martes, junio 26, 2007

Mi códice

Hace dos años y medio que escribo en este blog. Ha sido lo más cercano que he tenido de un diario de mi vida, aunque sólo abarque el 10% de la misma. En él he plasmado algunos aspectos relevantes de las etapas que he ido viviendo durante su existencia. Ha atestiguado mi vida en cuatro diferentes ciudades en tres países en dos continentes, en las que he vivido en siete diferentes casas. Aunque algunas de esas etapas están bastante cercanas en el tiempo, las veo como parte de mi historia, como si hubieran pasado hace mucho, cuando yo era otro yo. Ahora constan solamente en las vivencias que describí en alguna entrada, en ciertas fotografías o memorias y en amistades que fueron el resultado de las mismas. Y la vida cotidiana absorbe mis atenciones y no me deja ver que lo que soy es el resultado de lo que he sido, que el presente no es más que la acumulación del pasado. Cambian las realidades inmediatas y parece que cambiara todo, porque es difícil darse el tiempo de traer continuamente a colación lo que hacías cuando los escenarios eran radicalemente diferentes y tus compañeros de escena eran otros. Cuáles eran los olores, las imágenes, los dolores molestos, las ilusiones y las satisfacciones de otros tiempos. Y es difícil, sobre todo, porque la nostalgia duele... arde muy adentro del alma y también del cuerpo. Es difícil hacerte consciente cada vez, que los que estuvieron contigo ya no están presentes sino en eventuales correos electrónicos, llamadas o mensajes. Que ahora comes otras cosas en mesas distintas. Que tus actuales interlocutores sostienen contigo otro tipo de conversaciones. Que tus hábitos han cambiado.

Y aunque las memorias no deben ser lastres que te amarren a lo que fue y ya no es, porque la vida es dinamismo constante, tampoco deben tirarse a la basura y mirar siempre adelante negándote a voltear hacia atrás. Y este blog esto ha hecho para mí... de vez en cuando me pongo a leer entradas muy antiguas y hago el esfuerzo mental de reconocerme detrás de esas palabras que, en ocasiones, podría pensar fueron escritas por alguien más. Mi blog se ha vuelto mi códice y ha hecho algo más para mí con su indiscreta función: ha reproducido mis memorias más allá de mis posibilidades orales, ha comunicado mis cosas a gente que nunca conocí y que tal vez no conoceré (personalmente). Y se ha vuelto la materialización (digitalización, para ser exacto) de una buena parte de mi vida, que de tan fugaz pareciera que está en constante desvanecimiento, desapareciendo conforme se vive.

4 comentarios:

CRISTINA dijo...

La memoria es caprichosa, traiciona, olvida...
La palabra escrita en cambio, no falla, no miente, no permite trampas al recuerdo, es poderosa, por eso nos sirve tanto leer cosas que escribimos hace tiempo.
Si además alguién lee, todo se enriquece.
Un beso Rafael. Y sigue escribiendo, por favor, que quiero seguir leyéndote.

Alejandro Barceló dijo...

Nice words my friend. Esa dimensión histórica acompañada por ese sentido de nostalgia que en ocasiones te paralisa y en otras te impulsa, es de lo más valioso pues en esos procesos de vivencia hacia ambos lados de la flecha del tiempo, uno se transforma o reinventa y quizá allí, en esos fugaces puntos de reflexión en que desde el limbo de la existencia cotidiana nos arrojamos a nuestras historias y proyectos, es que reside en parte el sentido humano de la existencia.

Yayo Salva dijo...

A eso se llama el peso de tu propia historia, la de una vida vivida con intensidad siempre, lo cual hace que en cada rincón dejes algo tuyo y cojas algo de los demás cercanos a ti. Es una bendición vivir así, aunque a veces la nostalgia o los recuerdos parecen doler en el costado cordial.
Un abrazo, Rafa.

Anónimo dijo...

Esto es una prueba para ver cómo funcionan los comentarios anónimos...

RBD