jueves, enero 06, 2011

En memoria de la que me dio la vida

Hace diez años que te fuiste a recorrer un camino que no escogiste tú, pero que aceptaste con la misma entereza con la que recibiste todas las pruebas que te tocó vivir. Nunca le tuviste miedo a la muerte, porque estuvo siempre presente en tu vida llevándose antes que a ti a tus padres, a tu querido hermano y a uno de tus hijos nonatos. Todo el tiempo reconociste genuinamente que es el único destino cierto, porque la aprendiste desde muy temprano, porque la experimentaste desde tu propio dolor. Recuerdo que cuando era niño hasta me molestaba la manera tan natural que tenías de verla, porque tu muerte era mi miedo más grande y no podía compartir esa mirada, sólo pensar en esa posibilidad era doloroso y tu sorprendente vitalidad lo hacía parecer innecesario.

Pero más que recordar tu ausencia, hoy quiero acordarme de tu presencia, iluminada siempre por tu sonrisa, por la generosidad de tus actos, por el desprendimiento de las cosas materiales y tu apego a las personas. Del regazo literal y metafórico que siempre me ofreciste, en el que tanto pude apoyar mi propia existencia. De tu profunda espiritualidad que enriquecías cantando a mandíbula batiente en el coro de la Iglesia, cuyas notas aún resuenan en mi memoria y me acercan más al lugar en el que estás gozando de la presencia de Dios.

Si tuviera que escoger la enseñanza que más valoro, de las muchas que me diste, diría que es tu convicción de que hay que ver a cada persona como es, no juzgar a los demás por la manera en la que se ajustan a nuestras expectativas de cómo deben ser. Ver a cada quien por lo que es, no por lo que queremos que sea. Pero no fue solamente que nos repetías ese principio cada vez que era necesario, sino que te pude ver poniéndolo en práctica de manera cotidiana. Esa manera de relacionarte con los demás es un valor que iba más allá de la tolerancia (se tolera sólo lo que se juzga no aceptable) porque estaba basado en el auténtico respeto de las diferencias del otro. No por nada podías platicar tan a gusto con todo tipo de gente. Siempre admiré la manera en la que eras exactamente la misma persona con la señora que te ayudaba con el aseo o con alguna que otra restirada con que te tocó lidiar. Y a todos les caías igual de bien.

Tu ausencia es dolorosa y a ella nunca podré acostumbrarme, pero es tu presencia constante en las cercanías de mis sentimientos más profundos la que se impone como un sólido pilar de mi existencia. Hace diez años, el mismo día en que terminó el año jubilar de la Iglesia por el cambio de milenio, te fuiste por un camino que tú no escogiste. Pero te has podido quedar en los corazones de todos los que te queremos por haber caminado firmemente por los senderos que tú decidiste.

8 comentarios:

Trendy dijo...

Rafa, tu Santa Madre estaría orgulloso de lo que aprendiste! Un abrazote amigo!

Anónimo dijo...

Que hermoso y sincero..sin mas palabras.

Max dijo...

Sé lo que se siente. Un abrazo.

OJ Gonzalez-Cazares dijo...

que hermosas palabras mi Rafa... a los que no tuvimos la suerte de conocer a tu mama, tenemos la certeza de verla a traves de ti, por medio de ti y contigo. Gracias por compartirnos!!Te quiero mucho!

Ma. Eugenia Povencio Dzo. dijo...

Hola Rafael, que hermosa y autèntica expresiòn de sentmientos, me identifico mucho con lo que dices y mas en eso de pensar en la posible muerte de madre solo me dà pànico, pero tambièn aprendo lo de quedarme con los momentos vivido con ella, soy muy felìz de todavìa contar con mi madre viva, y de saber con certeza que la tuya esta intercediendo por nosotros. Un abrazo por el nuevo año.

HUMBERTO dijo...

Rafael, sin lugar a dudas el mejor triunfo de Azucena, fué la formación de sus hijos..........
Yo disfrute la compania de tus padres en unas vacaciones en Colorado invitado por tu tio Jorge,
El tiempo que Dios le dio vida Ella lo disfruto en todos los sentidos.........
Humberto Trujillo Durazo

Mariana dijo...

Qué más que felicitarte porque logras poner en palabras lo que muchos no sabemos decir. Perdí a mi madre también, pero hace apenas dos años. (Y aquí "a-penas" queda muy bien).También tengo presente su inigualable valentía, su amor por la vida y sus tremendas ganas de aprender. Y he aprendido a sentir su presencia con otros sentidos. Te dejo una frase hermosa de José Luis Martín Descalzo : "...Yo sé que aquello por lo que yo quería a mi madre no morirá jamás. Sé que la muerte no destruye nada. Rompió, sí, el hilo que nos unía a los dos. Pero nada destruyó de ella. No vive hoy menos en mí de lo que vivió mientras vivía."

Anónimo dijo...

DIOS TE BENDIGA SIEMPRE,COMO HASTA A HORA. TU VAS A SER UN HOMBRE GRANDE, NUNCA LO DUDES. chapo v