jueves, julio 03, 2008

Persépolis









El cine me ha tenido muy desilusionado últimamente. Hace rato espero con impaciencia la llegada de Batman, el caballero de la noche (Christopher Nolan, 2008) pero se resiste a llegar, pero fuera de eso la cartelera tiene tiempo que no me entusiasma. Con ese contexto de desgano, ayer fui al cine sin consultar nada, a ver qué pasaba. Excepto por las ganas de comer palomitas de maíz y tomar mucha soda, no llevaba grandes expectativas. Mis opciones se reducían a Hulk, al Agente 086 y una casi desconocida (que por lo tanto me daba buena espina) de nombre Persépolis (Marjana Satrapi, 2007). Además, era francesa, estaba a buena hora y tenía menos clientes potenciales (que es un criterio importante cuando vas al cine en miércoles de casi 2x1). Me entró la curiosidad y me decidí por ella. La primera noticia para el despistado que soy es que era una animación y no una película actuada (si acaso vale la distinción, porque la misma Satrapi ha declarado que es desafortunado que se considera la animación como un género, como lo sería la comedia, cuando es solamente un medio). La segunda noticia es que me encantó. Y me encantó en la manera paradójica en la que el sufrimiento y el arte se conjuntan y producen cosas bellas.

Persépolis es una película adaptada de la autobiografía de Marjane Satrapi (quien la co-dirigió junto a Vincent Paronnaud) que cuenta la manera en la que ella misma vivió las sucesivas desgracias de ser originaria de Irán, un país en el que las libertades individuales se fueron extinguiendo, en aras de las guerras y cambios de régimen político. Algo muy lindo de la película es que va narrando episodios muy severos de acuerdo al enfoque que le podía dar la escritora por la edad que tenía. Así, los recuentos del régimen del último Sah (comúnmente llamado Shah por el término en inglés) y del proceso que provocó su caída son vistos a través de los ojos de una niña pequeña que, aunque despierta intelectualmente, no era más que una infante con el mismo tipo de delirios que pude haber yo tenido en Huásabas en un contexto social y político menos extremo. Y después las experiencias desilusionantes de vivir su paso a la adolescencia en la República Islámica que vino después de la caída del último Sah y que terminó restringiendo aún más las libertades de las personas en aras de la imposición de un estado teocrático islámico, empapado de un sentimiento nacionalista y religioso-intolerante. Y, finalmente, abordar la transición a la vida de adulta en la fangosa estabilidad de un gobierno postrevolucionario que la disgustaba enormemente pero que no tenía una oposición importante como para que hiciera posible luchar por cambiarlo.

Satrapi tuvo la suerte de tener unos padres y una abuela que fueron muy tenaces en su deseo de proteger sus márgenes de libertad, aunque todo les jugara en contra. Por esta misma razón, en dos ocasiones la instaron a salir del país rumbo a Europa, primero a Viena y después a París, en donde experimentó la ambigua sensación de ser extranjera en un continente en el que por tu origen "te consideran todos una salvaje" con los conflictos de identidad que vienen como consecuencia entre sus orgullos y afectos de la patria de origen y las luchas por ser aceptada en una nueva sociedad como la europea (que no se caracteriza precisamente por su tolerancia a lo diferente).

Esta serie de desgracias que se acumulan a las experiencias dolorosas que tenemos todos como la sensación de soledad, los rompimientos sentimentales, las etapas de depresión, la incomprensión y las desdichas que implica crecer, son narradas gráficamente de una manera absolutamente hermosa y creativa. Esta manera de asumir una vida más complicada que la del promedio y presentársela a los demás de una manera honesta es bien resumida en otra declaración de Satrapi con la que cierro esta entrada: "Yo no soy una política. No sé cómo resolver los problemas del mundo. Pero como artista tengo un deber: hacer preguntas"

3 comentarios:

J. Campa dijo...

Gracias por el tip.
Me gusta bastante este tipo de temas en el cine.
Tengo el mismo problema... dificilmente encuentro algo que valga la pena de ver.
Que tengas un buen fin de semana. ( nuestro "puente" por este rumbo del mundo )

RBD dijo...

Hola Jesús:

De verdad te la recomiendo mucho, te va a gustar. Tú también disfruta mucho el puente del 4 de julio, que son una monada los puentes. Y en California con la cantidad de cosas que hay por hacer y conocer, no te vayas a quedar en tu casa viendo American Idol, jajaja (just kidding). Saludos,

RBD

CRISTINA dijo...

No he visto la película, pero lo que me han hablado de ella está en la línea que tú cuentas.
Intentaré verla, la buscaré en DVD.

Besos, Rafael.