lunes, noviembre 05, 2007

De puente


Este fin de semana tuvo la brillante idea de ser el doble de largo de los normales. Resulta que por el día de muertos y la proclividad de los mexicanos a los días feriados, tuve un maravilloso puente de cuatro días, el cual evidentemente tenía que disfrutar para salir de la capital y procurarme alguna ruta de escape. El destino seleccionado fue el estado de Michoacán, que está ubicado en donde la sirena recarga su cadera, si consideramos que el mapa de México es como una sirena en pose sexy con la cadera doblada, siendo el brazo de apoyo la península de la Baja California y la aleta de pescado (que tan útil les resulta a las sirenas para nadar), la mismísima península de Yucatán. La cabeza la tiene la pobre sirena undida en el mapa de Estados Unidos, lo cual le impide salir en la foto. En fin... una vez desahogado mi delirio geográfico-mítico procedo a relatar lo que fue este viaje de tan bien aprovechado puente.

Nuestra base de operaciones fue una ciudad de Michoacán que se llama Uruapan (como Europa, pero en purépecha, jeje). Hasta ahí llegamos el mismo jueves no sin antes pararnos en la carretera a un restaurante de tradición carretera. La primera recomendación para un restaurante es que la carta no esté en inglés u otro idioma extranjero. Eso más o menos garantizará que no esté dirigido a turistas, lo cual no es porque sea yo xenófobo, sino porque el incentivo del restaurantero a esforzarse al máximo se reducen cuando los comensales no son los locales, que podrían hacer exitoso el lugar si aprueban con su regreso el sazón de la comida. También permite que todo sea más genuino y que los precios sean más moderados. La segunda forma de un lugar de auto-recomendarse es que esté muy concurrido, por obvias razones. Pues este restaurante cumplía con ambas dos características y una tercera, aunque inverosímil, fue estar enseguida de una gasolinera. Omitiré detallar lo excelsamente exquisito que estaba lo que comimos, para no despertar a mis glándulas salivales que ahora mismo están batallando con un insignificante chicle de yerbabuena de la marca Clorets que me costó 10 pesos, por razones que prefiero no mencionar so pena de soltarme llorando por causas diversas, siendo una de ellas tener un corazón de pollo.

Una vez llegados a Uruapan nos dispusimos para irnos a pasear por algunos pueblos rivereños del lago de Pátzcuaro (uno de los más grandes y emblemáticos del país), en donde se celebra el día de muertos de manera muy tradicional, tradiciones que posteriormente intentaré describir. Cabe anotar que ya era de noche, cabe anotar que estábamos a muchísimos metros sobre el nivel del mar (muchísimos, pero no me acuerdo tanto, sólo de que eran muchísimos) y cabe anotar que cerca del agua con las dos condiciones anteriores hace un frío que te ..., que te ..., que te ... (no me decido a ser procaz para esta entrada, pero el caso es que hacía un frío que podrías llorar con él o por él, sobre todo si, como yo, tienes un corazón de pollo).

Antes de continuar debo decir a quienes no lo sepan que Michoacán (en especial Pátzcuaro) es muy conocido por su fiesta de muertos (fiesta en el sentido literal de la palabra, que fue de lo que me vine a enterar hasta que estuve ahí). De tal manera que estaba aquello abarrotado de individuos de todas condiciones y niveles de soportariedad (palabra que acabo de acuñar para referirme a los diversos grados en los que una persona puede ser soportable para otra). En vez de ir al pueblo de Pátzcuaro, nos dirigimos a uno cuyo nombre parece salido de la mismísima dinastía Ming, pero que es tan michoacano como Lázaro Cárdenas. Se llama el lindo pueblito Tzintzuntzan (si les da gracia, pues no los culpo porque, por vida de Dios, el nombre es raro). Ahí llegamos, después de caminar bajo el desamparo de la temperatura al cementerio que es, como ustedes de podrán imaginar, el lugar más propicio para celebrar a los muertos. La idea de la fiesta de muertos es que los "ídem" bajan a la tierra (o suben, agrego yo, porque uno nunca sabe a dónde fueron a parar) durante esa noche (del primero al dos de noviembre) para volver a degustar sus placeres gastronómicos favoritos. Así que, dada la colectiva visita de individuos del más allá, los familiares se congregan alrededor de la tumba de sus seres queridos (por así decirlo queridos, porque las relaciones familiares son más complejas que eso). Encienden retehartas velas y adornan las tumbas con unas decoraciones padrísimas a base de una flor muy bonita que es como un clavel pero más grande y de un color anaranjado potentísimo. El resultado es visualmente impresionante. El cementerio de Tzintzuntzan (si les sigue dando gracia, todo bien, yo apenas lo voy superando) se ve increíble, es bastante grande porque sé de buena fuente que mucha gente se ha muerto antes que nosotros. Pero la sensación es increíble, a la luz de los muchos miles de velas que iluminan las anaranjadas flores de ortografía complicada, algo así como Cempasúchitl, pareciera que todo está en llamas bajo la niebla que se forma por la cercanía del frío lago. Además la gente está quemando copal (que no sé qué sea pero hace las veces de incienso) y sobre las tumbas ponen la comida favorita de su fiel difunto. Así que los olores son impresionantes, casi indescifrables, huelen las canastas de las frutas, huelen la cera y la madera de las fogatas que se están quemando a los alrededores o adentro mismo del panteón, huele el copal a inmolación y también huele a alma de muertos felices de volver a ver al cónyuge, a los hijos, al compadre o de ver por primera vez a un turista sonorense que con cara de satisfecho asombro admira lo artístico de las ornamentaciones mortuorias (¡con el gusto que les ha de dar!).

Pero no es todo lo que había que ver en este pueblo que preferimos por sacarle la vuelta a la isla de Janitzio, que está en frente del Pueblo de Pátzcuaro y cuyo único acceso es por lancha. Las lanchas te acercan a ese lugar misterioso que, por ser insular y diferente, ha tenido mucho éxito en atrapar a una abundante colectividad de turistas nacionales y extranjeros que supongo se regocijan de salir de su mundo y entrar a otro diverso, al menos en la noche en que los muertos de la rivera del Pátzcuaro vuelven también a regocijarse, abandonando los avernos para ver de nuevo la vida que dejaron en manos de la muerte. Pero la lógica no cuadró mucho, porque Tzintzuntzan, por su parte, siendo un pequeño pueblo de dos mil habitantes atrae a decenas de miles de visitantes para esa noche que, aunque gélida, le da al alma un poco de lo que necesita, a través de la magia y la tradición. Entre las muchedumbres perdidas en el espacio y las almas alcoholizadas (sólo me refiero a los vivos) avanzamos para ver un monasterio impresionante, del siglo XVI, con un atrio gigante y aislado que fue sembrado con unos olivos regalo directo del Rey de España (de ese tiempo) y que se conservan como testigos centenarios de la Colonia, la Independencia, la Reforma, la Revolución y hasta el triunfo de Fox sobre la "dictadura" priísta. La oscuridad de las inmensas dimensiones del atrio, sólo perturbada por velas que revelaban los senderos para llegar a una tétrica (supongo) representación de Don Juan Tenorio de Zorrilla, tradicional para esta noche por lo bien que combina su tema (que trata, entre otras cosas, de muertos que visitan nuestro normalmente imperturbado mundo). Los troncos de los olivos son tan anchos y tan tumultuosos que estuve tentado a pensar que eran los olivos donde el mismísimo Jesucristo lloró sangre, pero la poca coherencia que me queda y una noción vaga de la distancia que media entre Michoacán y Jerusalén, me trajo de vuelta a la cuenta de que, aunque bonita, mi idea era absurda.

También hizo su aparición en el pueblo la afición mexicanísima de poner tianguis y venta de frituras en todo lugar en el que "dos o más se reúnan en mi nombre" y había artesanías, bailables típicos, productos made in China con pintura de plomo y todo, unos panes de colores radioactivos que Roberto y Azuvia se atrevieron a probar, sólo para confirmar lo que visualmente era obvio: que sabían muy desagradables. Subimos también a unas pirámides de base redondas (lo que geométricamente las convertiría en conos, pero como que se oye feo) y que al parecer sólo tenían la función de monumentos mortuorios, pero con una vista preciosa al lago (que me tuve que imaginar porque era de noche y porque había una cantidad de borrachos que no me dejaban inspirarme).

De ahí, nos fuimos a visitar otro cementerio en otro pueblo que está aún más cerca del agua (con esto leáse 'donde hace maaaás frío'). Fue genial porque en este pueblito que se llama Ihuatzio casi no había visitantes foráneos, sólo locales sentados alrededor de las tumbas de sus muertos y que pasarían la noche entera bajo las inclementes condiciones climáticas que ya les describí, como hacen cada año. La vibra era aún más intensa, las mujeres mayores estaban arrodilladas en el suelo cubiertas con sus rebozos, mientras rezaban y convivían con su familia al lado de ollas de comida preparadas para alimentar la fiesta de los vivos y que olían delicioso. El frío era tanto y se colaba hasta por los pies, que decidimos dar por satisfecha nuestra ansía de tradiciones de día de muertos y buscar el calor de un restaurante (que estuviera abierto en la madrugada) y nos protegiera del frío y, por si acaso, de algún muerto que en desacuerdo con la canción de Mecano, No es serio este cementerio, decidiera acompañarnos más lejos de lo que mi nerviosismo aconsejara.

Después de un día tan ajetreado, el día siguiente fue mucho más placentero, nos fuimos de paseo al pueblo de Pátzcuaro, el cual yo no me canso de repetir es uno de los lugares más bonitos de México. Detuvo el tiempo en sus casas y calles, en las gruesas maderas de sus vigas, en el ocre de sus casas y el ladrillo de sus tejas. Y sigue siendo un dignísimo representante del México profundo, rural, bienvivido, tranquilo y amable que las ciudades tienen en riesgo de extinción. También fuimos a un pueblo cercano, aún más tradicional, que se llama Santa Clara del Cobre y que, honrando su nombre, tiene como especialidad un amplísimo número de artesanías hechas de cobre. Pero lo que más disfruté es que, a diferencia de Pátzcuaro que es de vocación turística y que también estaba abarrotado, Santa Clara era un pueblo que vive a ritmo de pueblo. Los locales eran los únicos que llenaban la plaza, entregados a las actividades lúdicas que monopolizan los viernes por la tarde. Las muchachas sentadas en las bancas sonreían picaronas buscando con la mirada a algún apuesto paseante. Los perros movían la cola, buscando que las señoras que cocinaban la comida típica les arrojaran cualquier pedazo que mitigara su hambre, los señores platicaban en las esquinas con la parsimonia exclusiva de quien sabe que el tiempo no es, en realidad, un recurso escaso.

Al día siguiente conocimos un parque natural que se encuentra en el puro centro de Uruapan (que es ya una ciudad mediana) y que hay que verlo para creerlo, se llama Cupatitzio. La exhuberancia de la vegetación sólo es opacada por la casi divina claridad del agua que mana en ese mismo lugar para convertirse en un río que da de beber a la ciudad. Es un paseo agradabilísimo, con cascadas abundantes, fuentes a los lados alimentadas por la misma agua del manantial (que es tan caudaloso que te hace perder la noción de que esa barbaridad de agua esté naciendo en ese punto). En esa región de Michoacán la evangelización fue lidereada por un fraile visionario, Vasco de Quiroga, que no se detuvo para averiguar si los "naturales" (supongo que los colonizadores serían artificiales) tenían alma o no, y emprendió un ambicioso proyecto civilizatorio, basado en el modelo de ciudad propuesto por Santo Tomás Moro, en su clásico libro Utopía, que tenía entre otras características su humanismo como premisa principal del desarrollo económico y urbano. Para más información sobre este punto ver http://en.wikipedia.org/wiki/Vasco_de_quiroga. [Tomás Moro (Thomas More) fue un mártir inglés que fue condenado a muerte bajo el reinado de Enrique VIII por prestarle fidelidad a la Iglesia Católica y que, habiendo sido canciller del reino, organizó su propia defensa, bellísima, pero imposible de antemano porque la orden era hacerlo matar. Es el santo patrón de los abogados.]

Fue un viaje genial: de comer y de beber, una inmensa variedad de opciones; para comprar, un sinnúmero de artesanías de materiales diversos, que hacen de Michoacán uno de los estados más tradicionales del país. El regreso fue igualmente satisfactorio, contemplar los paisajes es una verdadera delicia, ver los campos alternar el dorado, el ocre y el amarillo que bañan de otoño la vista, o ver a las vacas pastar tranquilas, mientras que a lo lejos se alcanzan a ver todavía algunos caballos que trotan en relativa libertad, reafirman el compromiso interno de continuar viajando para ver todo lo que parece que ya no existe, pero que para mi placer se sigue sabiendo revelar, cuando sé ir a buscarlo.

lunes, octubre 29, 2007

El Jalogüín y la Party of the Dead

No sé qué me propongo yo al intentar escribir sobre las tradiciones. Si no tengo nada de asceta ni de purista de la cultura. Es sólo que por vivir en sociedad se la pasa uno pensando no lo que quisiera sino en el tema que inunda la conciencia colectiva. Y hoy le toca a Halloween y a la fiesta del día de muertos... ya pasó afortunadamente mi cumpleaños (que tanto mortificó a la opinión pública!!!), también el mes patrio y en unas semanas la navidad será todo en lo que podamos pensar (con breves lapsos guadalupanos, alrededor de la Basílica).

Comercialmente, los mercachifles se dieron a la tarea de rescatar ambas "tradiciones", una importada y la otra prehispánica (y cristiana). Entonces, puede uno solazarse en las tiendas departamentales, comederos de franquicia y boutiques, con una nueva propuesta estética medio mal lograda entre los folklóricos colores que adornaban anteriormente los altares de muerto, con el negro-naranja jalogüinesco, panes de muerto aderezados con telarañas (artificiales, quiero pensar), o unas tumbas multicolor adornadas con sonrientes calabazas desdentadas en vez de flores de Cempasúchitl (o como quiera el dios Huitzilopotztli que se escriba Cempasúchitl). Pero, por sobre todas las cosas, resolvieron los comerciantes (tan acomedidos ellos) el problema de si celebrar Halloween en demérito de la fiesta de muertos te hace menos mexicano o peor católico. Así, mostrando un admirable sincretismo que todo lo arregla, decidieron fabricar calabacitas de azúcar, lo leyó usted bien, no calaveritas de azúcar como disponía la estricta tradición azteca (o maya, olmeca, purépecha, qué sé yo), de cuya morbidez no me interesa ocuparme, sino que recurrieron a la diabética escultura de la sonriente calabaza desdentada (más acorde con la frugalidad de nuestros tiempos). Ahora, omnipresentes en cualquier lugar que acepte tarjetas de débito o crédito, están las calabacitas de azucar (con ciertas reminiscencias a las calaveritas, como los dibujos florales de colores afeminados en tonalidades pastel y azul cielo).

A mí me pareció muy buena manera de solucionar la aburrida discusión anual de si los niños mexicanos se están contaminando con las oscuras tradiciones de esos países nórdicos y celtas que tanto mal hacen a la infancia, en vez de celebrar las gloriosas tradiciones de nuestro país. Comer calabacitas de azúcar en vez de calaveritas no le hace mal a nadie (excepto a las madres de los hiperactivos chamacos en plan de ataque intergaláctico por el exceso de carbohidratos).

Y es que la mano invisible (expresión de Adam Smith para referirse al mecanismo del mercado que todo lo arregla pero que, ahora que lo pienso, combina muy bien con estas fechas de ultratumba) da para todo: fue capaz de proponer una solución para este dolor de cabeza cultural de tantas abuelas mexicanas (todas con cara y peinado de Sara García, tan bien fotografíada por el espumoso chocolate Abuelita) desde la década de los ochenta. Ahora pueden ir sus encantadores nietecitos felices de la vida solicitando calabacitas de azúcar en vez de entonar la original canción que sin sutileza alguna expresaba: "queremos dulces de Halloween para las fiestas de Halloween". Así honran al mismísimo Moctezuma y a La Malinche por igual y nos evitan la sempiterna discusión de qué fiesta se debe celebrar, que se ha estado prolongando más que la de si fue primero el huevo o la gallina.

Y pues, como las del Rey Salomón, la decisión fue impecable, pues celébrense las dos con la misma intensidad y, para festejarlas al mismo tiempo, colóquense sonrientes calabazas desdentadas sobre las tumbas de sus muertos y ya no haga calaveritas de azucar (porque, además, qué asco!!! comerte una calavera para recordar a tu bizcabuela, la pobre!!! qué poco tacto!!!) sino hermosas y sonrientes calabazas desdentadas de azúcar, que a nadie molestarían y que se ven tan lindas ellas, tan blancas y con flores putanescas...

viernes, octubre 26, 2007

Crónica de una fecha anunciada (2)

"Mis veintiséis años iniciaban con un día lleno de experiencias novedosas y me quedé con la curiosidad de saber cómo será mi vida dentro de un año, si Dios me la concede, y qué circunstancias rodearán a este yo, que cada día le tiene menos fe al libre albedrío"

Así terminaba hace exactamente un año la entrada en la que describía los extraños avatares de mi aniversario número XXVI, al mismo tiempo que ponía sobre la mesa una reflexión filosófica (chafa) sobre la vida, la influencia de lo fortuito en mi vida y la decisión como concepto bastante cuestionable de la modernidad (dahh!!! hablo tanto y digo tan poco!!! Pero es que me acojo a la herencia de mi antihéroe favorito: Cantinflas).

Retomando mi punto, como sé que hace un año tenía la curiosidad de saber cómo sería el día de hoy, me dio mucho gusto enterarme de que ahora sí estoy en condiciones de contestarme. Para justificar el punto de mi curiosidad debo alertar a los que no lo sepan (que seguramente coinciden con 'a los que no les interesa') que hace un año estaba viviendo en Nueva York, haciendo un intercambio de un semestre en Columbia University en el máster de asuntos internacionales. Era el tercer semestre de mi maestría, así que todavía me quedaba un semestre más en el CIDE por lo que tenía que regresar a la Ciudad de México, después de vacaciones navideñas en mi sonorense tierra. Estando cercano el final de la maestría estaba empezando a ser hora de preguntarme qué hacer con mi vida, sin tener para nada claro dónde estaría después y qué estaría haciendo. Las posibilidades eran casi infinitas (como lo son casi siempre) : probablemente no hubiera sobrevivido el proceso de la tesina y estuviera limpiando vidrios en la esquina de Eje Central e Izazaga; tal vez la Academia Sueca se hubiera vuelto anormal y me hubiera dado el premio Nóbel de Literatura 2007 al leer mi discurso de graduación de Primaria y mi blog, por lo que me hubiera ido a gastar el millón de dólares a Bora Bora, a algún lugar sin Internet para no leer las justificadas críticas del mundo intelectual, que sin duda se estuviera rasgando las vestiduras por el sinsentido; quizá estaría trabajando incansablemente por recomponer las injusticias del mundo en algún país del África Subsahariana; o bien, me hubiera vuelto misionero y estaría gritando ¡Viva Cristo Rey! en una hogera de leña verde de alguna tribu de antropófagos en el Pacífico Sur, después de haber conseguido tras una vida de esfuerzos que la barba me saliera pareja, para parecerme a Robert De Niro en La Misión.

En fin, larga era la lista de opciones de diversos contextos en los que hubiera estado celebrando mi aniversario número XXVII. Pero no, amante como soy de la normalidad y de nunca salirme mucho de la media (suplico a los que están convencidos de que soy raro, que me den el beneficio de la duda en esta última cuestión, sobre todo porque bien decía mi mamá que "lo raro es pariente de lo feo" y a mí la fealdad de verdad que no me gusta, sea ajena o sea propia) decidí que lo mejor era buscar un trabajo que terminara la austera vida de estudiante que me consumió durante casi tres décadas. Y, gracias a _____ (yo pondría aquí Dios, pero autorizo a los ateos a que pongan en la rayita lo que mejor les parezca), conseguí rápidamente un trabajo que no busqué, sino que me encontró, en el momento preciso. También sé, por una exhaustiva visión retrospectiva, que hace un año luchando contra una ola de frío que se cernió sobre NY a la altura de mi cumpleaños, no imaginaba siquiera que estaría trabajando donde estoy ahora, ni que estaría luchando contra la chilanga ola de frío que se cernió sobre México, en el que debería ser un tórrido cumpleaños. Y, coherente con mi reciente escepticismo sobre el libre albedrío, mi capacidad de decisión parece seguir reduciéndose, aun contra todos mis impulsos por ser yo el que determine qué pasa en el mundo de Rafa.

Y, last but not least, terminaré tratando de hacer un recuento, hasta donde la memoria sirva (que siendo tan poco selectiva termina grabando puras cosas que no me sirven para ninguna entrada del blog, la perra...) para recordar dónde estuve celebrando mis cumpleaños anteriores. Regresivamente así han sido mis 24's de octubre's:

2006: Nueva York, cenando con Germán y Paty, que estaban de luna de miel en Manhattan, en el Hard Rock Café de Times Square.

2005: Ciudad de México, en la azotea del edificio de la colonia del Valle donde vivía, en riquísima carne asada con los compañeros de la maestría y otros amigos.

2004: Nîmes, sur de Francia, con mi buen amigo Rafa Vargas (que en ese tiempo acababa de conocer y no era mi buen amigo), donde tomaríamos un vuelo de muy bajo presupuesto a Londres, en las insólitas vacaciones de "Todos los Santos" de las escuelas francesas. Vestía una camisa que decía SE HABLA ESPAÑOL (si el dato sirve para mostrar mi desubicación en el mundo).

2003: Hermosillo, acababa de terminar la carrera de Abogángster y lo celebré en la casa de Marcos, por alguna extraña razón había de botana tomates cherry y baby carrots (zanahorias bebés, prrrttt) bañadas de aceite de oliva y pimienta (si el dato sirve para mostrar la desarticulación de mis ideas). Vestía una camisa que yo sostengo es anaranjada pero muchos me alegan que es rosa (oh no! my eyes, my eyes!!!!)

2002: Hermosillo, carne asada en casa del Peralta en la que nos festejábamos todos los cumpleañeros de octubre del grupo de la universidad (que éramos muchos). Yo no la organicé, así que todo salió bien.

2001: Hermosillo, mi casa, de comer hubo tacos de pescado al disco hechos por Cristóbal, mi hermano, (que por primera vez cocinaba algo).

2000: Hermosillo, mi casa, último que pasé acompañado de mi mamá, su recuerdo cantándome las mañanitas nunca se desvanecerá.

1999: No me acuerdo, probablemente hasta estaba oyendo "Ooops I did it again" de Britney Spears o "Livin' la vida loca" de Ricky Martin. También los años noventa tienen una deuda terrible con la humanidad (pero los ochenta, de plano se pasaron).

1998: Hermosillo, había cumplido mis 18 años!!! ya era un ciudadano mexicano en posesión de todos sus derechos políticos. Ya podía entrar a los antros (ya lo había hecho) y ya podía beber alcohol (aunque no bebía), pero la emoción era muy fuerte. Me compré una camisa en Mazón (tienda departamental que ya no existe) y fuimos a cenar para festejar en el Henry's (restaurante que ya no existe): ¿será un signo de estarse haciendo viejo? oh no!!!

1997: Huásabas, festejo típico de esos bellos tiempos de la preparatoria que tanta melancolía me acarrean. Ese año vivíamos solos en la casa mis dos hermanos y yo, ideal para bacanales... pero era yo tan santo!!! Bebimos entre muchos una copa de cognac (si el dato sirve para mostrar mi austero esnobismo precoz).

Si ya llegó hasta aquí algún lector, lo siento mucho por él, porque ya caí en la cuenta de que me prolongué más allá de lo que recomiendan la moral y las buenas costumbres, por lo que en solidaridad con el tiempo ajeno, detendré esta larguísima perorata antes de hipnotizar de agobio al potencial lector.

lunes, octubre 22, 2007

Coming soon...

Tengo la patética costumbre de avisar con la mayor publicidad posible la cercanía de mi cumpleaños. He llegado, incluso, a enviar la notificación de mi aniversario a través de cadena de correo electrónico (en mi defensa, no contenían ni amenazas de que se te caerán las protuberancias si no lo reenvías al menos a cinco de tus contactos, ni promesas de que te pasará algo muy bueno si haces lo que en él se te indica, excepto mi sincera sonrisa impresentable en anuncio de Colgate/Signal). Probablemente tan cuestionable acción tenga el subconsciente objetivo de evitar sentirme olvidado de la mano de Dios y de los próximos, pero propongo evitar el innecesario psicoanálisis y otorgarme un voto de confianza más benévolo.

Una vez desahogada mi justificación o, mejor dicho, hecha evidente mi viciosa conducta, procedo a anunciaros (con el acompañamiento musical de trompetas de castillos medievales y hurras de enanos y bufones) que en tan solo dos días... ta-ta-tatán... cumplo años!!! Sí, el 24 de octubre, además de celebrarse otro aniversario de la creación de la Organización de las Naciones Unidas (con todo y el poco caso que le han hecho últimamente), la comunidad internacional también celebra mi cumpleaños (también solicito de la manera más atenta evitar el diagnóstico de "megalomanía" por el anterior comentario y rescatar sólo su cándida ironía).

Por razones logísticas, ya inicié su celebración el pasado fin de semana y el saldo fue muy positivo: hasta tengo una linda cafetera manual para preparar café espresso, con su juego de tasas muy requetemonas, que me están haciendo reconsiderar mi terrible política imperialista yanqui de no tomar café para guardarle la acidez estomacal a mi irrenunciable coca-cola(s) diaria(s) (con el acompañamiento del sonido de recriminadores abucheos de una turba de globalifóbicos, ecologistas y vegetarianos).

Por último, hago el political statement de que nunca me ha quedado muy clara la idea de festejar que uno cumple un año más, pero que paso por alto mi cuestionamiento porque me encantan los regalitos, jijiji... (léase con acento picarón)

lunes, octubre 15, 2007

Must-nots (cosas que nuuuunca debes hacer):


1. Nuuuuunca debes usar una peluca afro-albina.
Nota 1: que sea fiesta de disfraces no justifica la acción.
Nota 2: si no es fiesta de disfraces, será requerida una campaña global para sacarte del hoyo.
2. Nuuuunca debes sonreír con la boca tan abierta.
Nota 1: que te hayas tomado muchos apple martinis no justifica la acción.
Nota 2: se debe tener cuidado con las bebidas alcohólicas cuando saben demasiado a otra cosa que disfraza el alcohol.
3. Nuuuunca debes usar, aparte de tus lentes para ver, lentes de sol que tendrás que subirte a tu peluca afro-albina.
Nota 1: lo hago todo el tiempo.
Nota 2: está mal que lo haga.
4. Nuuuunca debes traer la camisa desabrochada hasta el ombligo.
Nota 1: Si eres Hank Rohn tampoco se justifica (tampoco querer ser gobernador de un estado cuando eres tan mafioso).
Nota 2: Si eres Hank Rohn, púdrete.
5. Nuuuunca dejes de tener al menos una fiesta en tu vida en la que, a pesar de verte tan ridículo (y hacer cosas tan ridículas como el pasito de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche), te la pases a todo dar.
Nota 1: esta regla no amite excepciones.
Nota 2: si eres Mario Marín, también púdrete.

miércoles, octubre 10, 2007

El niño de los callejones

La tarde se escucha calmada, sólo la perturba el delicado sonido del viento al acariciar las copas de los árboles. Esa hora del día es el único momento en que se puede percibir el aroma particular de esa hierba que se esconde en los matorrales y que nunca se muestra al mundo, sino a través de su fugaz olor a reposo, a ilusiones incomprendidas. A lo lejos se divisa una de esas enormes aves sombrías que se alimentan de carroña, pero que a sus ojos son tan majestuosas como el ave fénix, vuelan tan alto que le parecen emperadoras del mundo, teniendo a la vista todo lo que él quisiera contemplar. Sus pies van descalzos sintiendo la textura irregular de la arcilla que alguna vez fue lodo y que el paso de los demás esculpió con figuras imperceptibles. No hay nada en su boca pero saborea con entusiasmo un sueño, muchos sueños. Todos saben a gloria, todos le ensanchan el pecho, dibujándole una sonrisa sincera que todo lo abarca, que todo lo puede.

Su rostro retrata la ingenuidad feliz de la infancia, cuando sus ojitos claros se pierden contemplando el rítmico andar de las vacas que va arreando. No va fija la mirada en ninguna parte porque la imaginación vuela sin que nada la detenga hasta que no puede distinguir lo que ve de lo que sueña. Se inventa historias magníficas, inverosímiles, construye enormes puentes, cambia culturas, mueve los corazones. Una vaca se ha detenido, se acerca para palmearla suavemente cuando empieza a caer la pasta verde que triunfó su paso por cuatro estómagos, sólo se salpica un poco y sonríe otra vez para olvidar el asco. Continúa la campirana procesión con el mismo paso sosegado que empezó. Entonces escucha el sonido de las campanas y alcanza a distinguir la cruz que está sobre el campanario. Debe darse prisa si quiere llegar a tiempo al rezo del Rosario, donde continuará con ambiente sacro sus proyectos interminables, sus ilusiones sin desfalco. Llega a la milpa donde dejará pastando a las vacas que lo nutren diariamente y abre con dificultad la puerta cuya cerradura lo mismo tiene púas que espinas. Se quita con cuidado el sudor y el polvo que bañan su frente y sus pálidas mejillas, confundiéndose con sus curiosas pecas. Al cruzar el umbral pasa sus pies por la pequeña asequia de agua fresca y transparente que dobla las hojas de zacate que están en el fondo. Se sienta en el diminuto puente de piedras que surca el canalito y contempla con regocijo el tenaz instinto bovino de pasar la vida moviendo las mandíbulas. Se sume de nueva cuenta en las cavilaciones por las que su mente ha divagado toda la tarde y pasa de dar un discurso elocuente en la más alta tribuna del país a una predica en púlpitos rodeados de gente con intenciones de cambiar. Declama, proclama y reclama, usando las infalibles premisas de que todo cambia y que cuando cambia mejora.

Escucha la segunda campanada de la iglesia y se apura para cerrar otra vez con dificultad la puerta del mecanismo complicado. Corre con un cándido ímpetu, o mejor dicho, con una impetuosa candidez. Es el niño de los callejones. Cada tarde antes de que empiece a oscurecer regresa al pueblo y saluda con sonidos onomatopéyicos a todos los que encuentra. Y aunque es el mismo, cada día es otro porque él se inventa y se reinventa en los callejones, porque la soledad y la inmadurez todo lo pueden.

lunes, octubre 08, 2007

De porqué los jueves deben ser el inicio de los fines de semana

No tengo muchas razones de peso (al menos de interés general para la sociedad) para sostener la afirmación que hago en el título de esta entrada, pero tengo para mí que por alguna lúdica/báquica razón, los fines de semana no son suficientes si se empiezan el sábado y se terminan el domingo. Si anduviera más inspirado mandaría senda misiva a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (con copia para la Secretaría de Educación Pública) exponiendo mis razones para impulsar una reforma en este sentido (ahora que las reformas, aunque mutiladas, están saliendo en este país tan rejego a reformarse). Sé que algunas madres y esposas no estarían tan contentas con la noticia por tener que lidiar tanto tiempo a sus críos y soportar a los "amigotes" del cónyuge o concubino (en estas épocas críticas de la familia nuclear). Pero, como pasa siempre con las paradojas del contrato social, a algunos les toca perder para el mayor bienestar colectivo.

Y, para dar el ejemplo de que así debe ser la semana pasada me dispuse a iniciar el elongamiento finsemanero desde el mismísimo jueves, en que se organizó tremenda carne asada, con ingredientes todos (casi) llevados desde la tierra misma que honra a la carne asada con más recalcitrante orgullo: Sonora. Aprovecho el espacio para denostar con el más vil de mis desprecios lo que en cualquier parte en el D.F. te ofrecen como carne asada. Primero, en realidad no está asada, sino que está cocinada a la plancha que ¡por vida de Dios! no es en lo absoluto lo mismo, ni en términos del proceso, ni la tradición, pero sobre todo ¡¡¡del sabor!!! Segundo, todavía de que la cocinan sobre la plancha se atreven a ponerle aceite, oh my goodness!!! en realidad, están sirviendo carne freída, tan distante de la carne asada que el uso del eufemismo resulta ofensivo. Y, tercero, qué carne más espantosa la que se usa por aquí, se puede comer miles de delicias de variadísimos ingredientes, pero no llegues a la carne de res porque como dice la canción... todo se derrumbóooo dentro de míii, dentro de míii. A menos que conozcas lugares bien específicos donde vendan carne o de Sonora, o de Argentina, o cortes estadounidenses, que también son buenos, desaconsejo con toda la severidad de un Consejo de Ancianos la ingesta de carne de res en estos céntricos lares de la República, y los insto a mejor preferir huitlacoche, escamoles, o cualquier otro platillo con nombre en náhuatl, que su paladar se los agradecerá. En fin... una vez desahogadas mis frustraciones gastronómicas procedo a continuar con mi perorata de la conveniencia de los fines de semana largos.

Resulta que en sí haber organizado una carne asada no era razón suficiente para un desvelo en plena semana de trabajo, pero hemos tenido un lamentable desencuentro cercano del tercer tipo con el carbón. Para no hacerles el cuento largo (como dice mi tía Celina después de haber hecho el cuento bastante largo) tardamos literalmente dos horas en prender el carajo carbón, que bien se ganó el mote de cabrón carbón. Y no solamente dos horas fueron suficientes, también se requirió la fuerza bruta de cuatro hombres adultos, el tiraje diario de uno de los periódicos de mayor circulación, una caja completa de fósforos (cerillos) para chimenea y una especie de abanico/fuete que terminó pasando a mejor vida una vez que la lumbre pudo agarrar su vuelo. Lo más terrible de este hecho, es que es innegable que el rol que la sociedad le concede al varón está en buena parte basado en poder prender un asador, cuando es requerido. Así que fue ignominioso para nuestros egos tener que hacer hasta la danza de la lluvia invocando al fregado Dios del fuego que se negaba a concedernos su gracia. Y por si esto fuera poco nuestro propio sonorensez se puso en duda, porque si eres sonorense y no sabes prender el asador pues básicamente estás sumido en el más fétido hoyo. Queda uno deslegitimado como hijo de Sonora si es incapaz de desempeñar la única función que tiene monopolizada el macho sonorense. Pues, fueron dos horas pero después de soplar en total como tres globos aerostáticos logramos encender el dichoso asador. Y el resultado, como era de esperarse fue genial, una maravilla de carne, servida en tortillas de harina (de trigo) y aderezada con chiles verdes tatemados que eran una delicia.

Pues el punto en realidad es que por tanta trifulca se me llegó la madrugada y ya no era prudente regresar a la casa a tan altas horas de la noche y encontrándome a unas cuadras de mi trabajo. Por lo que quedéme a dormir en casa de Roberto, quien tuvo a bien prestarme una camisa, para que nada más fueran mi pelo y mis pantalones los que olieran a humo de asador necio. Afortunadamente, era viernes de business casual así le di un giro a mi indumentaria y casi ni parecía que estaba vistiendo la misma ropa del día anterior. El viernes todavía había actividades planeadas, como comida con los compañeros de trabajo y en la noche... ni más ni menos que... ta-ta-tatán... LUCHA LIBRE!!! Así como lo oyen (ven), en cuanto cayó el velo nocturno nos apersonamos en la mismísima Arena México, en la colonia Doctores, de reputación harto dudosa.

La lucha libre es todo un espectáculo en el más literal de sus sentidos. Solamente comparable con una danza o el teatro. De lucha tiene muy poco, porque todo se hace en una especie de coreografía en la que abundan las piruetas, los colores llamativos en los desafortunados calzones de los luchadores, el brillo de sus máscaras y lo abundante de sus melenas. Los golpes, aunque presentes de vez en vez, creo que son más debidos al azar o a un error en los ensayos, porque en general los combatientes parecieran pelean en esta especie de arreglo de no maltratar sus caritas ni sus casi obesas figuras (en el caso de los más tradicionales, los más jóvenes ya se notan más producto de los esteroides que de doce huevos diarios en el desayuno). Pero hay de todo: enanos, luchas de mujeres, una afición apasionada y muchísimos disfraces del Santo, o de Místico, Averno, Mephisto y una larga serie de nombres espeluznantes. La lucha libre fue seguida por viaje a una cantina en el que la comida se veía riquísima, aunque no pude cerciorarme de que también así supiera porque la colitis estaba haciendo su aparición y me porté muy decente para retrasar su presencia.

El sábado hubo fiesta de mi roomie en el depa, seguido de fugaz visita a apestoso antro (todos sin excepción son apestosos y mientras se siga fumando en su interior lo seguirán siendo, espero que ya pronto entre en vigor la ley que prohibirá fumar en ellos que a tantos asusta, pero que a mí me emociona reteharto). Y el domingo fue ir al bosque a hacer ejercicio (no mucho, eso sí, no se me fueran a bajar las defensas y me atacara otro bicho) y sacar el trabajo que mi mala costumbre me hace llevarme a la casa. Y listo el fin de semana se había acabado y yo ni siquiera tuve tiempo de descansar, lo cual me trae con mucho desasosiego, porque este fin de semana también me voy desde el jueves en la tarde hasta Hermosillo a reunirme con el Consejo Intergaláctico Barceló Durazo y órganos subsidiarios, que seguro tampoco me darán tregua para una anhelada terapia de recuperación con jornadas completas de sueño.

jueves, octubre 04, 2007

Mole, conventos y plata

El pasado fin de semana la pasé genial, como debe pasarla uno en los fines de semana... al menos... Había venido cuajándose el plan de ir a visitar algunos monasterios de principios del siglo XVI (o sea, rete-antiquísimos, si justamente la conquista de México-Tenochtitlan es en la segunda década del siglo XVI). Todos estos monasterios están regados por pueblos pequeños que están relativamente cerca del volcán Popocatépetl, en los estados de Morelos y Puebla, así como en otros lugares más conocidos como Cuernavaca (capital de Morelos y resort-city de la ciudad de México) o Cholula (que la leyenda urbana dice que tiene 365 templos, a pesar de ser un pueblo pequeño, pero mejor conocida por tener una pirámide que fue enterrada por los propios indígenas antes de que llegaran los españoles, por ser un lugar ceremonial y en la cima de lo que ahora parece una colina se construyó un templo católico, con impresionante vista al volcán Popocatépetl). En fin, todos estos monasterios fueron declarados hace unos años Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Pero, además del evidente atractivo cultural, queríamos agregarle un toque de aventura al road trip. Así que no averiguamos muy bien ni por dónde se iba, ni mapas, ni horarios, ni nada. Todo lo que conociéramos sería resultado de andar preguntando por aquí y por allá. Y si nos perdíamos, pues no problemo. Con ese espíritu emprendedor salimos de la ciudad de México, no sin antes revisar las llantas y los niveles del carro, porque una cosa es ser aventurero y otra es estar estúpido. Además, el portero del edificio tuvo a bien descubrir que la falla que traía mi parabrisas (bueno, en el D.F. le dicen limpiadores o limpiaparabrisas, porque es al vidrio a lo que llaman parabrisas, en fin...) no era mega falla mecánica, como yo asumí, sino que le faltaba apretarle un tornillo y listo, volvió a servir. Y, ¡alabado sea el Señor y también el señor portero! porque aquí nunca se cansa de llover y, obvio, en el camino nos llovió en repetidas ocasiones.Nos acompañaron unos amigos recién hechos de Roberto y Azuvia, ni más ni menos que artistas, divertidísimos. Dos de ellos holandeses, una belga (sin albur) y una española/colombiana, así que el crowd se puso bastante internacional.

Adicionalmente al atractivo cultural y de aventura, se añadió otro que celebro sobremanera: el interés gastronómico. Y es que este país mío no me deja de sorprender con su comida!!! Y nos enteramos que más o menos de camino en un pueblito de la región rural del Distrito Federal que se llama Atocpan, empezaba ni más ni menos que un festival del moooooleeee!!! Como un Oktoberfest pero de diferentes tipos de moles, hechos con todo el procedimiento e ingredientes tradicionales y otros más exóticos, como mole de tamarindo. De verdad que fue un festín de dimensiones epicúreas, estaban los moles de tal manera deliciosos, que con gusto hubiera ido a regurgitar, con tal de poder comer más cuando se rebasó la capacidad de almacenamiento de mi pancita. Y alrededor de los restaurantes, puestos típicos de feria, con un carrusel de ponis de verdad, y puestos de más comida, frutas de temporada, tortillas de diferentes colores, chocolates y mil tragaderas más. Toda una experiencia del México profundo, a unos minutos de la enorme ciudad.

Después de una lluvia que me pareció diluvio por mi previa formación desértica, partimos rumbo a Morelos por una carretera libre (sin casetas de cobro) que por sí misma debería ser un atractivo turístico, la carretera Xochimilco-Oaxtepec. Los paisajes eran grandiosos, con una vegetación de un verde que te llena los ojos, colinas cubiertas de flores amarillas, terrazas plantadas de nopales (cactus aplanado y altamente comestible en estas tierras tenochcas), bosques de pino, de encinos, de todo. Después de menos de una hora llegamos al primer pueblo, que se llama Tlayacapan (ni comiendo kilos de mole puedo recordar con facilidad la intrincada sintaxis de los nombre en náhuatl, así que si me equivoco por sílabas o letras, pido disculpas). En este lugar el convento era de agustinos y fue una verdadera experiencia, un lugar hecho en el pasado, pero que se quedó en el pasado. Esas máquinas del tiempo, en las que sólo hace falta cruzar un umbral para transportarte a otras épocas distantes que se te revelan y un poco te asombran y otro poco te asustan. Tenía el monasterio un pequeño museo con iconografía de los inicios de la época colonial y además una colección de... ta-ta-tátán... de momias!!! muertas y verdaderas. Fueron descubiertas por accidente a los alrededores de la iglesia, que tradicionalmente eran considerados campos santos para enterrar a sus muertos (en Huásabas, al cementerio todavía hay gente que le llama el camposanto). Y fue una experiencia, a la vez de espeluznante, muy vívida (dicho sin ironía). Y lo genial de Tlayacapan, a diferencia de otro pueblo con un convento similar que se llama Tepoztlán es que no había turistas. Sólo la gente del pueblo haciendo sus actividades vespertinas de sábado, en el gran atrio de la Iglesia, poblado de enormes árboles. Alrededor de la placita principal había unos pequeños puentes empedrados encantadores que surcaban canales. De ahí nos fuimos a otro monasterio en un lugar que se llama Oaxtepec (que también es un lugar resort en el que es común que los chilangos tengan su casa con alberca, porque el clima es cálido y casi tropical, con una vegetación padrísima. El monasterio ya estaba cerrado, así que sólo conocimos la iglesia y los exhuberantes jardines, que por sí mismos ameritaban visita.

Y una vez saciado nuestro espíritu cultural y aventurero, se impuso el burgués que todos llevamos dentro (unos más aplacado que otros, por fortuna) y nos fuimos a Cuernavaca a la casa de la mamá de Roberto, a tomar mezcal y tequila en el fabuloso jardín y a dormir en lugar cómodo. Sacamos mesas y sillas y a la luz de la luna y las velas platicamos de ya no me acuerdo qué tantas cosas, muchas, el nuevo sentido de la identidad individual, viajes, China, México, Europa, Estados Unidos, la globalización (tema que ningún altermundista puede evadir, ¡Dios nos libre!). Cenamos quesadillas a la sonorense (o sea, con tortillas de harina y queso asadero, al comal no fritas, porque en el centro de México comen quesadilla de cuanta cosa, mientras que en Sonora la quesadilla puede ser únicamente de queso y nunca frita). La compañía y atención de Piwi son completamente encantadoras, la tentación de llegar a su casa es que nunca quieres salir de ella, menos que para el desayuno nos preparó huevos con carne machaca, también de Sonora. Pero ya habíamos tomado la determinación de irnos temprano el domingo al pueblo de Taxco, en el estado de Guerrero.

Taxco fue un pueblo minero desde la Colonia y está escarpado entre montañas que hacen sus callejones y callejuelas, empedradas y ornamentadas una vista formidable, inolvidable. Lo más tradicional es la venta de cosas de plata, a precios relativamente accesibles. Pero en sí el lugar es increíble y ha sido excelentemente preservado, a pesar de la gran cantidad de turistas que lo inundan y solamente hay casas blancas, con líneas de ocre y techos de teja, colgadas de los cerros de manera, la verdad, muy ingeniosa. Ahí también el apetito hizo de las suyas y nos devoramos un enorme plato de pozole (muy tradicional de ese estado) y chalupas y tostadas. Cuando empezó a caer la tarde, nos cayó también el recordatorio de que los lunes temprano no perdonan, así que teníamos que emprender la ruta rumbo a la ciudad de México. Tomamos la autopista, pero antes de llegar a la última caseta también nos fuimos por carretera libre que resultó ser mucho más rápida, por el terrible tráfico que se hace ese día y hora para entrar a la ciudad, después de las fugas colectivas que se escapan de la urbe, aunque sea el domingo. Y terminó un fin de semana entrañable, lleno de carcajadas, comida mexicana de diferentes regiones, bonita música, lugares harto interesantes y charlas intelectualmente provocadoras.

martes, octubre 02, 2007

¿Qué es un blog?

Viene de la expresión inglesa web log que es algo así como pegar cosas en la web. Y exactamente eso es para mí: pegar cosas. Aunque ahí viene la parte complicada porque qué cosas son las que merecen la pena ser pegadas. Mi respuesta convencida es: todas. Porque la idea no está reservada a los ilustrados, ni siquiera a los pensantes, es un medio abierto a todos aquellos con acceso a Internet que tengan las suficientes capacidades técnicas para escribir algo (o sea, miles de millones de personas ¡oh, no, qué horror!).

Habiendo dicho esto, quede expresado que no tendría que pedir disculpas por publicar las cosas más irrelevantes, aunque agradezco el esfuerzo de quienes sí escriben sesudamente y aplaudo a quienes lo hacen con talento (y buena ortografía). Pero en la esfera bloguera soy completamente condescendiente conmigo mismo y olvido la mayor gravedad que tiene la palabra escrita y soy completamente conversacional. Efectivamente, para mí el blog desde sus inicios fue sólo un medio para conversar, aunque debo reconocer que de manera bastante unilateral porque es más lo que yo digo que lo que yo oigo de probables interlocutores.

Entonces, ¿a quién le interesa mi disertación sobre la función de los blogs? Básicamente, a nadie (y lo digo con cinismo, porque si alguien ya llegó leyendo hasta acá y hasta ahora se da cuenta de que toda la jiribilla que se echó previamente era prácticamente una regurgitación mental, puedo comprender que no esté nada contento con el que esto escribe). Pero se me hace genial que simultáneamente a rascarme el ombligo puedo escribir ideas que para bien o para mal deambulan en mi cerebro y lo más sorprendente es que desatan comentarios (publicados aquí o no) que me ilustran sobre perspectivas compartidas o divergentes o que traen a colación otras ideas aún más divagadas, lo cual me agrada ampliamente.

Debo confesar ante mis potenciales lectores que en la vida real soy menos superfluo (qué vergüenza!!!) y suelo abordar los temas con mucha seriedad, y a la menor provocación empiezo a argumentar con seguramente aburrida elocuencia temas de política, religión, economía, filosofía (lo poco que puedo entender), cine, entre otros. Pero, afortunadamente, creé este alter ego que bloguea que no toma nada verdaderamente en serio, un intelecto comparable a la mismísima Barbie Malibú, un irresponsable burgués que se pasa la vida hablando de sí mismo como si eso debiera importarle a alguien más que a sí mismo y a sus biógrafos (que, por cierto, no existen). Y aún reconociendo todo lo anterior me encanta la experiencia de bloguear y ni siquiera me dan remordimientos (y es que ya no hay moral!!!!). Eso ha sido para mí un blog y, como dice la canción, "mi gusto es...".

jueves, septiembre 27, 2007

Estoy enfermo

Y no nada más de la mente (que he terminado por considerarlo un mal menor), también de este cuerpo que me trae por la calle de la amargura. Resulta que un maldito bicho se siente el señor feudal de mi garganta y puntos circunvecinos, lo cual ha desatado una cruenta guerra en todo mi cuerpo entre los anticuerpos que todavía le son leales a mi soberanía y los gérmenes invasores que con sus peores artimañas burlaron a mis defensas, después de un fin de semana que me dejó exhausto por desvelarme y dignarme a hacer ejercicio.

El caso es que me la he pasado con calentura (not in a good way) y la dificultad para tragar me hicieron pensar en volverme anoréxico (si no fuera porque ni así se me quita el hambre y por el gordito interior que realmente soy). Y también resulta que en el trabajo ya llevan dos días corriéndome a la hora de la comida para que me vaya a descansar y deje de repartir bichos y convierta aquella oficina en la residencia oficial del moco y la flema. Pero luego el maldito sentimiento de culpa me ataca y no quiero irme aunque ande en calidad de zombie y mis avances laborales sean tan mediocres como si los estuviera haciendo a las tres de la madrugada y bajo el efecto de al menos tres estupefacientes y medio litro de bacanora.

Así que espero pronto reportar que ya va mejor la cosa, pero de momento apenas bloguear me hizo sentirme un poquito mejor.

viernes, septiembre 21, 2007

¿Será?


En el museo Muros en Cuernavaca (un must, sin duda, de la ciudad). Excelente colección permanente de pintura mexicana moderna y contemporánea y exposiciones temporales bastante interesantes... aun para un amateur como yo (o probablemente sólo para amateurs como yo... no tengo las habilidades técnicas ni teóricas para distinguir).
Con la pena y todo, pero no recuerdo el nombre del artista para citarlo y creo que el nombre de la obra es lo que se puede leer en el rompecabezas de cerámica que la conforma: Calmar el dolor es obra divina y a eso me refiero con ¿será?

jueves, septiembre 20, 2007

De cómo se puede hacer una entrada al blog por cualquier cosa

Parece que cada día se entera uno de cosas más raras, en una especie de espiral descendente de decoro realista. Ayer no fue la excepción, resulta que leí en un artículo de opinión en El Universal que están en peligro de extinción.... ni más ni menos que... ta-ta-tatán... ¡¡¡los pelirrojos!!! Sí, parece que de los muchos que teníamos ya nada más no queda un 2% de humanos con esa característica, aunque un fabuloso 4% tiene el gen que produce tan peculiar coloración. Digo, considerando que como la mitad de la humanidad son chinos o hindúes (que no se conocen precisamente por sus cabelleras color pasión), tampoco son tan poquitos.

Toda esta información, al parecer, se desprendía de un lista "roja" (sin sarcasmo) de especies amenazadas o en peligro de extinción en diferentes partes del mundo. Entonces, si la humanidad no hace nada por detener tan terrible amenaza, las "cabelleras de fuego" serán parte de la historia en sólo 100 años!!!!

Lo que me pareció aún más raro de la historia fue el remedio. Es decir, si queremos hacer algo para seguir conservando pelirrojos en nuestro ecosistema global, lo único que parece que ayudará a logarlo es... ni más ni menos que... ta-ta-tatán... ¡¡¡la migración colectiva de todos los pelirrojos a Escocia!!! Parece ser que dicho "país" concentra la mayor cantidad de pelirrojos del mundo con un dignísimo 13%, en relación al total de la población, de la cual el 40% es portador del gen que produce la pelirrojez.

Ahorita que venía regresando de comer, me encontré por la calle a tremendo pelirrojo, de esos que no dejan duda (porque a mí de chiquito cuando me pegaba el sol el cabello se me veía rojizo, lo cual me hizo pensar que yo fuera uno de ellos, pero no... hacen falta pecas y un color de pelo más bien "zanahoria furiosa"). Pues sí, me encontré a un pelirrojo y poco hizo falta para que me parara a increparle que si quería salvar a su amenazadísimo pelirrojismo, debía salir corriendo pero pronto a Escocia, por aquello de que luego le empiecen a hacer el fuchi a los migrantes, como hacen en todos lados a donde llegan muchos. Pero me ganó la lógica de lo apropiado, que siempre nos impide tener anécdotas divertidas y mejor le dejo a la evolución (y a L'Oréal) que haga lo que quiera con los colores de los cabellos, que los míos del color que fueran seguirán siendo unos esquizofrénicos e indisciplinados pelos que nunca obedecen.

miércoles, septiembre 19, 2007

Un poco de todo


Éste... soy yo sin rasurar y mirando al horizonte... supongo.








Y aquí... ni más ni menos que en el "magnífico" (añada aquí el más ácido sentido irónico) estado de Arkansas en los Estadous Unidous. En el que (entonces no lo sabía) sería mi carrito ;)


Aquí estoy en una posición que el Kamasutra conoce como "haciendo la tesina". Obsérvese con detenimiento cierto gesto de agobio, la ropa cómoda y el cabello despeinado que infructuosamente trata de ocultar una gorra.


Y con ustedes... mi ahijada Karol y su hermana Karely.




En esta fotografía se pueden apreciar a los cuatro fantásticos, en la peor de las condiciones: acabados de levantar. Así que no juzguen apariencias que a esa hora cualquiera asusta.


Y, para terminar, esta foto con la hermanita lela en Cuernavaca, comiendo sepa Dios qué cosa.

martes, septiembre 18, 2007

No, pos así no jalo....

Batallé tanto para lograr que se abriera la mugre ventana en la que se escriben las entradas del blog, que ahora perdí la poco inspiración que traía. Y se fue acumulando la frustración de la lentitud de la compu/red/servidor/sitio web, tanto que ahora me invadió el coraje y con gusto le escupiría a la pantalla, si no fuera porque: 1) me da ajjjjjco escupir y 2) me da más ajjjjco limpiar un escupitajo, aunque sea mío y esté escrachado contra mi pantalla de computadora. Así que mejor me trago la saliva (que dicen que es buena pa' la digestión) y sigo con mi vida y una entrada menos al blog, que mi tripa y la impaciencia de un Internet malsano no se llevan nada bien.

Lástima!!! porque había sido un buen fin de semana: con fuegos artificiales en el Zócalo, billetes de a mil pesooooos y transacciones comerciales de muy dudosa conveniencia para el que esto escribe. Ah!!!! y el segundo volumen de Kill Bill que, por Dios, es una chulada (sobre todo los créditos musicalizados ni más ni menos que con "Malagueeeeeeeeña saleroooooosa").

Y ahora los dejo porque ya entrado en coraje y con la secretaria de al lado sosteniendo la interesantísima y trascendental discusión de si es más buena la pierna o el muslo del pollo (yo ni siquiera los distingo) podría entrar en colapso nervioso de burócrata con traje gris y no creo que sea apropiado para horas de oficina, jaja. Abachos...

miércoles, septiembre 12, 2007

15 de septiembre: día del grito (de desesperación)



Creo que no hay día conmemorativo más importante para el país que el 16 de septiembre, cuando se celebra el inicio de la guerra de Independencia de México (que nació en ese momento como Nación, aunque a veces nos pareciera que existía desde antes que llegar el furibundo de Hernán Cortés) contra la corona española. Digo, tampoco tenemos muchas efemérides de dónde escoger, entre el inicio de la Revolución Mexicana (20 de noviembre) que nadie supo cuándo se acabó ni (bien a bien) para qué sirvió; el cinco de mayo, que más bien es celebrado por los paisanos que residen en Estados Unidos con fiesta en la Casa Blanca y figuras artísticas de la calidad de Paulina Rubio o Thalía (normalmente como un pretexto para celebrar su mexicanidad porque suelen no saber ni qué se celebra), además, de que qué pena!!! celebrar que les ganamos UNA batalla a los franceses, hace siglo y medio, digo ya va siendo hora de que lo superemos e impulsemos a cambio "el día del compadre"; el día de la Virgen de Guadalupe, que a los protestantes y ateos les debe valer un reverendo pepino (supongo); o el 21 de marzo que nunca he sabido bien si conmemoramos el natalicio del presidente mejor peinado de la historia, Benito Juárez, o si de plano es pura mariposería y se trata de recibir a la primavera. Y así una larga lista de fechas de conmemoración muy discutible. Pero en el mes de septiembre sí se ve más de un corazón enchido de mexicano, por celebrar ni más ni menos que "el mes de la Patria"... o sea, el meeeees de la Patria, con sus treinta díotas para que no quede duda de que somos bien patriototas.


Con esto me acordaba yo, hace unos días, que en Sonora, mi tierra, ni cuenta se dieron de que ahora eran parte de un país independiente y, para no molestar a los rancheros que ya tenían suficiente con la sequía permanente, el mismo gobernante que representaba a la Corona, se quedó representando a la ???, mmm... República. Digo, para qué tanto esfuerzo, estar a diez mil kilómetros de Madrid, o a tres mil de la ciudad de México, no hacía mucha diferencia en aquellos tiempos de lomos de mula. Mis antepasados de ese tiempo, que supongo que son la extensión de mí mismo en el pasado, no tengo ni idea en qué estarían pensando o si la noticia les pareció digna de mención. Creo que algunos ni siquiera habían llegado al país, así que con toda seguridad estarían más preocupados por escapar de alguna hambruna (que tengo la impresión de que todo el pasado estuvo lleno de hambrunas) que de asuntos de jurisdicción.

Traigo esto a colación, pues como paso tan seguido por el Zócalo, que ha sido "embellecido" toditito con puro tricolor (verde, blanco y colorado... of course), bien vistoso y mexicanote y de que un alto porcentaje de chilangos suele empotrar banderitas en los lugares más inverosímiles, me surgieron dudas al respecto del patriotismo simbólico mexicano.

Yo me acuerdo que yo también de pequeño sentía bonito de ver ondear la bandera por los aires y prestar el juramento a la bandera (whatever it meant... por ejemplo, "símbolo de la unidad de nuestros padres y nuestros hemanos" what? cuándo se ha sabido que una bandera pueda desfacer entuertos familiares. O eso de la "nación humana y generosa" si en mis primeros años de vida gobernaba al país José López Portillo, ¿que podía tener de humana esta nación?). También me gustaba entonar (por así decirlo) el himno nacional y el resto del conjunto de lo que significa ser patriota en este país tan particular que habito. Crecer trajo consigo algunas consecuencias y, entre ellas, ciertas formas de escepticismo que mellan la abstracción del amor a los símbolos patrios. Ya por amor patrio sólo entiendo llevar una vida respetuosa del próximo(tan difícil que esto resulta en la ciudad de México), que también son Patria; enterarme y participar en la vida pública de mi comunidad y del país todo, porque para que la Patria funcione no nos queda de otra que no desfallecer al impulso apático de que nuestra voz y voto no cuentan lo suficiente para lograr algún cambio. Lo que sigue son minucias, pero no soportaría a ningún "patriota" (así traiga su banderita tatuada en salvas sean las partes) que tire basura en la calle o en la carretera, que no ceda su asiento a los ancianos, embarazadas, o personas con bebés; que provoque un incendio forestal, que robe, que torture, que viole o que haga explotar ductos de Pemex. En nuestro país hay tanto por hacer que solamente agarrar una banderita me resulta harto insuficiente.

jueves, septiembre 06, 2007

Antinarciso

Ayer fue un día terrible para mi ego narcisista. Bueno, nada más la tarde, porque por la mañana me había gustado la nueva combinación zapatos-traje-camisa-corbata que intenté y que parecía harto inverosímil pero que terminó viéndose bien (para mí mismo, debo aclarar, que soy un individualista consumado en cuanto a gusto para vestir se refiere). Cuando salí del trabajo me dirijo a recoger las fotos que aparecerán en mi título de maestría y en la cédula del mismo título, documentos ambos que sin duda estaré viendo y enseñando, en repetidas ocasiones, durante el resto de mi vida. Por lo anterior, era importante para el que esto escribe verse bien, digo... dentro de los márgenes en los que uno se puede ver bien, había que estar muy cerca del extremo más positivo. No se trata de pasar a la posteridad postrado en la ignominia de una estética abominable. Había ido a retratarme un día antes y fue una linda experiencia subir al estudio fotográfico de un tipo que se notaba amaba su oficio y había conservado esas cámaras antiquísimas de pedestal que tienen una especie de caja-acordeón y disparan no con un botoncito, sino con uno de esos cables como los del aparato que sirve para medir la presión sanguínea. Todo olía a viejo, tanto el fotógrafo, como sus muebles, sus lámparas, los marcos de sus fotos, los retratos de chicas ochenteras luciendo los terribles looks de los que fue presa la década de los ochenta, y también retratos de políticos, de ministros, de artistas, rodeados de revistas de chismes de la terriblemente naca farándula mexicana, también con olor a viejo. Me había caído tan bien el ambiente retro del estudio y la simpatía del fotógrafo que albergué en mi interior la esperanza de salir bien librado de aquel trance fotográfico, a sabiendas que en esas fotos siempre sale uno con cara de "Se busca" y una leyenda de "se ofrece recompensa a quien contribuya a encontrar a este tipo con cara de sociópata, tres veces prófugo de la justicia y violador de cabras silvestres". Pues, efectivamente, llegué ayer por mis fotos con la escasa dignidad que todavía me quedaba y me veo en la foto y no me entraron ganas de llorar sólo porque me ganó el coraje de salir peor de lo que había planeado en el escenario más pesimista. Yo, como todo lo que me rodeaba en lo que me había parecido un romántico refugio del pasado fotográfico, también parecía un recuerdo del pasado. De tres décadas atrás, por lo menos, tanto que me hizo dudar si había participado en los movimientos estudiantiles del 68 y me había titulado en 1970, después de haber comprometido mis ideales y vendido mi alma al sistema. De pronto quise decirle al fotógrafo que probablemente se había equivocado y me había dado la foto de algún tío materno, porque efectivamente se parecía algo a mí, pero no me resignaba a creer que era yo, pero seguí la lógica de lo apropiado y creí conveniente empezar a resignarme, porque no iba a pagar otros 350 pesos por una corrección de estilo que no garantizaba nada. Ese fue el primer golpe a mi ego.

Después de meditar un rato sobre las causas de tan terrible apariencia, le atribuí a mi corte de pelo una buena parte de la responsabilidad. Actuando en consecuencia, corrí con mi peluquero de confianza (por así decirlo, porque ni a los peluqueros ni a los fotógrafos podré nunca tenerles confianza) a ver si podría arreglar aquella mata de pelo indisciplinada que me cubre la cabeza. Me cortó un viejito bastante simpático que ya en otra ocasión me había recortado. Así que cerré los ojos y no los abrí hasta que fue tiempo de verme en el espejo para, otra vez, ¡oh decepción! Entré en estado de negación y comencé a pensar que, a guisa de broma, me había puesto el simpático viejito la película de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche. Aquello estaba tan esponjado como perro de rica y lo menos que recordaba era el año 2007. Again, vuelta al pasado... y no a un pasado glorioso y bonito, sino a ese pasado que huele a bolitas de alcanfor, a nostalgia fuera de lugar, en fin, a un pasado del que ni siquiera fui parte porque nací en 1980. ¡Terrible! en cuanto salí de la estética me despeiné, fingí demencia y caminé rumbo a la casa tratando de no pensar nunca más en mí, ni en mi imagen (que tan mal paga los esfuerzos que uno hace para no espantar al gran público) y me fui a ver una película en la oscuridad de mi cuarto donde nadie más tuviera que soportar la fealdad reificada que se había apoderado de mí.

viernes, agosto 31, 2007

Gracias a Dios es... vieeernes

Y pa' celebrar esas pequeñas glorias que son los fines de semana (en especial los retozones) pongo en marcha un pequeño catálogo de frases o refranes de sabiduría popular que escuchaba, sobre todo, cuando vivía en Huásabas y que mi mente retuvo y trae a colación de vez en vez. Los autores putativos no fueron necesariamente sus creadores, simplemente recuerdo esa frase como proviniendo de ellos, porque su origen resulta inrastreable (si es que la palabra existe). Se aceptan sugerencias para engrosar tan necesario catálogo y salvarlo de la desaparición por inanición verbal, indiferencia o, simplemente, olvido (tan saludable que resulta).

- "¡Cómo se riera el diablo de mí!"
María Ortiz Durazo de Durazo (mi abuela materna)
Para negar cualquier permiso, porque su consentimiento podría interpretarse como un intento de relajar la férrea disciplina que debía imperar en toda casa decente. Mi mamá la solía utilizar para fines semejantes (aunque la disciplina, para nuestra suerte, era mucho más humana y relajada).

- "Agarra fama y acuéstate a dormir"
Plácida Moreno Acuña (la tía Plácida)
Una vez que te hiciste célebre por tal o cual reputación, ya no necesitas hacer (o no hacer) nada para que ciertos actos se te imputen con mucha facilidad.

- "Echarse la cruz a cuestas"
Carmela Moreno Acuña de Barceló (abuela paterna)
Dícese en particular del matrimonio, si te tocó un marido que deje qué desear, es lo mismo que hizo nuestro Señor rumbo al Calvario, cargar la cruz hasta morir con ella. Supongo que la indisolubilidad del matrimonio católico contribuye a esta visión tan pesimista de la relación de algunos próximos.

- "¡Ay, pobrecito" (léase siempre mientras se inspira, para denotar mayor conmiseración)
Mis tías paternas
Se utiliza para compadecer empáticamente a todo mundo. Lo curioso es que se usa tanto en las buenas como en las malas: "Ay, pobrecito, le dieron trabajo en Europa", "Ay, pobrecita, tan cumplida con sus labores". En fin, úsese como muletilla en los más variados contextos e, indefectiblemente, inspirando porque de lo contrario no tiene ningún chiste.

- "Está bien ser cochi, pero no tan trompudo"
Víctor Durazo Ortiz (tío materno)
Una cosa es tener defectos y otra cosa es irse de boca sin el menor reparo o escrúpulo en las acciones condenables. O sea, lo cochi (cerdo, en Sonora) se perdona, pero hasta cierto punto.

- "¡Qué cabeza! ¿no? ni para hacerla con chile"
Julián Barceló Moreno (tío paterno)
Especial para las personas que, a pesar de tener cerebro, no suelen utilizarlo ni para las cuestiones de sentido común. Entonces, se dice que su cabeza es tan inútil que no sirve ni para ser cocinada con chile.

- "Déjalo, no llora sangre"
Azucena Durazo de Barceló (mi mamá)
Frase de desdén al berinche lacrimoso de cualquiera de sus hijos, cuando nos poníamos dramáticos y queríamos remediarlo todo con deprimente llanto. Resulta particularmente irritante cuando se usa en la etapa de la pubertad, porque las hormonas no respetan ni el más mínimo intento de raciocinio.

- "Vete por la sombrita"
Mamás y abuelitas huasabeñas a sus hijos o nietos
Yo la interpreto como eufemismo menos cariñoso de "cuídate", porque en aquellos tiempos no fregaban tanto con el cáncer de piel por exposición a los rayos de sol.

Y las que se agreguen....

martes, agosto 28, 2007

Malos ratos...

Hace un rato me puse de tan mal humor! pero de tan mal humor que traía la cara con el ceño fruncido, la trompa apretada y una mirada cortante, terrible, de navaja recién afilada. Y no podía quitar ese gesto, porque algo por dentro estaba reteniendo una violencia contenida. Pero no violencia física, ésa siempre me ha parecido de muy mal gusto, tanto a nivel individual de agarrarse a golpes, como las guerras, guerillas y actos terroristas. No, era una violencia de otro tipo, que me hizo intolerante a los pequeños detalles que suelen ser molestos, para considerarlos dignos del más escandaloso desprecio.

Para empeorar las cosas tuve que salir a la calle y caminar en medio de personas que cada vez me parecían más insoportables por cuestiones que normalmente nada más no me importan. E interiormente dejé de ser políticamente correcto y empecé a insultar todo lo que me caía mal, a veces con comentarios hirientes, otras veces sólo con lenguaje procaz y las más de las veces evitando cualquier sarcasmo, ironía o cualquier tipo de sentido figurado, para proferir la ofensa lo más directamente posible. Y andaba de un intolerante que les hubiera dado envidia a Franco y al propio Pinochet si hubieran sido testigos (y si no estuvieran ardiendo en el infierno). Y así le dije a un tipo que hablaba por celular mientras su chofer lo recogía en su carro lujoso en lugar inapropiado, estorbándome el paso: "Ni andar en un Saab te quita lo naco... es más, te lo acentúa". Y luego veo a la tipa que se pone en los portales del antes Ayuntamiento de la ciudad de México, disfrazada de no sé qué e inmovilizándose en poses ridículas para que la gente le aviente monedas, con sendo cartel de "Por la libre manifestación de las ideas", reclamando que nadie regule su actividad lucrativa que ni poniéndose posmoderno resulta artística. Y también le grito interiormente: "¡Ridícula, no uses eufemismos para reclamar tu "derecho" a hacer tu ocioso negocito de estar parada sin producir belleza de ningún tipo, pero además, sin producir ninguna maldita idea, porque lo más probable es que simplemente no tengas ninguna maldita idea que manifestar!". Y por dentro les gritaba a todos los que se usan gel en cantidades industriales, para que el mal gusto de su peinado dure un mínimo de 300 horas sin moverse ni con temblores de 8.5 grados Richter o a pesar de toneladas de escombro, el daño ecológico que provocaban al usar una lata de gel por semana, con el único resultado de causar un daño aún mayor al patrimonio estético de esta ciudad.

Y así seguí mi trayecto profiriendo diatribas, mandando a la gente al gimnasio, o a trabajar, o a recluirse a sus casas o a donde estorbaran menos con su presencia. Y ningún vendedor ambulante se puede quejar de que no lo haya mandado a freír espárragos con algún ingenioso insulto, sin más gestos que una mirada furtiva que atravesaba carnes y ropas y lentes de sol. Fue tan efectivo mi recurso para liberar violencia que al rato me ganó la risa con los insultos callados que le iba acomodando a cada ser humano, acontecimiento o cosa que me pasara por la vista. Y luego recuperé mi humor neutro de horas de trabajo, satisfecho de haberme liberado de tanta molestia que causa todo aquello que hace la vida imperfecta (o sea, casi todo y todos).

jueves, agosto 23, 2007

In memoriam

Mi bonsai è morto!!!

En realidad, no era un bonsai en sí, sino una planta con forma de arbolito miniatura. Y lo más triste no es que acabe de pasar sino que acabo de salir del período de negación. Cuando regresé de Hermosillo, hace casi un mes quedé horrorizado con el estado en el que se encontraba: todas su hojas secas y un aroma como a pasto seco que hubiera sido la delicia de cualquier cabra. Habían pasado casi dos semanas que estuve fuera y olvidé dejar encargado a alguien de regarlo; al parecer, de manera espontánea no se le ocurrió a nadie de los que transitaban cerca de una moribunda miniatura vegetal, regarlo aunque fuera una vez. Entonces, lo tomé entre mis brazos y lo sumergí en una cubeta con agua, hasta que dejaron de salir burbujitas de la maceta, siguiendo fielmente las indicaciones que me dio la viejita que me lo vendió. Y así lo seguí haciendo religiosamente todos los días, lo sacaba una hora a que le diera el sol y lo movía siempre a lugares donde le diera el aire fresco. Después de un mes de tenerlo en terapia intensiva se hizo evidente que aquel árbol no iba ni para atrás ni para adelante: seguía en estado vegetativo... y vegetal, pero ésa siempre fue su naturaleza. Hace dos días dejé de regarlo y hoy sólo regué al otro arbolito que le hacía compañía, que ni de cerca era tan bonito pero que aguantó las dos semanas de sequía y resucitó a los pocos días que lo sometí también a él a terapia, aunque no tan intensiva como a mi bonsai. Ya me di por vencido de que ni por casualidad manifieste ninguna mejora. Y lo voy a dejar en su mismo lugar por tiempo indefinido, porque hasta eso que las hojas no se le cayeron, sólo se le murieron, y mientras su estado de descomposición no sea tan avanzado como para todavía pasar por un adorno de naturaleza muerta, seguirá haciendo bulto en la barra de la cocina.

Si desde que me lo vendieron debí haber supuesto que sólo traería desgracias a mi vida. Un día paseando por la plaza de San Ángel, este barrio encantador de la ciudad de México, con calles empedradas, casonas coloniales de brillantes colores, plazuelas llenas de pintores mercenarios del "arte", bazares y vendedores de bonsai y otras plantitas acordes con el minimalismo y el feng shui. Estaba una linda y tradicional viejita subiendo las plantas que vendía a su carro y llevaba entre sus manos un simpático bonsai con florecitas blancas y moradas intercaladas. Le habían dado forma de arbolito con alambres que crearon una rama principal y tres ramas secundarias, las cuatro rematando en follajes esféricos. Y como las ramas eran flexibles y estaban rodeadas de alambre, podrías modificar su forma a tu mejor parecer lo cual lo hacía todavía más simpático. Así que me pareció una linda opción para incluir algún elemento decorativo al departamento, que carecía terriblemente de ellos. Mi trago amargo fue cuando le pregunté a la viejita cómo debía cuidarlo. Yo pensé que iba a ser algo como: riéguelo una vez por semana o algo así. Pues no... había que regarlo a diario, pero sumergiéndolo en una cubeta a un nivel de agua unos cuatro centímentros arriba del borde de la maceta, hasta que dejara de burbujear. Y había que sacarlo al sol por lo menos una hora diaria, etcétera... En ese momento comprendí que había sido un error y que mis niveles de responsabilidad y delicadeza no son suficientes para hacerme cargo de un bonsai, pero ya era tarde. Nunca cumplí a cabalidad con todas las instrucciones, para empezar porque salgo de la casa antes de que salgo el sol y para cuando regreso ya se puso otra vez, y eso de la cubeta, por Dios!!! no me la podían poner más difícil. Así que, mal que lo diga, pero me siento un poco aliviado por el sensible fallecimiento de mi bonsai que seguro ambos la pasaremos mejor, él en una lata de composta y yo en lo de siempre...

De cualquier manera... Requiescat in pace

jueves, agosto 16, 2007

De porqué nadie se libra de los abogados

Yo no sé qué le pasa a este mundo. Deben ser los chacras... y el chancro, o la implosión de estrellas gigantes en agujeros negros, pero de unos años para acá, me parece que está cada vez más con las patas para arriba. Que si tsunamis, o ántrax en las cartas que reciben por correo gringos cada vez más asustados hasta de sí mismos (eso con justa razón), o veinte mil personas desnudas en el Zócalo de la ciudad de México... en fin, un largo etcétera de una serie de eventos desafortunados.

Y ahora llego a mi trabajo, contento por empezar un nuevo día (prrrrtttt), redacto un oficio, tomo un vaso de agua, abro mi correo institucional y ¡oh sorpresa!: demandaron a Dios. Sí, el todopoderoso, omnipresente, omnisciente e inconmensurable Dios de nuestros días no se ha escapado de que un quejoso interponga ante los tribunales senda demanda, inculpándolo de incumplimiento de contrato.

Vamos por partes: el hecho ocurrió en Rumania (tenía que ser la tierra ancestral del conde Drácula), el demandante se llama Pavel Mircea (a mí se me hace que es el mismísimo Draculia, o seguro uno de sus descendientes), de 40 años (eufemismo para decir inmortal, sí con toda seguridad es un vampiro inmortal). El dichoso rumano se encuentra en prisión, cumpliendo una pena de 20 años por homicidio. Se encuentra terriblemente molesto con Dios por haber fallado una de las disposiciones del contrato que celebró con él, en el que el demandado se comprometía a protegerlo. Pues tan irresponsable Dios que anda creando hombres y luego los deja solos y al rato vuelve para descostillarlo y darle pareja (una zorra según dicen los testigos), y andan ahí desnuditos, enseñando sus partes a todos los transeúntes, a merced de serpientes malignas que los hacen comer de las manzanas que NO se deben tocar. Y no le bastó con hacerlo una vez, luego creó un rumano en el siglo XX y lo dejó a expensas del mal. Entonces el rumano, con justa razón, me parece, (aunque también me causa suspicacia su evidente relación con Drácula) lo demanda por haber incumplido su contrato de cuidarlo y haberlo dejado a merced del mal, lo cual evidentemente lo llevó a matar a una persona porque, claro, ¡qué coraje!

Falta informar que nuestro flamante rumano (también dicen que era amante de Nadia Comăneci hasta que se enfadó de ensayar posturas para retar su flexibilidad) consideró como contrato entre las partes la fe de bautismo. En su demanda, señala como domicilio del culposo "residente en el cielo y representado en Rumania por la Iglesia Ortodoxa" (sí, esos gorritos que se pone el patriarca Alexius II nunca me han dado buena espina, aunque la Iglesis Ortodoxa Rumana es autocéfala, a lo mejor por eso representan a incumplidores de contrato, y no tiene mucha relación con el líder de la ortodoxia rusa, pero seguro las malas mañas de pegan).

Los cargos que se le imputaron (que promiscua me resulta esa palabra) son: abandono (como lo que le hizo al compositor de "Mamá soy paquitoooooo.... no haré travesuraaaaas"), fraude, abuso de confianza (le salió muy concha, parece), tráfico de influencias (imagínense, en México también usa al cardenal Norberto Rivera, con su bellísimo rostro, y hasta al presidente Calderón, pero sólo cuando hace falta), abuso de autoridad (yo a veces también lo he querido denunciar por eso) y apropiación indebida de bienes (como cuando se llevó al perrito de la vecina).

Lo malo es que la Corte de Timisoara (que dicen es una chica muy inflexible, resultado de las burlas infantiles por su infame nombre) ha rechazado su caso, alegando que Dios no es un sujeto de derecho (ya estaba yo pensando que es un sujeto de izquierdo como Marx o el Ché Guevara) y que no posee una dirección (debe ser que leyeron mal la demanda, porque ahí se señalaba que su domicilio era el cielo, o bien, al actuario le dio flojera ir a notificar hasta allá, sobre todo con el miedo que genera el carácter iracundo de San Pedro que ni para ir al baño deja libre la entrada, ni siquiera para notificar demandas de tan elevada importancia).

En fin, entre eso y que el Sultán de Brunei no pagó un Corán de 8 millones de dólares y 400 años de antigüedad empecé mi día con una zozobra terrible. De verdad, ¿a dónde vamos a ir a parar si ni Dios ni el César cumplen sus contratos?

miércoles, agosto 08, 2007

De porqué no estoy de acuerdo con los sinónimos

Crecer en un lugar y luego vivir en otro puede acarrear severas complicaciones a tu vida por causa de los sinónimos. Bueno, matizando... la severidad puede tener diversos grados: desde alguien viéndote con una ceja levantada y la otra fruncida porque no te entiende lo que le estás diciendo (o visceversa), aunque ambos sean hablantes nativos de la misma lengua hasta ridículos en público, terribles descortesías bienintencionadas o, incluso, la muerte.

Vamos por partes, hoy por la mañana necesitaba borrar una marca con lápiz que había hecho en un oficio que íbamos a enviar a una dependencia. El instrumento que cualquier sonorense hubiera pedido es un borrador, sí pues, para borrar!!! y así lo hice. Pues mi compañero de trabajo hace la ya descrita mueca de las cejas apuntando a direcciones contrarias y me inquiere: ¿o sea, cómo...? - Pues cómo que cómo, pensé yo, para inmediatamente caer en la cuenta que los guachos no conocer al borrador como borrador sino como goma... "ah! entonces, una goma por favor"... Estamos en el mismo país pero unos decimos miralejos y los de acá binoculares, uy uy uy... pues si son pa' mirar de lejos; los de aquí palillos, nosotros picadientes, idem, son pa' picar los dientes; y que si una cosa es el tomate y otra el jitomate... en el hoyo, el tomate es rojo y punto, ese engendro verde sepa Dios para que sirva y si ya se decidió que tenía que existir pues que se llame tomate verde, no? Y el colmo de colmos, resbaladilla en vez de resbaladero, ésa no tiene progenitora, suena a película mal doblada, si para lavar es el lavadero, para resbalar tiene que ser el resbaladero, o alguien se atrevería a llamarle lavadilla, como en "hago tanto ejercicio que tengo el estómago de lavadilla"... Y eso es sólo en el mismo país, de multimillonaria población, eso sí, pero el mismo; si cruzas el Atlántico la cosa se puede poner peor como que un trapeador, si un trapo para trapear se puede llamar en España fregona. Yo aprendí de niño que fregona es aquella mujer que se friega a los hombres, o sea, que les gana la partida en diversos campos. Y cuando oía a mis amigos españoles referirse a la fregona no podía más que imaginarme a un trapeador parado en autoritaria posición y dominando hombres, lo cual ya rayaba en demencia.

Otro amigo también de Sonora que estuvo trabajando en México, D.F., iba a llevar un sobre con una carta a una oficina. Una secretaría le dice: "ponle diurex" y él responde "que le ponga qué?", ella repite "ponle diurex"... pues mi amigo muy obediente aunque un poco confundido por la instrucción, saca la pluma y escribe en el sobre con letra bastante visible "diurex." (así, con punto al final para que se entienda que esa carta lleva diurex). Habían de saber ambos participantes que diurex le llaman en el centro del país a lo que en Sonora llamamos scotch, léase "escatch" o cinta scotch. Y que "ponle diurex" no era escribe la macabra leyenda de diurex para que la lean rápido, sino ponle algo de cinta adhesiva para mayor protección.

Y lo peor es tratar de usar los sinónimos que no son de tu uso corriente cuando estás con la gente que sí los usa para tratar de complacerlos hablando en sus mismos términos. Yo que antes hubiera creído que era una linda cortesía, ahora lo desaconsejo con todo el furor porque me provocó una muy mala experiencia, que ahora describo. Justo cuando llegué a Francia conocí a varios amigos españoles, básicamente los únicos con los que hablaba español era con ellos y ya les había oído varios términos que me resultaban simpáticos y que estaba dispuesto a utilizar en la primera oportunidad... que si cutre, que si guay... Conocí en eso a una maestra de español de Andalucía, a su esposo e hijas que vivían en el mismo pueblo donde aterricé.. Después de una visita de cortesía para tomar el aperitivo nos invitó a mí y a otro asistente de lengua a cenar a su casa, a lo cual accedimos gustosamente. Para la cena la maestra nos deleitó con algunas especialidades francesas, muy ricos quesos, excelente foie gras, buen vino, en fin... estaba yo tan complacido que me pareció oportuno utilizar uno de sus términos para ensalzar aquella deliciosa cena. Y le digo: "Belén, qué cena tan cutre nos has preparado!!!", imagínenme con cara de idiota (no debe costar trabajo) y sonriendo de oreja a oreja mientras profería mi cumplido. E imaginen la cara de Belén desfigurándose, los ojos como saliéndosele de las órbitas y diciendo con tono molestísimo "como que qué cena tan cutre os he preparado". Entonces, levantando las cejas le pregunto "¿pues qué significa cutre?" y la respuesta fue algo así como "significa tacaño, miserable, vulgar"... Unos colores me iban y otros me venían a la cara cuando trataba de disculparme y explicarle la inverosímil frase de "mi no comprende espaniol" siendo tan mexicano como soy. En todas las pláticas previas con los españoles había yo interpretado que cutre era "qué padre, qué bonito" y que guay era "qué feo, qué malo"... es decir, no había entendido yo nada de la conversación.

Por todas las razones antes expuestas, me declaro enemigo de los sinónimos y propongo la censura e inmediata eliminación de una palabra que signifique lo mismo que otra para bien de los pueblos hispanoparlantes y engrandecimiento y mayor gloria de la lengua española. He dicho.

martes, agosto 07, 2007

De porqué preferir unos alimentos sobre otros

Divagando en etéreos temas irrelevantes y superfluos, llegué a la conclusión de que la mejor comida del mundo es la pizza. Y ni siquiera me refiero a las originales, las italianas, de costra delgada y que se comen en plato con tenedor y cuchillo. No, la mejor comida del mundo es la pizza reinterpretada por el estilo de vida hedonista, consumista, conformista, ésa que viene en cajas de cartón y que prescinde de cubiertos, que prescinde de buen vino y queda mejor con una enorme y fría botella de burbujeante coca-cola. Es la mejor del mundo porque, en general, prescinde de escrúpulos, de formalismos y de conteos de calorías.

Si el acto de comer debe ser placentero, el paladar no debería trabajar en lo absoluto tratando de determinar decenas de sabores, que si el platillo llevaba comino, estragón o romero... pamplinas con el queso brie, el prosciutto y crème brûlée para compartir, ¡bah!... Harina, queso, carnes frías y puré de tomate y no se requiere más (bueno... si es en México también salsa picante). Pero sobre todo no necesitas ni siquiera levantarte del sillón, ajuarado como estás con una pijama que no ajusta nada de tu anatomía, para ordenarla y el único esfuerzo que harás será pararte a recogerla a la puerta cuando llegue el repartidor. Nada de hacer reservación o más o menos ponerte ropa decente para ir a algún restaurante. No, con la pizza inmediatamente te puedes dar a la tarea de devorarla sin usar ningún instrumento más que las manos (Dios bendiga el dedo abatible), al tiempo que ves alguna película que no te haga mucho pensar porque, ¡por Dios!, qué incómodo pensar mientras comes. Listo, con esa explicación queda más que claro porqué se debe preferir la pizza de franquicia a cualquier otro alimento.

viernes, agosto 03, 2007

De porqué un huasabeño nunca debe ir a la ciudad...

La vida en la ciudad puede convertirse de un momento a otro y casi sin avisar en un deporte extremo. Ayer estuve a punto de morir (así me lo pareció) de la nada glamourosa causa de compresión de la espina dorsal entre una puerta automática del metrobús y un tubo para sostenerse que no estaba lo suficientemente lejos de la puerta como para que cupiera mi delgadísimo torso. Nunca había entendido tan bien el concepto de la tenacidad como al contemplar aterrorizado cómo la puerta no cedía sus impulsos de abrirse totalmente aún en perjuicio de un cristiano apachurrado y donde parecía que ya no podía violarse el principio físico de la impenetrabilidad (es decir, que el espacio que ya está ocupado por un cuerpo no puede ser ocupado por otro simultáneamente), pues se demostró que los pulmones pueden reducir su tamaño al infinito cuando una puerta de metrobús se lo propone.

Ya estoy yo acostumbrado a parecer pintura de Picasso en las horas pico del transporte público chilango para que mis extremidades se contorsionen de maneras nunca antes sospechadas ni siquiera por el Kamasutra con el único objeto de ser transportado de un lugar a otro. Así sea entre jamones, barrigas, bustos y traseros más prominentes de los que debería permitir el Departamento de Transportes, me muevo muy frecuentemente y sigo prefiriendo tan folklórico caldo humano que perder altos porcentajes del día en el carro, en medio de calles que avanzan a velocidades desesperantes por culpa del tráfico, sin poder divertir tu atención en la lectura o el sueño, so pena de ir provocando más caos vial a tu paso. Pero nunca me había pasado que quedara prensado por la puerta/tubo asesinos de un híbrido de metro y autobús sin que nadie hiciera nada al respecto, además de contemplar con curioso interés los crecientes gestos de desesperación que se dibujaban en mi cara tratando estoicamente de no gritar cual gallina a punto de ovar que terminara mi tortura urbana. Y para colmo de males lo que más me traía preocupado es que traía puesto el traje nuevo y que con esos jaloneos ya lo veía yo quedando como red de pescar, apenas con unas dos puestas. Para mi fortuna y el de quien hubiera tenido que pagar mi indemnización y seguro de vida, sigo aquí vivo, coleando, un poco adolorido pero sin ninguna costilla rota y el traje todavía puede seguir prestando sus servicios.

miércoles, agosto 01, 2007

Elogio de la ociocidad veraniega

No importa cuánto tiempo, ni cuán lejos, ni hasta dónde llegue en vacaciones: son reparadoras, desgastantes, bonitas, desestabilizadoras y caras. Esto de caras tenía yo todo el propósito de evitárselo a las últimas vacaciones que tomé, con eso de que iría a la casa donde el hospedaje y la alimentación son gratuitos y all inclusive. No hubo manera, terminé gastando más de lo que pensaba y (como de costumbre) de lo que quería. De las demás características me hago cargo y hasta me gustan. No digo que no cambiaría algunas cosas (irregularidad del sistema digestivo, por ejemplo) pero siendo como son el resultado de pasarla muy bien, las asumo. Ni modo, hay que cansarse para aprovechar al máximo tu viaje, no poder descansar "a tus anchas" porque hay muchas cosas padres que hacer, también retribuye y gastar mucho porque lo bueno generalmente cuesta es un oportuno recordatorio de que tu salario no es más que el medio para las cosas buenas de la vida. Y hubo de todo, tanto asuntos clínicos: consultas y cirugía menor, como asuntos sacramentales: ser padrino en un bautizo y la confirmación de un sobrino; asuntos patrimoniales: compra del ex-markitosmóvil y también frivolidades: shopping de artículos para ser fodongo en los iunaited y un dejo de vida nocturna.

Pero tampoco importa cuán bien te la pases, también añoras tu cotidianidad. La linda cotidianidad con tus procedimientos estandarizados; tus lugares designados para cada una de tus pertenencias, incluida la más importante: tu propio cuerpo; tus actividades sencillas y cómodas; y la gente que está siempre por ahí en un día normal y cuya sonrisa y plática no se sabe que se extraña hasta que no se tiene. Y así ha sido mi regreso: un reconfortante reencuentro con las coyunturas de mi vida presente.

Aunque, paradójicamente, regresar es también la ocasión en la que indefectiblemente añoras estar inmediatamente de vacaciones una vez más. El síndrome "el lunes ni las gallinas ponen" se agrava terriblemente los primeros días de reintegración a tus clases o chamba. Para colmo, las imágenes de todos aquéllos de quienes te despediste (aunque si por ti fuera hubieras cargado con ellos a tus nuevos lares) están incesantemente invadiendo esa mente que hace tiempo no está serena. Y recordarlos te produce una sonrisa autocomplaciente para evitar poner la carita de :s que luego se convierte en carita de :( para terminar en los peores ratos en carita de :'( y si a eso se agrega mi situación actual en la que dos de mis mejores amigos parece que se pusieron de acuerdo para partir, casi al mismo tiempo, a rumbos contrarios y lejanos de la latitud en la que ahora vivo, pues la cosa podría ponerse grave. Afortunadamente, sigo echando mano de mi capacidad de adaptación a nuevas circunstancias para encontrar alicientes en los cambios de la realidad. Jugar con los vaivenes, subir y bajar, el gordo y el flaco, blanco y negro, arriba y abajo, la bella y la bestia, la nieve y el estío. Buscados o aparecidos, esos vaivenes parecen convertirse en el hábitat de existencias cada vez más postmodernas, postindustriales, preapocalípticas y calientemente globalizadas.

miércoles, julio 11, 2007

Nuevos descubrimientos




Procurando aprovechar para hacer cosas de provecho finsemaneras, este domingo decidimos salir a algún lugar fuera del D.F., a pueblear, decimos aquí. Es decir, a recorrer algún lugar pequeño que esté en las cercanías. La verdad es que el Valle de México y sus alrededores es impresionante. No sabíamos a dónde ir, ya habíamos usado el tiro de Cuernavaca en repetidas ocasiones, también habíamos conocido ya Querétaro, Morelia, Puebla, Tepoztlán y Acapulco. Tenía que ser algo cercano, de máximo dos horas porque iríamos y vendríamos el mismo día. Pues surgió la fenomenal idea de ir a un pueblo que se llama Tepotzotlán (no Tepoztlán que para nuestra continua confusión está en el Estado de México y no en el de Morelos, ambos colindantes con el Distrito Federal, pero uno al sur y el otro al norte). Yo, en lo particular, sabía un poco más que nada al respecto del lugar. Lo que me animó particularmente es que es un Pueblo Mágico, categoría de la Secretaría de Turismo para lugares pequeños, normalmente muy antiguos - coloniales - y muy bien conservados. Debe ser mi alma pueblerina, pero me fascinan esos lugares, pasear por calles empedradas sin que los carros te amenacen con su paso, visitar casas antiguas y asomarme a los jardines interiores llenos de plantas y poltronas (mecedoras) donde se mecen normalmente acicaladas ancianas que, por idealizarlas, me parecen siempre solteronas pertenecientes a alguna cofradía del Sagrado Corazón.

Pues Tepotzotlán resultó ser una muy agradable sorpresa. Su principal atracción es un convento - colegio jesuita del siglo XVI que alberga el Museo Nacional del Virreinato y expone obras pictóricas e indumentaria de los tres siglos que duró la colonia española, cuando el actual México era la parte principal de los dominios del Virreinato de la Nueva España. La joya de la corona es una iglesia dedicada a San Francisco Xavier, evangelizador jesuita que murió en Oriente. Tiene cinco retablos barrocos churriguerescos cubiertos en hoja de oro que agolpan tu vista al entrar, abochornando el vacío que no se atreve a dar la cara, entre altares, esculturas y pinturas rodeados de una ornamentación impresionante. Por si la iglesia en sí fuera poco, también tiene adicionada una capilla, conocida como casa de Loreto, que es una verdadera preciosidad. No hay lugar al que voltees que no te ataque con alguna visión polícroma y ensalsadora de la iconografía católica. Hasta el suelo es una obra de arte, hecho de preciosos azulejos que puedes contemplar sin pisarlos porque están protegidos por un cristal que los recubre. Tiene una bóveda con múltiples niveles, con personajes distintos en cada uno, a la manera de los círculos concéntricos que forman el fresco de la bóveda de Brunelleschi de la catedral de Florencia, pero no pintados sino esculpidos y recubiertos de pigmentos multicolor enmarcados con detalles en lo que yo asumo que es oro.

El convento es enorme, con varios patios interiores hermosos, capillas, así como una preciosa biblioteca muy antigua que amenaza severamente de excomulgar a todo aquel que sustraiga sus libros y no los vuelva a su lugar. Algo estricto habrá sido el colegio si aplicaba tales sanciones y yo me asustaba porque me dijeran que se me iba a aparecer el fantasma del director sin cabeza. Estar en un lugar como ese realmente te traslada a otros tiempos que pareciera que sólo pertenecen a los museos, pero que en realidad fueron parte de la vida cotidiana de la humanidad en otros tiempos, o debo decir, de otra humanidad en ese tiempo. Sólo pensar en no poder usar pantalones de mezclilla me parece inconcebible, así que las demás costumbres y formas de vida del virreinato son una linda nostalgia que espero nunca vuelvan a imponerse.

Y ya que andábamos por ahí, fuimos a un acueducto que nos informamos que había por ahí, sólo estaba a treinta kilómetros del pueblo, así que no debíamos tardar mucho tiempo en llegar. Fue otra maravilla aún no descubierta por la crítica. Es un acueducto no muy largo pero bastante alto en la parte en la que se encuentra un arroyo, cuya corriente hace ruidos que retumban hasta lo alto del acueducto. El lugar se llama Arcos del Sitio y tiene un paseo padrísimo que incluye dos puentes colgantes a la Indiana Jones para poder ver el Acueducto justo de frente. El verdor de los campos aledaños con lomas forradas de pasto, cual casa de los Teletubbies, era un verdadero espectáculo para todos los sentidos, porque no sólo la vista se atiborraba de belleza, también oías y sentías un fresco y delicado viento, podías oler a árboles, a humedad, a naturaleza, sentirte a años luz de las contaminadas calles de la ciudad de México, como si estuvieras en una isla virgen del oceáno que quisieras escogen en los delirios de tu imaginación. Y en realidad estabas como a media hora de los confines de la mancha (literalmente) urbana más grande del mundo. El camino había sido un tanto tortuoso porque la mitad de la carretera, la parte que estaba en muy buenas condiciones, estaba plagada de topes, pero a manera de parecer una broma de muy mal gusto, porque no dejabas de pasar uno (altos como tapias los condenados) cuando ya tenías que volver a frenta porque enseguida estaba el siguiente. La otra parte, la que no tenía topes, parecía zona de guerra, unos hoyos marca diablo que en ocasiones era imposible evadir. De tal manera, que uno de los acompañantes sugirió mejor salirnos de la carretera y conducir el carro por la orilla, lo cual, aunque fue a guisa de broma pudo haber sido una muy útil sugerencia. Pero la vista hacía que lo olvidaras todo (sobre todo si no eras tú quien iba conduciendo). Hubo que bajar las ventanas y los quemacocos del carro y dejar entrar el viento que, aunque deshidrata la piel, se siente tan bonito.

De regreso a la ciudad, nos recibió la lluvia, una lluvia fuerte, a cántaros, que hizo que el tráfico fuera más lento, como recordatorio pertinente de que ya estábamos de vuelta en la ciudad. Un dolor de cabeza que no se quitó hasta que me durmió también me trajo de regreso a la realidad, la triste realidad dicen algunos para referirse a la cotidianidad y la rutina, pero no, no es tan triste, tiene lo suyo. Hasta caminar por las calles en - lo que me parece - la perpetua reparación de las calles del centro histórico por donde camino a diario para llegar al trabajo y que parece escenario apocalíptico, tiene su gracia; la auténtica gracia de una vida que no es ni de revista ni de postal, que sólo es eso: tu vida.

jueves, julio 05, 2007

Hay de semanas a semanas


Ésta que pasó fue peculiar, intensa, hermosa, cansada. Hace justo una semana fue mi graduación de maestría y con ella vinieron aparejadas muchas emociones que confunden a tu sonrisa; en orden descendente: euforia por el término de la carga académica, felicidad por entrar a otra etapa de tu vida, alegría por cumplir una meta importante que te habías trazado, entusiasmo por la ceremonia y festejos de la graduación per se, desasosiego por dejar de ser estudiante (con tantas ventajas que tiene, particularmente la que relaciona tu actividad con la juventud y la no obligatoriedad de la madurez), tristeza por saber que ya no verás a tus amigos y compañeros de aula casi a diario, cuando tanto por costumbre como por afección los habías incorporado fuertemente a tu vida y depresión por todo lo que sabes que vas a extrañar de una maestría que absorbió dos años de tu vida, dejando huella indeleble.

Pues con este motivo graduatorio vino a visitarme una muy buena parte de mi muuuy abundante familia, para acompañarme y verme después de casi cinco meses que no nos veíamos. Llegaron unos un día antes de la graduación y el resto el mismo día. Fue genial poder compartir con ellos mi escuela que sólo conocían de oídas, presentárselos a mis amigos y que mi familia los conociera. Pero, además, pasear por la ciudad de México conmigo mismo de guía turístico. Yo, que apenas si cargo con mi humanidad en la gran urbe, tenía adicionalmente que hacerme cargo de otros siete individuos de muy no-chilangas dimensiones. El reto era enorme: entretener a miembros de generaciones e intereses muy diferentes, mostrarles los mejores lugares de la ciudad para garantizar que hubiera valido la pena el sacrificio que hicieron en venir de tan desérticas y lejanas tierras hasta la capital de la garnacha. Llevarlos a comer a lugares donde no les fueran a servir sendo coctel de microbios que les fueran ajenos y terminaran por postrarlos en cama con recurrentes viajes a la enorme tasa de porcelana (y en la ciudad de México hay que tener bastante cuidado con eso).

El resultado fue muy bueno, en mi consideración, y ya están casi todos de regreso en el calor agobiante de Sonora y no hubo ningún incidente que lamentar. Lo más parecido a accidente digno de proferir un ¡Ay caramba! fue que, entre la confusión de muchas maletas y mismo número de seres humanos, mi cartera fue a parar a más dos mil kilómetros de distancia de la bolsa trasera de mi pantalón. Sí, se la llevaron hasta Hermosillo, pero inmediatamente conscientes del error me la mandaron y al día siguiente ya tenía conmigo mi tarjeta y mis identificaciones, todo completo excepto por 20 mexican pesos que fueron requeridos para qué sé yo qué cosa.

Pero las horas de sueño se empezaron a hacer necesarias y ya en el trabajo empecé yo a notar que los párpados superiores de mis ojos no querían otra cosa que estar pegados con los inferiores. Y anda que se atravesó una junta y solo porque Dios es grande no caí con la cabeza arriba del escritorio para sorpresa de los ahí reunidos, de tan cansado que me sentía. Para mi fortuna, ya me recuperé y ya están otra vez las neuronas funcionando con regular armonía (bueno, evitemos la hipérbole y dejémosla en que ya están funcionando).

El tour incluyó: graduación de un familiar con mariachi en la ceremonia (que yo no me esperaba), cena, paseo por el centro histórico, ruta casi completa del Turibús (con lluvia y frío incluidos para los que valientemente decidimos permanecer en el descubierto segundo piso de tan particular medio de transporte), La Condesa, centros comerciales, Teotihuacán, paseo en trajineras en Xochimilco el mismo día que dos adolescentes murieron ahogados, carne asada sonorense fuera de Sonora, Coyoacán, Basílica de Guadalupe, Hard Rock Café, Café Tacuba...

Sólo de recordarlo me vuelvo a cansar... y me vuelvo a sentir muy contento.