martes, marzo 25, 2008

De política y cosas peores

El nombre de esta entrada está íntegramente copiado de un columnista político que alterna las gracias de la política, con chistes basados principal y agobiantemente en la picardía sexual. Pero era muy oportuno para discutir un tema de política que es necesario ser discutido profundamente: el sistema de partidos.

Yo sé que muchas personas cuando escuchan hablar de "la política" les empieza una especie de alergia en la piel con ronchas y todo, acompañada de un aburrimiento casi inmediato e irremediable. En vez de discutir de temas políticos, solemos utilizar lugares comunes como "la política es un cochinero", "los políticos son todos unos corruptos, interesados sólo en sus grupos" o "a mí no me interesa la política". El problema con estos lugares comunes es que son sólo una escapatoria falsa que nos impide discutir y actuar en temas que sí son de interés común y que sí nos afectan a todos (inclusive en la vida cotidiana). Es indudable que es más cómodo el ejercicio de repetir frases que parecen comprobadas por la sabiduría popular, a realizar por nosotros mismos un análisis más concienzudo de los temas que son públicos o los que son colectivos. Y la principal tentación es reducir los problemas a causas sencillas, como la ambición o la corruptibilidad del poder. Sin embargo, la mayoría de los temas públicos son en realidad complejos y no responden a una dinámica sencilla, sino que involucran muy diferentes variables. Pero esta complejidad de los problemas públicos no significa que sean imposibles de analizar para los no iniciados (los simples mortales, pues...). Y, sobre todo, no nos libera de esa responsabilidad.

Vuelvo al punto que pretendo discutir en esta entrada: el sistema de partidos. Los partidos políticos actualmente se han convertido en la mayoría de los países en los puntos críticos en los que se toman las decisiones de gobierno. Hace unas décadas parecía lo más natural que lo que había de hacerse para fortalecer a las democracias era tener partidos políticos fuertes. Si los partidos de oposición tenían la posibilidad de ganar la siguiente elección, los gobernantes tendrían que esforzarse todo lo necesario para que su partido conservara el poder, lo cual parecía implicar que generaría los incentivos necesarios para el buen gobierno.

Evidentemente, cada país tiene su realidad particular y cualquier análisis político admite muchos matices. Pero, un problema que se ha generado con la construccíón de sistemas de partidos muy fuertes, es que no se ha logrado democratizar al gobierno. Los partidos políticos, deberían ser las plataformas diversas en las que todos los ciudadanos pueden reflejar sus intereses y preferencias políticas, pero en vez de eso se han convertido en feudos en los que cada uno pelea por conservar o acrecentar sus cuotas de poder. Este fenómeno es bastante desafortunado.

En México, después de la dictadura de partido ("dictablanda" le llaman algunos historiadores al PRI), se vislumbró un horizonte mucho más democrático, justamente a través de los partidos de oposición. Sin embargo, el descontento hacia los partidos políticos (todos) va en aumento, sobre todo porque cada vez es más difícil conservar la confianza en cualquier partido que genera gobernantes que resultan no resolver los problemas principales del país, o de la ciudad, o del estado. Ahora no se puede negar que el sistema de partidos mexicano es muy fuerte, pero lo terrible es que no se puede decir lo mismo del sistema democrático. Los partidos han establecido estructuras cupulares, en las que todo se decide entre sus jerarcas y grupos dominantes, sin abrirse a los deseos e intereses ya no digamos de la ciudadanía en general (parece demasiado pedir), sino que ni siquiera hay una apertura sincera al electorado de cada partido. Los dogmas ideológicos son utilizados a discreción para defender posturas que carecen de racionalidad y, sobre todo, de una argumentación sólida y de cara a los ciudadanos (que son supuestamente el grupo soberano de la democracia).

Todo esto es más complicado de lo que parece, porque los arreglos institucionales de los países se han ido construyendo para favorecer que las decisiones sean tomadas con base en criterios de partido. Pero esto, insisto, ha devenido en un desinterés por lo público, en su sentido más amplio (y más noble). Nos hemos encerrado voluntariamente en una jaula que pretendía evitar la concentración de poder y las dictaduras, pero que no ha logrado impulsar a un grado deseable la participación directa tuya y mía en todo lo que nos interesa. Estamos, al final de cuentas, a expensas de lo que se decida en las cúpulas de los partidos políticos. Dichas decisiones se están dando sin proporcionar explicaciones satisfactorias y a través de procesos muy poco transparentes.

¿Qué nos queda bajo los arreglos institucionales vigentes en nuestros países? Básicamente esperar la siguiente elección y, sudando con la incertidumbre, escoger al partido o al candidato "menos peor". El que parezca menos terrible. Nuestra participación pública suele reducirse a eso: a cada tres años (dependiendo de dónde viva cada quien) acudir a las urnas sin estar normalmente convencidos de que a quien escojamos sea el líder que necesitamos. Y eso no está bien.

Las soluciones a estos problemas no son inequívocas, pero me parece básico al menos pensar de qué manera podemos contribuir individualmente a que nuestra opinión se haga valer. Una opción es a través de los propios partidos existentes, o bien, tal vez sea más eficiente involucrarnos a través de la participación directa en los asuntos de nuestras comunidades, al nivel que cada quien decida.

1 comentario:

Paco Bernal dijo...

Hola! En España, y en Austria creo que también es así, los partidos se han convertido en criaderos de aparatchiks y se abren a la sociedad lo justo para ganar o perder las elecciones. Lo peor es que, en España, por ejemplo, hay amplias capas de la población que son cómplices de este estado de cosas. Por dejadez, principalmente. Supongo que en tu post abogas por alguna especie de regeneracionismo. Creo también que es necesario.
Un abrazo