).

4 comentarios:

*V* dijo...

Definitivamente te acabas de vender estupendamente como guia turistico de México! (obviando tus momentos narcolépsicos ;D)
Besos

Anónimo dijo...

Rafaeeeeeeeeeeeeeel, estoy empezando a sentirmeeeeeeee... ahora que recibes a estos dos hablas de tus "amigos cercanos" y yo queeeeeeeee?? ya no te voy a leer veras! y te apuesto que nuestro otro amigui también estaría sentido, ahí vamos a verte hasta allá desde tan lejos y ni nos tomas en cuenta, jajajajjajaja!
Ni te escribo quién soy que ya sabes, jajaja...

Mónica Hdez. dijo...

Hace tiempo tuve la oportunidad de visitar las pirámides… ilusamente intentábamos cargarnos de energía con la entrada de la primavera… pero ante tanta gente! No llegamos ni al primer escalón ja ja así que ya tengo pretexto para regresar! Coincido contigo, los reencuentros con amigos son de lo mejor… he tenido la fortuna de comprobar que ni el tiempo ni la distancia son obstáculos… Saludos!!

Paco Bernal dijo...

Hola! Me ha gustado mucho leer sobre este viaje fascinante y, por supuesto, creo interpretar la voz del público cuando digo !Queremos fotos!:-)
También me ha gustado lo de la siestecilla, y me gustaría preguntar algo: ¿A qué hora empezó para que terminase a las 5:40?
Un abrazo,
P.