jueves, septiembre 03, 2009

Cuando las cosas no suceden

A veces, siento que el país está descompuesto (los días que estoy más desilusionado). No quiero decir que esté enfermo, arterioescleroso, desahuciado, porque los términos médicos como que no captan la situación. Más bien es un asunto estructural, mecánico. Descompuesto como un aparato que cada vez que la vas a usar está kaput. Sin detener su funcionamiento, claro, pero tronándole la mayoría de los engranajes, con tornillos barridos, tuercas sueltas, tirando aceite incesantemente en una fuga perpetua que chorrea por tantos orificios que no puede ser contenida ni proponiéndoselo.

Y eso que no me gusta ser tan fatalista como todos esos mexicanos que con tanto aplomo declaran que nos encontramos ante un estado fallido (y sonríen con aire de suficiencia, como si no se dieran cuenta de que ellos también serían víctimas de un desenlace así de fatal y, sobre todo, parte del problema). Simplemente no se me da ser tan pesimista cuando, en realidad, suelo pecar del pecado antónimo, de un optimismo ingenuo, un tanto superficial y poco empático con los que sí tienen razones para mandar toda nuestra realidad social por la coladera (revolución mediante).

En este exacerbado optimismo que me aqueja, pienso que para estar el mundo como está, la situación de México no es para llorar tan amargamente. No somos Afganistán, o Irán, o Somalia. Sin embargo, para donde voltees hay cosas que arreglar. La economía en crisis en todo el mundo, pero contrayéndose en México más del 8%, o sea, bastante más que en EE.UU. -donde se originó todo este caos financiero. El Gobierno enfrascado en una guerra contra el narcotráfico que no sólo no ha dado resultados contundentes, sino que ha aumentado la intensidad de la violencia relacionada con el crimen organizado. Pero, además, será un sexenio perdido en todos los demás aspectos, porque la seguridad ha monopolizado la agenda gubernamental de tal modo que el crecimiento, el empleo, la pobreza infame y pornográfica, mejorar la educación y los servicios de salud, son temas todos secundarios si se les compara con la banda de los Zetas, o los Arellano Félix. Por mí que se casen todos con Camelia la Texana, si se pudieran resolver los problemas estructurales del país.

Y, luego, la burocracia... qué va, el símbolo más fiel de la descomposición. Trámites lentos, ineficientes, secretarias con cara de pescado enlatado, con los ojos desorbitados por ver a un ciudadano que les trae más carga de trabajo, pero la mirada vacía porque sus puestos no los entienden como un lugar en el que se deben resolver problemas. Si está el aparato descompuesto, la culpa no puede ser de la pescada enlatada, ni de su falta de criterio y de ganas, la culpa debe de estar allá afuera, en algún otro recóndito rincón al que no puede acceder (todos sabemos que es "no quiere", excepto ella, o él, o eso). Y, a veces, están los que sí quieren, pero que están sometidos a un procedimiento que nadie sabe bien a bien cuál era su razón de ser y que todo lo detiene, paralizando a la razón misma.

Las reglas de civismo y respeto al próximo, por los suelos. Nadie le da el paso a nadie y si lo tomas, aunque te toque, te echan el carro con todo y ensordecedor ruido del claxon, porque, claro, el único derecho que todos reconocemos es el propio. Los vendedores ambulantes se apoderan del espacio que debería ser público - ajeno a cualquier apropiación - y si se puede se toman también la electricidad prestada que "pasaba por ahí", con cargo a todos los que sí pagan su recibo. Las grandes empresas comprometidos a nivel cero con el sostenimiento del erario público, aunque tomen sus ganancias como resultado de que ese estado medio funcione. La televisión, un aparato embrutecedor que es la única que cumple con su objetivo: estupidizar. Las asociaciones sindicales, unas verdaderas entorpecedoras del desarrollo de los sectores que controlan, han destruido el sentido de la protección de los trabajadores y son un estandarte de los privilegios no merecidos, con líderes gordos ostentando relojes que valen más que toda su hipertrófica existencia, o cientos de cirugías que no logran esconder ni la fealdad externa, ni la monstruosidad interna.

Y si le sigo, a todos nos toca, por un lado o por el otro. Pero la maquinaria sigue andando. Rechina como si mañana pudiera venirse abajo, aunque tiene siglos rechinando así o más feo. Quisiera conservar la esperanza de que pronto estaremos mejor, pero pareciera no quedarme otro recurso que voltear al Medio Oriente o al África Subsahariana para alimentar mi autocomplacencia. Hasta que de nueva cuenta me convenzo de que mi único recurso válido es voltear a ver mis manos y buscar en ellas soluciones, aunque sea para un solo tornillo barrido, aunque sea para una sola tuerca.

5 comentarios:

Paco Bernal dijo...

Rafa! Debe de ser por el cambio de estación que a los dos nos duele mucho nuestro país. Yo a veces me pregunto cómo es posible que España sigue funcionando con las cosas que veo en las noticias (te recomiendo que te pases por cualquier periódico español para que que compruebes la chapuza constante en que se ha sumido la gobernación de mi país: la tele no te la recomiendo porque no estoy seguro de que te repusieras del trauma).
En cualquier caso, hay que animarse. Por poco que uno solo haga, es mucho mejor que dejar de hacerlo.
Un abrazo fuerte,
P.
PS: Por cierto: el otro día encontré en youtube un video de una cantante mexicana que hacía DÉCADAS que no oía: Yuri ¿Sigue en activo? ¿Sigue viva?(!) Lo que guardan los pliegues del encéfalo sin que uno lo sepa.

Anónimo dijo...

Hermano.. muy ad hoc tu post con el tema principal de ésta semana: el tercer informe de gobierno. Tal vez por eso te sentiste así... de escuchar "lo que se ha logrado" mientras tus ojos ven la realidad de lo que "no se ha podido"... a veces me siento así pero prefiero cambiar esa reflexión por pensamientos propositivos, es decir, en lo que yo puedo hacer. De tuerca en tuerca ésto se va a arreglar !!! (alguuuuuuuuuuun día, no te prometo que vivirás para ese entonces pero yo creo que sí se puede)

Un beso desde la ciudad del sol

Te extrañooo
Ilove u! :*
Miriam

Marcos dijo...

¡Muy buen artículo querido amigo! Mis palabas sobran en esta ocasión. Pero en eso estamos Rafiux, y vaya que la función no se acaba sino hasta que se acaba.

Un abrazo grande, al estilo pues,
M.

Anónimo dijo...

Hola, me llamo la atención tu blog, lo encontré al estar buscando información de huasabas, leí varias entradas, artículos, no se cual es el nombre y me encanto tu manera de decir lo que sientes, quizás este como el cangrejo, por que una vez que leí tu ultima entrada, seguí con las anteriores.
Aby

sickboy dijo...

Definitivamente en medicina hay términos para cuando se auguran el deterioro progresivo pero se guarda cuidado en no inferir de más "pronóstico malo para la función y reservado para la vida". No he conocido a nadie que sepa el momento exacto en que alguien va a morir.

El optimismo inconsistente y desapegado a la realidad me parece buena doctrina de vida. Esto en oposición a analizar y orquestar la resolución sistemática de todos los problemas del planeta. Y mucho más productivo y benévolo para el espíritu que admitir y profesar la incapacidad de dar solución a estos problemas.

Ciertamente en el DF, uno siente mas rico el ser sonorense, saludos.