jueves, enero 10, 2013

De comienzos de año

Se puede decir de alguien con cierto orgullo que es una persona "adelantada a su tiempo"; sin embargo, más orgullo debería causar ser una persona que vive de acuerdo a su tiempo. Sobre todo cuando hay eras tan desapegadas de la normalidad, como la que nos toca. ¿Qué haríamos con un mundo lleno de inadaptados temporales, si el único tiempo que en realidad existe es el presente? El pasado ya se nos escurrió inevitablemente de las manos y el futuro, a ciencia cierta, nadie nos lo asegura. Por esta razón y otras aún más frívolas, yo he decidido ser un hombre muy de mi tiempo. A ver: tengo un smartphone (más smart que yo, incluso, para no desentonar), la mayor parte de lo que como es comida "fusión" (la posmodernidad hasta me la llevo a la boca), socializo más por medio de  "redes sociales" que por métodos socialmente ex convencionales. En fin, que por falta de coherencia temporal sería muy injusto criticarme (excepto por seguir leyendo libros en papel, pero también tengo mis límites).

Por esta razón, en esta ocasión quiero ser un hombre de mi tiempo y con tiempo me refiero a enero, ser un hombre de enero. La gente en esta época se dedica con fervor a un solo propósito: a proponérselos... los propósitos. Es una verdad universal que no requiere comprobación, o si usted siente que la necesita únicamente debe ir en enero a un gimnasio e intentar ganarle la máquina a una horda de gente que trae las fiestas decembrinas pegadas en los tejidos adiposos. Vuelva usted en marzo al mismo gimnasio y la horda habrá desaparecido, junto con sus propósitos, y lo único que quedará serán las fiestas en los tejidos adiposos. El eterno propósito de las dietas y me voy a inscribir al gimnasio es, tal vez, el más claro de los ejemplos. También el más efímero.

Como soy un hombre de enero yo también tengo que proponerme algunas cosas para hacer (u omitir) en 2013; sobre todo aprovechando que no se acabó el mundo, o tal vez sí pero como no nos hemos dado cuenta podemos hacer como que no. Voy a publicarlos no porque crea que a los demás les importe, sino para tratar de sentirme obligado por una autoimposición que nadie me ha pedido. Más o menos la misma idea que tienen los edictos, pero sin autoridad real o judicial. Haré pocos propósitos, eso sí, porque como buen hombre de mi tiempo rehuyo a los compromisos.

Va la lista, pues, y si así no lo hiciere que la blogósfera me lo demande:

1. Hacer trabajo comunitario, tratar de devolver una parte de lo mucho que he recibido.

2. Reciclar la basura o, para que se oiga bonito, limpiar mi huella.

3. Leer más. Libros de papel.

4. Hablar bien de la gente... aunque no se lo merezcan. Ya empecé mal.

5. Comer frutas.

Releyendo esta lista, noto que, además de ser hombre de mi tiempo, soy un tipo de propósitos modestos.

1 comentario:

Sergio De Leon dijo...

Rafa, yo siento que no hay propósitos modestos. Siendo propósitos significan acciones y/o metas que aún no llevas a cabo, por tanto al realizarlos y/o concretarlos, según sea el caso, te harán crecer y fortalecerte, ayudándote a tí mismo y hacia el mundo que te rodea, y porqué no, al mundo entero en sus debidas proporciones. Lo importante es avanzar y ser mejores cada día, no importa cuánto, esto no es una carrera... o alguien se atrevería a decir que ya llegó a la meta? Afirmar que mañana ya no puede ser alguien mejor que hoy? Imposible... al menos en nuestro nivel de simples humanos.
Por cierto, me encantó el propósito núm. 4 . Un abrazo!