martes, febrero 09, 2010

¿Qué hay de nuevo, compadre?

Dicen que ha llovido mucho allá en el pueblo. Que han estado muy bonitas las equipatas. ¿Sabe qué son las equipatas? ¿No? Pero si son preciosas las equipatas. Caen así finitas, nada más en invierno, finitas pero tupidas. Todo el día llueve cuando son equipatas. Llueve poquito, muy finitas las gotas que caen. Son las mejores lluvias porque remojan la tierra hasta adentro sin hacer mucho destrozo. Tardan más los arroyos en crecer, pero qué importa si de igual modo con esas aguas se renuevan los aguajes. Pero sobre todo son mejores porque las lluvias de verano - ésas se llaman "las aguas" - son muy escandalosas. Primero se vienen unas tormentas muy terrosas por las tardes cuando ya va a caer la tarde y si bien nos va en una media hora se vienen los chubascos. Pero ya para entonces seguro cayó un rayo en algún árbol medio seco. En verano cuando caen las aguas siempre está todo medio seco y no necesita más que unos relámpagos para que se prenda todo en fuego y se arda más el campo y los pocos pastos que quedaban. Además, con esas aguas tan tempestuosas siempre se va la luz eléctrica, porque las plantas de distribución están muy lejos del pueblo y con esos ventarrones pues no hay cables que resistan y siempre se va la luz. Y luego en verano, ya con las comodidades de la vida moderna, pues no se puede estar sin el cooler ni los abanicos. Se arde uno con esos calores de julio si no están prendidos los aparatos. Ya ni me acuerdo, compadre, cómo le hacíamos antes de que hubiera esos aparatos. Es un sofoco adentro de las casas que no se aguanta uno. Claro, muy en antes cuando estaba tan caliente pues todas las familias sacaban sus catres a los patios y ahí siempre estaba muy fresco. Pero ahora no, ahora conviene más dormirse adentro, habiendo esos aparatos tan re buenos que enfrían todo en un ratito. Hasta tapado duerme uno en verano. Ah pero eso sí, que no se vaya la luz con esos ventarrones, porque entonces sí es un sofoco adentro de las casas. Y los chamacos ahora son muy pretenciosos y no quieren dormir afuera. Les gusta dormir en camas, enfrente del chiflón del cooler, con las sábanas oliendo a Downey.

¿No sabe qué es el Downey, compadre? Usted sí que no está nada californeado. Es eso que le ponen a la ropa para que huela muy bonito. Yo creo que a usted le tocaron los tiempos en los que las señoras lavaban la ropa en el Agua Caliente. No, tampoco va a saber usted lo que es el Agua Caliente, si ni sabía lo que eran las equipatas. Era un aguaje, un manantial pues, en donde brotaba el agua de suelo en unas tinajas preciosas y como se podrá usted figurar por el nombre, pues salía el agua muy caliente. En antes, iban las señoras a lavar la ropa ahí, porque como salía tan caliente el agua, pues se morían todos los microbios y quedaba la ropa más limpia que si la lavaran con agua del río. Y luego el agua del río a veces venía puerca, cuando llovía se enturbiaba toda. En cambio, en el Agua Caliente siempre venía clarita, prístina, inmaculada, aprovechando que es domingo y que puedo echarme palabras domingueras.

Pero todo eso que le digo es en verano. Ahora en invierno, le estaba yo diciendo, son una chulada las equipatas. ¿Sabe también qué me dijeron? Que en estos días estuvo tan frío y había llovido tanto que había una neblina que no daría usted crédito. Ya no digamos que no se alcanzaba a ver el cerro, que está ahí nomás afuera del pueblo. No, no se podían ni ver las calles. A unos veinte metros, calcule usted, ya no se podía ver. Yo no estuve ahí, me contaron, pero a mí me hubiera dado hasta miedo caminar. No me fuera a pasar como a aquella señora que iba caminando con su hija muy en antes, cuando no había alambrado público. ¿Dije alambrado público, no, compadre? ¡Ah qué calamidad! Quise decir alumbrado público, pero es que cuando me emociono me da por hablar muy apurado y ando cometiendo toda clase de atropellos. Pues le decía que aquella pobre señora iba caminando a oscuras y se podrá usted imaginar que cuando no había luna era una batalla ver lo que tenía uno adelante. Y eran los tiempos en que las vacas se podían meter al pueblo. Porque ahora ya no pueden, figúrese, desde que pavimentaron todas las calles, las vacas sólo en las milpas y no entran al pueblo si no es arriba de un carro, las muy vaquetonas. Y estaba tan oscuro, que la pobre señora no pudo ver que tenía en frente una vaca echada y ya para cuando se dio cuenta ya iba en el aire y no pudo más que gritarle a su hija "la tora, la tora, la tora, Mamuela, la tora, la tora, la vaca, Mamuela". Se confundió la pobre mujer con el susto que se dio. Pues igual me pasó a mí ¿Que por qué le dijo Mamuela a su hija? Ah, pues porqué va a ser, porque no pudo decir Manuela. No pudo decir ni vaca, menos iba a poder decir Manuela.

Bueno, compadre, pues está muy buena la plática, pero no son horas éstas de estar tan tranquilos; también hay que trabajar, ¿no cree? Yo lo veo muy tranquilo pero ya va siendo hora. No porque hayan caído tan buenas equipatas se quede tan tranquilo, si usted ni tiene ganado y lo mismo le viene valiendo que llueva bien en el pueblo.

2 comentarios:

Camila dijo...

Ay Rafa, quien te viera en la gran ciudá!!!!Así tan esdrújulo, hablando tan cantadito!!!!

OJ Gonzalez-Cazares dijo...

como siempre, excelente.Un buen recordatorio de que todos hemos pasado colores.. dije colores? quise decir Calores cuando se va la luz...prIstino (con acento en la I) y perfecto.