viernes, enero 07, 2005

Reporte de año nuevo... Meilleurs voeux!

Un saludo a todos:

Pues como lo prometido es deuda, ahora les escribiré la segunda parte del reporte de mis vacaciones navideñas, con la debida descripciôn de la cena de año nuevo (en esa ocasiôn sî tuve cena digna, no como la hamburguesa con pepsi de la navidad...). De cualquier manera, yo sé que nadie reclamarîa el cumplimiento de esta segunda parte del reporte, pero igual quiero comunicârselos.

Pues una vez habiendo conocido al Andalus, que era la manera en la que los ârabes designaban España y de donde proviene la palabra Andalucîa que fue la regiôn en la que la dominaciôn ârabe durô mâs tiempo y realizô sus obras arquitectônicas mâs impresionantes (el Alcâzar de Sevilla, la Mezquita de Côrdoba y la Alhambra de Granada), era hora aûn contra mi voluntad de regresar a Francia. No porque Francia no tenga sus encantos, claro que los tiene y en abundancia, sino porque el ambiente de esa regiôn del flamenco y de gitanos te invita a vivirla, no sôlo a conocerla.

En Granada tomamos el autobûs que nos llevarîa hasta la ciudad de Montpellier, al sur de Francia, en una regiôn que se llama el Midi. El viaje durô de las once de la mañana hasta las siete de la mañana del dîa siguiente, o sea, 20 horas, que pude sobrellevar gracias a mi natural proclividad a dormir durante los viajes, herencia de los Barcelô que son famosos por su facilidad innata para caer en los brazos de Morfeo. En nuestro viaje de regreso pasamos por Madrid, donde estuvimos atorados en un embotellamiento de trâfico la no despreciable cantidad de 3/4 de hora, despuês por Zaragoza y finalmente por Barcelona, después de la cual me quedé dormido y no puedo dar cuenta de las ciudades que cruzamos. La idea era llegar temprano a Montpellier, conocer un poco la ciudad, que es muy bonita con su parte antigua y su parte moderna, para finalmente continuar con el viaje hasta Avignon durante la tarde. Asî descansâbamos un poco del viaje, para continuar nuestra ruta mâs tarde. La idea en teorîa era maravillosa, hasta que descubrimos que en Montpellier no habîa casilleros para dejar el equipaje y tuvimos que cargar nuestras mochilas durante todo nuestro trayecto turîstico para conocer la ciudad. Sobra aclarar que no es nada glamouroso andar conociendo una ciudad con una mochila nike y un morral êtnico repleto, con dos correas que se vuelven filosas con el peso y menos todavîa si traes 20 horas ininterrumpidas de viaje y hueles justamente a eso: a viaje.

Por la tarde, tomamos el tren rumbo a Avignon, o mejor dicho a un pueblo cercano que se llama L'isle-sur-la-Sorgue (vaya nombrecito, tardas mâs en decirlo que en cruzar el pueblo), en donde vive Rafa Vargas, que espero me disculpe por andar criticando el nombre de su "ciudad" adoptiva. Al dîa siguiente fuimos a conocer Aix-en-Provence, que es una tîpica ciudad francesa del sur, lo cual es bastante honroso. Al dîa siguiente fuimos a conocer Avignon, que es verdaderamente fabulosa, con su Palacio de los Papas, porque hubo algûn tiempo en que la sede de la Iglesia saliô de Roma y se estableciô ahî y se construyô una fortaleza-palacio verdaderamente hermosa. Es un perîodo de la historia éste, bastante complicado, porque tiempo despuês de que el papado se estableciô en Avignon, hubo un perîodo de divisiôn en la Iglesia y habîa a la vez dos papas: uno con sede en Avignon y otro con sede en Roma (lo que se llama el Gran Cisma de Occidente). Bueno, finalmente las cosas se arreglaron y afortunadamente Juan Pablo II no tiene que lidiar ya con ese tipo de problemas.

Ese mismo dîa 31 por la noche, nos fuimos a casa de una profesora de español, amiga de dos asistentes mexicanos que habitan en esa regiôn de Francia, con la cual han hecho gran amistad. Se llama Nicole y se portô de maravilla con nosotros. Pues ella nos habîa invitado a cenar, junto con sus papâs y nos preparô cosas tîpicas de una navidad francesa, con lo cual pudimos reivindicar la ahora despreciada, pero en su tiempo deseada hamburguesa de carne de cordero y pepsi. Verdaramente no comî mâs porque el principio de impenetrabilidad impide que entre mâs materia en un espacio lleno (mi estômago). Es tradicional de esta cena lo que se llama 13 desserts, o 13 postres. No sé porqué serân trece pero me di a la tarea de probarlos todos, despuês de haber ya hartado (es el verbo que define exactamente la manera en que comî) muchos bocadillos de foie gras y de salmôn con queso, filete de pato, puré de castañas y espinacas al gratîn y claro vino tinto y vino blanco. Bueno, he quedado pero como pelôn de hospicio! Con decirles que ya ni pude probar el plato de quesos tradicional que te ofrecen los franceses al terminar la comida o la cena. Pero muy contento de haber pasado en mejores condiciones la cena de año nuevo. Justo en el momento en el que daban las 12 me hablô mi amiga Paola, desde Hermosillo y me dio muchîsima alegrîa. Era como sentirse en casa.

Como a las tres de la mañana cuando ya estaba dormido, me hablaron mi papâ y hermanas, agradecî la llamada como siempre, pero no supe ni qué contesté porque entre que mi voz es incontrolablemente alta y que habîa gente durmiendo en la casa, tratando de no despertar a todos hacîa una voz como de ultratumba y sôlo recuerdo que me preguntaban: ¿pues dônde estâs durmiendo? Y el problema fue que tuve que ir explicando lo mismo a cada uno de mis interlocutores (5 en total).

El dîa primero del año fuimos a pasear por algunos pueblos de la regiôn de la Provenza, en donde se encuentra Avignon y que es una de las regiones mâs bonitas de Francia. Conocimos una ciudad medieval en ruinas que estâ en lo alto de la montaña, que se llama Les Baux, que es verdaderamente un encanto, pero por andar de metiche metiêndome en unas ruinas, me di un cabezazo con una puerta de un tamaño mucho menor que el mîo, que provocô un golpe tan sonoro que cuanto turista se encontraba a los alrededores pudo darse cuenta. Claro que fingî que no me habîa dolido y puse cara digna, pero el nivel de mi autoestima cayô considerablemente mientras me mordîa los labios para aguantarme el dolor sin sobarme la cabeza (que es el gesto mâs humillante cuando te das un golpe). Todavîa me acuerdo de ese sonido de campana hueca que queda resonando por minutos y minutos, mientras me lamentaba de no haberme agachado lo suficiente, porque en realidad iba agachado, pero insisto, no lo suficiente.

Al dîa siguiente por la mañana tomé mi tren en direcciôn a la segunda capital del mundo: Saint-Flour (la primera es Huâsabas) y heme aquî en mi primera semana de clases, bastante contento, pero con dolor de estômago. Deben de ser las secuelas de los trece postres (espero ya haber purgado al menos la mitad, porque no es nada lindo). Les mando un abrazo cordial a todos y los mejores deseos para este año (la frase estâ muy choteada, pero después de haber escrito tanto no se ocurriô nada mejor para despedirme)...

4 comentarios:

Dalia dijo...

Hola Rafael:
Gracias por echar una ojeada a mi blog. Viniendo de una persona que escribe como tú me siento muy honrada. Por cierto, hay que ver lo prolífico que eres escribiendo.
Veo que has pasado por mi ciudad (Zaragoza)aunque sospecho que como no hiciste comentario alguno debiste pasar de largo. Normal, no es muy turística.
Y es verdad, me parece que a Manolo, mi abeto, no le queda mucha vida.
Seguiré a la espera de más aventuras tuyas en Francia.
Saluditos.

Patrick dijo...

Hola Rafa:

Estás siendo muy injusto con Hermosillo. Si "a un buen lugar lo hacen más las vivencias que los atractivos turísticos", entonces Hermosillo tiene que ser la segunda capital del mundo. Puedo entender que Huásabas sea la primera, por las exuberantes curvas que uno debe acariciar para llegar a ella, por la ferviente calma que te invita a abandonar el ocio constante, por sus aguajes siempre dispuestos a saciar el ansia que no respeta horarios y por sus ríos plagados de bellezas desnudas que sólo desean ser descubiertas de improvisto (estoy exagerando un poco, en muchos casos el plural debe estar de más). Hermosillo no se queda muy atrás, ¿qué vivencia puede equipararse a masticar un dogo en la plaza al lado de tu casa, o a tomar un raspado con el sol partiéndote el cerebro y el asfalto derritiendo tus pies? ¿Qué ciudad se te brinda de tal manera que eres capaz de abarcarla, casi por completo, con sólo subir a un cerro que aunque no suena le dicen “campana”? Además, que ciudad puede jactarse de ser la capital de la salsa que tanto debes estar extrañando Creo que ninguna otra. Espero que hagas una sincera revisión de tus dichos, una revisión que por lo menos dé lugar a una rectificación o, mejor, a una fe de erratas.

RBD dijo...

Nunca fue mi intenciôn afrentar a Hermosillo, mi segundo hogar, ni mucho menos. La expresiôn segunda capital del mundo, en realidad, es una ironîa para referirme a lugares tan pequeños como mi ojalá natal Huásabas, que para el mundo importa tan poco pero que para mî se ofrece como un paraîso, nunca mejor definido que en tu comentario, jajaja. Asî, que aclarado el punto llévese Hermosillo el honroso tîtulo de la capital mundial de los dogos deliciosos y la salsa botanera. Respecto a ésta ûltima, has de saber que cuando volvî a México en diciembre, tomé la precauciôn de traerme dos botellas para acompañar mis ratos de nostalgia gastronômica y asî no la extraño, sino que la disfruto diariamente. Un saludo afectuoso,

Rafael Barcelô Durazo.

Anónimo dijo...

Por el amor de diooooos ¿quién es ese Patrick Bateman, que escribe tan padreeee??? tu perdonarás Rafa que aproveche este medio para averiguar de otra persona... Con tu permiso :)