martes, octubre 02, 2007

¿Qué es un blog?

Viene de la expresión inglesa web log que es algo así como pegar cosas en la web. Y exactamente eso es para mí: pegar cosas. Aunque ahí viene la parte complicada porque qué cosas son las que merecen la pena ser pegadas. Mi respuesta convencida es: todas. Porque la idea no está reservada a los ilustrados, ni siquiera a los pensantes, es un medio abierto a todos aquellos con acceso a Internet que tengan las suficientes capacidades técnicas para escribir algo (o sea, miles de millones de personas ¡oh, no, qué horror!).

Habiendo dicho esto, quede expresado que no tendría que pedir disculpas por publicar las cosas más irrelevantes, aunque agradezco el esfuerzo de quienes sí escriben sesudamente y aplaudo a quienes lo hacen con talento (y buena ortografía). Pero en la esfera bloguera soy completamente condescendiente conmigo mismo y olvido la mayor gravedad que tiene la palabra escrita y soy completamente conversacional. Efectivamente, para mí el blog desde sus inicios fue sólo un medio para conversar, aunque debo reconocer que de manera bastante unilateral porque es más lo que yo digo que lo que yo oigo de probables interlocutores.

Entonces, ¿a quién le interesa mi disertación sobre la función de los blogs? Básicamente, a nadie (y lo digo con cinismo, porque si alguien ya llegó leyendo hasta acá y hasta ahora se da cuenta de que toda la jiribilla que se echó previamente era prácticamente una regurgitación mental, puedo comprender que no esté nada contento con el que esto escribe). Pero se me hace genial que simultáneamente a rascarme el ombligo puedo escribir ideas que para bien o para mal deambulan en mi cerebro y lo más sorprendente es que desatan comentarios (publicados aquí o no) que me ilustran sobre perspectivas compartidas o divergentes o que traen a colación otras ideas aún más divagadas, lo cual me agrada ampliamente.

Debo confesar ante mis potenciales lectores que en la vida real soy menos superfluo (qué vergüenza!!!) y suelo abordar los temas con mucha seriedad, y a la menor provocación empiezo a argumentar con seguramente aburrida elocuencia temas de política, religión, economía, filosofía (lo poco que puedo entender), cine, entre otros. Pero, afortunadamente, creé este alter ego que bloguea que no toma nada verdaderamente en serio, un intelecto comparable a la mismísima Barbie Malibú, un irresponsable burgués que se pasa la vida hablando de sí mismo como si eso debiera importarle a alguien más que a sí mismo y a sus biógrafos (que, por cierto, no existen). Y aún reconociendo todo lo anterior me encanta la experiencia de bloguear y ni siquiera me dan remordimientos (y es que ya no hay moral!!!!). Eso ha sido para mí un blog y, como dice la canción, "mi gusto es...".

jueves, septiembre 27, 2007

Estoy enfermo

Y no nada más de la mente (que he terminado por considerarlo un mal menor), también de este cuerpo que me trae por la calle de la amargura. Resulta que un maldito bicho se siente el señor feudal de mi garganta y puntos circunvecinos, lo cual ha desatado una cruenta guerra en todo mi cuerpo entre los anticuerpos que todavía le son leales a mi soberanía y los gérmenes invasores que con sus peores artimañas burlaron a mis defensas, después de un fin de semana que me dejó exhausto por desvelarme y dignarme a hacer ejercicio.

El caso es que me la he pasado con calentura (not in a good way) y la dificultad para tragar me hicieron pensar en volverme anoréxico (si no fuera porque ni así se me quita el hambre y por el gordito interior que realmente soy). Y también resulta que en el trabajo ya llevan dos días corriéndome a la hora de la comida para que me vaya a descansar y deje de repartir bichos y convierta aquella oficina en la residencia oficial del moco y la flema. Pero luego el maldito sentimiento de culpa me ataca y no quiero irme aunque ande en calidad de zombie y mis avances laborales sean tan mediocres como si los estuviera haciendo a las tres de la madrugada y bajo el efecto de al menos tres estupefacientes y medio litro de bacanora.

Así que espero pronto reportar que ya va mejor la cosa, pero de momento apenas bloguear me hizo sentirme un poquito mejor.

viernes, septiembre 21, 2007

¿Será?


En el museo Muros en Cuernavaca (un must, sin duda, de la ciudad). Excelente colección permanente de pintura mexicana moderna y contemporánea y exposiciones temporales bastante interesantes... aun para un amateur como yo (o probablemente sólo para amateurs como yo... no tengo las habilidades técnicas ni teóricas para distinguir).
Con la pena y todo, pero no recuerdo el nombre del artista para citarlo y creo que el nombre de la obra es lo que se puede leer en el rompecabezas de cerámica que la conforma: Calmar el dolor es obra divina y a eso me refiero con ¿será?

jueves, septiembre 20, 2007

De cómo se puede hacer una entrada al blog por cualquier cosa

Parece que cada día se entera uno de cosas más raras, en una especie de espiral descendente de decoro realista. Ayer no fue la excepción, resulta que leí en un artículo de opinión en El Universal que están en peligro de extinción.... ni más ni menos que... ta-ta-tatán... ¡¡¡los pelirrojos!!! Sí, parece que de los muchos que teníamos ya nada más no queda un 2% de humanos con esa característica, aunque un fabuloso 4% tiene el gen que produce tan peculiar coloración. Digo, considerando que como la mitad de la humanidad son chinos o hindúes (que no se conocen precisamente por sus cabelleras color pasión), tampoco son tan poquitos.

Toda esta información, al parecer, se desprendía de un lista "roja" (sin sarcasmo) de especies amenazadas o en peligro de extinción en diferentes partes del mundo. Entonces, si la humanidad no hace nada por detener tan terrible amenaza, las "cabelleras de fuego" serán parte de la historia en sólo 100 años!!!!

Lo que me pareció aún más raro de la historia fue el remedio. Es decir, si queremos hacer algo para seguir conservando pelirrojos en nuestro ecosistema global, lo único que parece que ayudará a logarlo es... ni más ni menos que... ta-ta-tatán... ¡¡¡la migración colectiva de todos los pelirrojos a Escocia!!! Parece ser que dicho "país" concentra la mayor cantidad de pelirrojos del mundo con un dignísimo 13%, en relación al total de la población, de la cual el 40% es portador del gen que produce la pelirrojez.

Ahorita que venía regresando de comer, me encontré por la calle a tremendo pelirrojo, de esos que no dejan duda (porque a mí de chiquito cuando me pegaba el sol el cabello se me veía rojizo, lo cual me hizo pensar que yo fuera uno de ellos, pero no... hacen falta pecas y un color de pelo más bien "zanahoria furiosa"). Pues sí, me encontré a un pelirrojo y poco hizo falta para que me parara a increparle que si quería salvar a su amenazadísimo pelirrojismo, debía salir corriendo pero pronto a Escocia, por aquello de que luego le empiecen a hacer el fuchi a los migrantes, como hacen en todos lados a donde llegan muchos. Pero me ganó la lógica de lo apropiado, que siempre nos impide tener anécdotas divertidas y mejor le dejo a la evolución (y a L'Oréal) que haga lo que quiera con los colores de los cabellos, que los míos del color que fueran seguirán siendo unos esquizofrénicos e indisciplinados pelos que nunca obedecen.

miércoles, septiembre 19, 2007

Un poco de todo


Éste... soy yo sin rasurar y mirando al horizonte... supongo.








Y aquí... ni más ni menos que en el "magnífico" (añada aquí el más ácido sentido irónico) estado de Arkansas en los Estadous Unidous. En el que (entonces no lo sabía) sería mi carrito ;)


Aquí estoy en una posición que el Kamasutra conoce como "haciendo la tesina". Obsérvese con detenimiento cierto gesto de agobio, la ropa cómoda y el cabello despeinado que infructuosamente trata de ocultar una gorra.


Y con ustedes... mi ahijada Karol y su hermana Karely.




En esta fotografía se pueden apreciar a los cuatro fantásticos, en la peor de las condiciones: acabados de levantar. Así que no juzguen apariencias que a esa hora cualquiera asusta.


Y, para terminar, esta foto con la hermanita lela en Cuernavaca, comiendo sepa Dios qué cosa.

martes, septiembre 18, 2007

No, pos así no jalo....

Batallé tanto para lograr que se abriera la mugre ventana en la que se escriben las entradas del blog, que ahora perdí la poco inspiración que traía. Y se fue acumulando la frustración de la lentitud de la compu/red/servidor/sitio web, tanto que ahora me invadió el coraje y con gusto le escupiría a la pantalla, si no fuera porque: 1) me da ajjjjjco escupir y 2) me da más ajjjjco limpiar un escupitajo, aunque sea mío y esté escrachado contra mi pantalla de computadora. Así que mejor me trago la saliva (que dicen que es buena pa' la digestión) y sigo con mi vida y una entrada menos al blog, que mi tripa y la impaciencia de un Internet malsano no se llevan nada bien.

Lástima!!! porque había sido un buen fin de semana: con fuegos artificiales en el Zócalo, billetes de a mil pesooooos y transacciones comerciales de muy dudosa conveniencia para el que esto escribe. Ah!!!! y el segundo volumen de Kill Bill que, por Dios, es una chulada (sobre todo los créditos musicalizados ni más ni menos que con "Malagueeeeeeeeña saleroooooosa").

Y ahora los dejo porque ya entrado en coraje y con la secretaria de al lado sosteniendo la interesantísima y trascendental discusión de si es más buena la pierna o el muslo del pollo (yo ni siquiera los distingo) podría entrar en colapso nervioso de burócrata con traje gris y no creo que sea apropiado para horas de oficina, jaja. Abachos...

miércoles, septiembre 12, 2007

15 de septiembre: día del grito (de desesperación)



Creo que no hay día conmemorativo más importante para el país que el 16 de septiembre, cuando se celebra el inicio de la guerra de Independencia de México (que nació en ese momento como Nación, aunque a veces nos pareciera que existía desde antes que llegar el furibundo de Hernán Cortés) contra la corona española. Digo, tampoco tenemos muchas efemérides de dónde escoger, entre el inicio de la Revolución Mexicana (20 de noviembre) que nadie supo cuándo se acabó ni (bien a bien) para qué sirvió; el cinco de mayo, que más bien es celebrado por los paisanos que residen en Estados Unidos con fiesta en la Casa Blanca y figuras artísticas de la calidad de Paulina Rubio o Thalía (normalmente como un pretexto para celebrar su mexicanidad porque suelen no saber ni qué se celebra), además, de que qué pena!!! celebrar que les ganamos UNA batalla a los franceses, hace siglo y medio, digo ya va siendo hora de que lo superemos e impulsemos a cambio "el día del compadre"; el día de la Virgen de Guadalupe, que a los protestantes y ateos les debe valer un reverendo pepino (supongo); o el 21 de marzo que nunca he sabido bien si conmemoramos el natalicio del presidente mejor peinado de la historia, Benito Juárez, o si de plano es pura mariposería y se trata de recibir a la primavera. Y así una larga lista de fechas de conmemoración muy discutible. Pero en el mes de septiembre sí se ve más de un corazón enchido de mexicano, por celebrar ni más ni menos que "el mes de la Patria"... o sea, el meeeees de la Patria, con sus treinta díotas para que no quede duda de que somos bien patriototas.


Con esto me acordaba yo, hace unos días, que en Sonora, mi tierra, ni cuenta se dieron de que ahora eran parte de un país independiente y, para no molestar a los rancheros que ya tenían suficiente con la sequía permanente, el mismo gobernante que representaba a la Corona, se quedó representando a la ???, mmm... República. Digo, para qué tanto esfuerzo, estar a diez mil kilómetros de Madrid, o a tres mil de la ciudad de México, no hacía mucha diferencia en aquellos tiempos de lomos de mula. Mis antepasados de ese tiempo, que supongo que son la extensión de mí mismo en el pasado, no tengo ni idea en qué estarían pensando o si la noticia les pareció digna de mención. Creo que algunos ni siquiera habían llegado al país, así que con toda seguridad estarían más preocupados por escapar de alguna hambruna (que tengo la impresión de que todo el pasado estuvo lleno de hambrunas) que de asuntos de jurisdicción.

Traigo esto a colación, pues como paso tan seguido por el Zócalo, que ha sido "embellecido" toditito con puro tricolor (verde, blanco y colorado... of course), bien vistoso y mexicanote y de que un alto porcentaje de chilangos suele empotrar banderitas en los lugares más inverosímiles, me surgieron dudas al respecto del patriotismo simbólico mexicano.

Yo me acuerdo que yo también de pequeño sentía bonito de ver ondear la bandera por los aires y prestar el juramento a la bandera (whatever it meant... por ejemplo, "símbolo de la unidad de nuestros padres y nuestros hemanos" what? cuándo se ha sabido que una bandera pueda desfacer entuertos familiares. O eso de la "nación humana y generosa" si en mis primeros años de vida gobernaba al país José López Portillo, ¿que podía tener de humana esta nación?). También me gustaba entonar (por así decirlo) el himno nacional y el resto del conjunto de lo que significa ser patriota en este país tan particular que habito. Crecer trajo consigo algunas consecuencias y, entre ellas, ciertas formas de escepticismo que mellan la abstracción del amor a los símbolos patrios. Ya por amor patrio sólo entiendo llevar una vida respetuosa del próximo(tan difícil que esto resulta en la ciudad de México), que también son Patria; enterarme y participar en la vida pública de mi comunidad y del país todo, porque para que la Patria funcione no nos queda de otra que no desfallecer al impulso apático de que nuestra voz y voto no cuentan lo suficiente para lograr algún cambio. Lo que sigue son minucias, pero no soportaría a ningún "patriota" (así traiga su banderita tatuada en salvas sean las partes) que tire basura en la calle o en la carretera, que no ceda su asiento a los ancianos, embarazadas, o personas con bebés; que provoque un incendio forestal, que robe, que torture, que viole o que haga explotar ductos de Pemex. En nuestro país hay tanto por hacer que solamente agarrar una banderita me resulta harto insuficiente.

jueves, septiembre 06, 2007

Antinarciso

Ayer fue un día terrible para mi ego narcisista. Bueno, nada más la tarde, porque por la mañana me había gustado la nueva combinación zapatos-traje-camisa-corbata que intenté y que parecía harto inverosímil pero que terminó viéndose bien (para mí mismo, debo aclarar, que soy un individualista consumado en cuanto a gusto para vestir se refiere). Cuando salí del trabajo me dirijo a recoger las fotos que aparecerán en mi título de maestría y en la cédula del mismo título, documentos ambos que sin duda estaré viendo y enseñando, en repetidas ocasiones, durante el resto de mi vida. Por lo anterior, era importante para el que esto escribe verse bien, digo... dentro de los márgenes en los que uno se puede ver bien, había que estar muy cerca del extremo más positivo. No se trata de pasar a la posteridad postrado en la ignominia de una estética abominable. Había ido a retratarme un día antes y fue una linda experiencia subir al estudio fotográfico de un tipo que se notaba amaba su oficio y había conservado esas cámaras antiquísimas de pedestal que tienen una especie de caja-acordeón y disparan no con un botoncito, sino con uno de esos cables como los del aparato que sirve para medir la presión sanguínea. Todo olía a viejo, tanto el fotógrafo, como sus muebles, sus lámparas, los marcos de sus fotos, los retratos de chicas ochenteras luciendo los terribles looks de los que fue presa la década de los ochenta, y también retratos de políticos, de ministros, de artistas, rodeados de revistas de chismes de la terriblemente naca farándula mexicana, también con olor a viejo. Me había caído tan bien el ambiente retro del estudio y la simpatía del fotógrafo que albergué en mi interior la esperanza de salir bien librado de aquel trance fotográfico, a sabiendas que en esas fotos siempre sale uno con cara de "Se busca" y una leyenda de "se ofrece recompensa a quien contribuya a encontrar a este tipo con cara de sociópata, tres veces prófugo de la justicia y violador de cabras silvestres". Pues, efectivamente, llegué ayer por mis fotos con la escasa dignidad que todavía me quedaba y me veo en la foto y no me entraron ganas de llorar sólo porque me ganó el coraje de salir peor de lo que había planeado en el escenario más pesimista. Yo, como todo lo que me rodeaba en lo que me había parecido un romántico refugio del pasado fotográfico, también parecía un recuerdo del pasado. De tres décadas atrás, por lo menos, tanto que me hizo dudar si había participado en los movimientos estudiantiles del 68 y me había titulado en 1970, después de haber comprometido mis ideales y vendido mi alma al sistema. De pronto quise decirle al fotógrafo que probablemente se había equivocado y me había dado la foto de algún tío materno, porque efectivamente se parecía algo a mí, pero no me resignaba a creer que era yo, pero seguí la lógica de lo apropiado y creí conveniente empezar a resignarme, porque no iba a pagar otros 350 pesos por una corrección de estilo que no garantizaba nada. Ese fue el primer golpe a mi ego.

Después de meditar un rato sobre las causas de tan terrible apariencia, le atribuí a mi corte de pelo una buena parte de la responsabilidad. Actuando en consecuencia, corrí con mi peluquero de confianza (por así decirlo, porque ni a los peluqueros ni a los fotógrafos podré nunca tenerles confianza) a ver si podría arreglar aquella mata de pelo indisciplinada que me cubre la cabeza. Me cortó un viejito bastante simpático que ya en otra ocasión me había recortado. Así que cerré los ojos y no los abrí hasta que fue tiempo de verme en el espejo para, otra vez, ¡oh decepción! Entré en estado de negación y comencé a pensar que, a guisa de broma, me había puesto el simpático viejito la película de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche. Aquello estaba tan esponjado como perro de rica y lo menos que recordaba era el año 2007. Again, vuelta al pasado... y no a un pasado glorioso y bonito, sino a ese pasado que huele a bolitas de alcanfor, a nostalgia fuera de lugar, en fin, a un pasado del que ni siquiera fui parte porque nací en 1980. ¡Terrible! en cuanto salí de la estética me despeiné, fingí demencia y caminé rumbo a la casa tratando de no pensar nunca más en mí, ni en mi imagen (que tan mal paga los esfuerzos que uno hace para no espantar al gran público) y me fui a ver una película en la oscuridad de mi cuarto donde nadie más tuviera que soportar la fealdad reificada que se había apoderado de mí.

viernes, agosto 31, 2007

Gracias a Dios es... vieeernes

Y pa' celebrar esas pequeñas glorias que son los fines de semana (en especial los retozones) pongo en marcha un pequeño catálogo de frases o refranes de sabiduría popular que escuchaba, sobre todo, cuando vivía en Huásabas y que mi mente retuvo y trae a colación de vez en vez. Los autores putativos no fueron necesariamente sus creadores, simplemente recuerdo esa frase como proviniendo de ellos, porque su origen resulta inrastreable (si es que la palabra existe). Se aceptan sugerencias para engrosar tan necesario catálogo y salvarlo de la desaparición por inanición verbal, indiferencia o, simplemente, olvido (tan saludable que resulta).

- "¡Cómo se riera el diablo de mí!"
María Ortiz Durazo de Durazo (mi abuela materna)
Para negar cualquier permiso, porque su consentimiento podría interpretarse como un intento de relajar la férrea disciplina que debía imperar en toda casa decente. Mi mamá la solía utilizar para fines semejantes (aunque la disciplina, para nuestra suerte, era mucho más humana y relajada).

- "Agarra fama y acuéstate a dormir"
Plácida Moreno Acuña (la tía Plácida)
Una vez que te hiciste célebre por tal o cual reputación, ya no necesitas hacer (o no hacer) nada para que ciertos actos se te imputen con mucha facilidad.

- "Echarse la cruz a cuestas"
Carmela Moreno Acuña de Barceló (abuela paterna)
Dícese en particular del matrimonio, si te tocó un marido que deje qué desear, es lo mismo que hizo nuestro Señor rumbo al Calvario, cargar la cruz hasta morir con ella. Supongo que la indisolubilidad del matrimonio católico contribuye a esta visión tan pesimista de la relación de algunos próximos.

- "¡Ay, pobrecito" (léase siempre mientras se inspira, para denotar mayor conmiseración)
Mis tías paternas
Se utiliza para compadecer empáticamente a todo mundo. Lo curioso es que se usa tanto en las buenas como en las malas: "Ay, pobrecito, le dieron trabajo en Europa", "Ay, pobrecita, tan cumplida con sus labores". En fin, úsese como muletilla en los más variados contextos e, indefectiblemente, inspirando porque de lo contrario no tiene ningún chiste.

- "Está bien ser cochi, pero no tan trompudo"
Víctor Durazo Ortiz (tío materno)
Una cosa es tener defectos y otra cosa es irse de boca sin el menor reparo o escrúpulo en las acciones condenables. O sea, lo cochi (cerdo, en Sonora) se perdona, pero hasta cierto punto.

- "¡Qué cabeza! ¿no? ni para hacerla con chile"
Julián Barceló Moreno (tío paterno)
Especial para las personas que, a pesar de tener cerebro, no suelen utilizarlo ni para las cuestiones de sentido común. Entonces, se dice que su cabeza es tan inútil que no sirve ni para ser cocinada con chile.

- "Déjalo, no llora sangre"
Azucena Durazo de Barceló (mi mamá)
Frase de desdén al berinche lacrimoso de cualquiera de sus hijos, cuando nos poníamos dramáticos y queríamos remediarlo todo con deprimente llanto. Resulta particularmente irritante cuando se usa en la etapa de la pubertad, porque las hormonas no respetan ni el más mínimo intento de raciocinio.

- "Vete por la sombrita"
Mamás y abuelitas huasabeñas a sus hijos o nietos
Yo la interpreto como eufemismo menos cariñoso de "cuídate", porque en aquellos tiempos no fregaban tanto con el cáncer de piel por exposición a los rayos de sol.

Y las que se agreguen....

martes, agosto 28, 2007

Malos ratos...

Hace un rato me puse de tan mal humor! pero de tan mal humor que traía la cara con el ceño fruncido, la trompa apretada y una mirada cortante, terrible, de navaja recién afilada. Y no podía quitar ese gesto, porque algo por dentro estaba reteniendo una violencia contenida. Pero no violencia física, ésa siempre me ha parecido de muy mal gusto, tanto a nivel individual de agarrarse a golpes, como las guerras, guerillas y actos terroristas. No, era una violencia de otro tipo, que me hizo intolerante a los pequeños detalles que suelen ser molestos, para considerarlos dignos del más escandaloso desprecio.

Para empeorar las cosas tuve que salir a la calle y caminar en medio de personas que cada vez me parecían más insoportables por cuestiones que normalmente nada más no me importan. E interiormente dejé de ser políticamente correcto y empecé a insultar todo lo que me caía mal, a veces con comentarios hirientes, otras veces sólo con lenguaje procaz y las más de las veces evitando cualquier sarcasmo, ironía o cualquier tipo de sentido figurado, para proferir la ofensa lo más directamente posible. Y andaba de un intolerante que les hubiera dado envidia a Franco y al propio Pinochet si hubieran sido testigos (y si no estuvieran ardiendo en el infierno). Y así le dije a un tipo que hablaba por celular mientras su chofer lo recogía en su carro lujoso en lugar inapropiado, estorbándome el paso: "Ni andar en un Saab te quita lo naco... es más, te lo acentúa". Y luego veo a la tipa que se pone en los portales del antes Ayuntamiento de la ciudad de México, disfrazada de no sé qué e inmovilizándose en poses ridículas para que la gente le aviente monedas, con sendo cartel de "Por la libre manifestación de las ideas", reclamando que nadie regule su actividad lucrativa que ni poniéndose posmoderno resulta artística. Y también le grito interiormente: "¡Ridícula, no uses eufemismos para reclamar tu "derecho" a hacer tu ocioso negocito de estar parada sin producir belleza de ningún tipo, pero además, sin producir ninguna maldita idea, porque lo más probable es que simplemente no tengas ninguna maldita idea que manifestar!". Y por dentro les gritaba a todos los que se usan gel en cantidades industriales, para que el mal gusto de su peinado dure un mínimo de 300 horas sin moverse ni con temblores de 8.5 grados Richter o a pesar de toneladas de escombro, el daño ecológico que provocaban al usar una lata de gel por semana, con el único resultado de causar un daño aún mayor al patrimonio estético de esta ciudad.

Y así seguí mi trayecto profiriendo diatribas, mandando a la gente al gimnasio, o a trabajar, o a recluirse a sus casas o a donde estorbaran menos con su presencia. Y ningún vendedor ambulante se puede quejar de que no lo haya mandado a freír espárragos con algún ingenioso insulto, sin más gestos que una mirada furtiva que atravesaba carnes y ropas y lentes de sol. Fue tan efectivo mi recurso para liberar violencia que al rato me ganó la risa con los insultos callados que le iba acomodando a cada ser humano, acontecimiento o cosa que me pasara por la vista. Y luego recuperé mi humor neutro de horas de trabajo, satisfecho de haberme liberado de tanta molestia que causa todo aquello que hace la vida imperfecta (o sea, casi todo y todos).

jueves, agosto 23, 2007

In memoriam

Mi bonsai è morto!!!

En realidad, no era un bonsai en sí, sino una planta con forma de arbolito miniatura. Y lo más triste no es que acabe de pasar sino que acabo de salir del período de negación. Cuando regresé de Hermosillo, hace casi un mes quedé horrorizado con el estado en el que se encontraba: todas su hojas secas y un aroma como a pasto seco que hubiera sido la delicia de cualquier cabra. Habían pasado casi dos semanas que estuve fuera y olvidé dejar encargado a alguien de regarlo; al parecer, de manera espontánea no se le ocurrió a nadie de los que transitaban cerca de una moribunda miniatura vegetal, regarlo aunque fuera una vez. Entonces, lo tomé entre mis brazos y lo sumergí en una cubeta con agua, hasta que dejaron de salir burbujitas de la maceta, siguiendo fielmente las indicaciones que me dio la viejita que me lo vendió. Y así lo seguí haciendo religiosamente todos los días, lo sacaba una hora a que le diera el sol y lo movía siempre a lugares donde le diera el aire fresco. Después de un mes de tenerlo en terapia intensiva se hizo evidente que aquel árbol no iba ni para atrás ni para adelante: seguía en estado vegetativo... y vegetal, pero ésa siempre fue su naturaleza. Hace dos días dejé de regarlo y hoy sólo regué al otro arbolito que le hacía compañía, que ni de cerca era tan bonito pero que aguantó las dos semanas de sequía y resucitó a los pocos días que lo sometí también a él a terapia, aunque no tan intensiva como a mi bonsai. Ya me di por vencido de que ni por casualidad manifieste ninguna mejora. Y lo voy a dejar en su mismo lugar por tiempo indefinido, porque hasta eso que las hojas no se le cayeron, sólo se le murieron, y mientras su estado de descomposición no sea tan avanzado como para todavía pasar por un adorno de naturaleza muerta, seguirá haciendo bulto en la barra de la cocina.

Si desde que me lo vendieron debí haber supuesto que sólo traería desgracias a mi vida. Un día paseando por la plaza de San Ángel, este barrio encantador de la ciudad de México, con calles empedradas, casonas coloniales de brillantes colores, plazuelas llenas de pintores mercenarios del "arte", bazares y vendedores de bonsai y otras plantitas acordes con el minimalismo y el feng shui. Estaba una linda y tradicional viejita subiendo las plantas que vendía a su carro y llevaba entre sus manos un simpático bonsai con florecitas blancas y moradas intercaladas. Le habían dado forma de arbolito con alambres que crearon una rama principal y tres ramas secundarias, las cuatro rematando en follajes esféricos. Y como las ramas eran flexibles y estaban rodeadas de alambre, podrías modificar su forma a tu mejor parecer lo cual lo hacía todavía más simpático. Así que me pareció una linda opción para incluir algún elemento decorativo al departamento, que carecía terriblemente de ellos. Mi trago amargo fue cuando le pregunté a la viejita cómo debía cuidarlo. Yo pensé que iba a ser algo como: riéguelo una vez por semana o algo así. Pues no... había que regarlo a diario, pero sumergiéndolo en una cubeta a un nivel de agua unos cuatro centímentros arriba del borde de la maceta, hasta que dejara de burbujear. Y había que sacarlo al sol por lo menos una hora diaria, etcétera... En ese momento comprendí que había sido un error y que mis niveles de responsabilidad y delicadeza no son suficientes para hacerme cargo de un bonsai, pero ya era tarde. Nunca cumplí a cabalidad con todas las instrucciones, para empezar porque salgo de la casa antes de que salgo el sol y para cuando regreso ya se puso otra vez, y eso de la cubeta, por Dios!!! no me la podían poner más difícil. Así que, mal que lo diga, pero me siento un poco aliviado por el sensible fallecimiento de mi bonsai que seguro ambos la pasaremos mejor, él en una lata de composta y yo en lo de siempre...

De cualquier manera... Requiescat in pace

jueves, agosto 16, 2007

De porqué nadie se libra de los abogados

Yo no sé qué le pasa a este mundo. Deben ser los chacras... y el chancro, o la implosión de estrellas gigantes en agujeros negros, pero de unos años para acá, me parece que está cada vez más con las patas para arriba. Que si tsunamis, o ántrax en las cartas que reciben por correo gringos cada vez más asustados hasta de sí mismos (eso con justa razón), o veinte mil personas desnudas en el Zócalo de la ciudad de México... en fin, un largo etcétera de una serie de eventos desafortunados.

Y ahora llego a mi trabajo, contento por empezar un nuevo día (prrrrtttt), redacto un oficio, tomo un vaso de agua, abro mi correo institucional y ¡oh sorpresa!: demandaron a Dios. Sí, el todopoderoso, omnipresente, omnisciente e inconmensurable Dios de nuestros días no se ha escapado de que un quejoso interponga ante los tribunales senda demanda, inculpándolo de incumplimiento de contrato.

Vamos por partes: el hecho ocurrió en Rumania (tenía que ser la tierra ancestral del conde Drácula), el demandante se llama Pavel Mircea (a mí se me hace que es el mismísimo Draculia, o seguro uno de sus descendientes), de 40 años (eufemismo para decir inmortal, sí con toda seguridad es un vampiro inmortal). El dichoso rumano se encuentra en prisión, cumpliendo una pena de 20 años por homicidio. Se encuentra terriblemente molesto con Dios por haber fallado una de las disposiciones del contrato que celebró con él, en el que el demandado se comprometía a protegerlo. Pues tan irresponsable Dios que anda creando hombres y luego los deja solos y al rato vuelve para descostillarlo y darle pareja (una zorra según dicen los testigos), y andan ahí desnuditos, enseñando sus partes a todos los transeúntes, a merced de serpientes malignas que los hacen comer de las manzanas que NO se deben tocar. Y no le bastó con hacerlo una vez, luego creó un rumano en el siglo XX y lo dejó a expensas del mal. Entonces el rumano, con justa razón, me parece, (aunque también me causa suspicacia su evidente relación con Drácula) lo demanda por haber incumplido su contrato de cuidarlo y haberlo dejado a merced del mal, lo cual evidentemente lo llevó a matar a una persona porque, claro, ¡qué coraje!

Falta informar que nuestro flamante rumano (también dicen que era amante de Nadia Comăneci hasta que se enfadó de ensayar posturas para retar su flexibilidad) consideró como contrato entre las partes la fe de bautismo. En su demanda, señala como domicilio del culposo "residente en el cielo y representado en Rumania por la Iglesia Ortodoxa" (sí, esos gorritos que se pone el patriarca Alexius II nunca me han dado buena espina, aunque la Iglesis Ortodoxa Rumana es autocéfala, a lo mejor por eso representan a incumplidores de contrato, y no tiene mucha relación con el líder de la ortodoxia rusa, pero seguro las malas mañas de pegan).

Los cargos que se le imputaron (que promiscua me resulta esa palabra) son: abandono (como lo que le hizo al compositor de "Mamá soy paquitoooooo.... no haré travesuraaaaas"), fraude, abuso de confianza (le salió muy concha, parece), tráfico de influencias (imagínense, en México también usa al cardenal Norberto Rivera, con su bellísimo rostro, y hasta al presidente Calderón, pero sólo cuando hace falta), abuso de autoridad (yo a veces también lo he querido denunciar por eso) y apropiación indebida de bienes (como cuando se llevó al perrito de la vecina).

Lo malo es que la Corte de Timisoara (que dicen es una chica muy inflexible, resultado de las burlas infantiles por su infame nombre) ha rechazado su caso, alegando que Dios no es un sujeto de derecho (ya estaba yo pensando que es un sujeto de izquierdo como Marx o el Ché Guevara) y que no posee una dirección (debe ser que leyeron mal la demanda, porque ahí se señalaba que su domicilio era el cielo, o bien, al actuario le dio flojera ir a notificar hasta allá, sobre todo con el miedo que genera el carácter iracundo de San Pedro que ni para ir al baño deja libre la entrada, ni siquiera para notificar demandas de tan elevada importancia).

En fin, entre eso y que el Sultán de Brunei no pagó un Corán de 8 millones de dólares y 400 años de antigüedad empecé mi día con una zozobra terrible. De verdad, ¿a dónde vamos a ir a parar si ni Dios ni el César cumplen sus contratos?

miércoles, agosto 08, 2007

De porqué no estoy de acuerdo con los sinónimos

Crecer en un lugar y luego vivir en otro puede acarrear severas complicaciones a tu vida por causa de los sinónimos. Bueno, matizando... la severidad puede tener diversos grados: desde alguien viéndote con una ceja levantada y la otra fruncida porque no te entiende lo que le estás diciendo (o visceversa), aunque ambos sean hablantes nativos de la misma lengua hasta ridículos en público, terribles descortesías bienintencionadas o, incluso, la muerte.

Vamos por partes, hoy por la mañana necesitaba borrar una marca con lápiz que había hecho en un oficio que íbamos a enviar a una dependencia. El instrumento que cualquier sonorense hubiera pedido es un borrador, sí pues, para borrar!!! y así lo hice. Pues mi compañero de trabajo hace la ya descrita mueca de las cejas apuntando a direcciones contrarias y me inquiere: ¿o sea, cómo...? - Pues cómo que cómo, pensé yo, para inmediatamente caer en la cuenta que los guachos no conocer al borrador como borrador sino como goma... "ah! entonces, una goma por favor"... Estamos en el mismo país pero unos decimos miralejos y los de acá binoculares, uy uy uy... pues si son pa' mirar de lejos; los de aquí palillos, nosotros picadientes, idem, son pa' picar los dientes; y que si una cosa es el tomate y otra el jitomate... en el hoyo, el tomate es rojo y punto, ese engendro verde sepa Dios para que sirva y si ya se decidió que tenía que existir pues que se llame tomate verde, no? Y el colmo de colmos, resbaladilla en vez de resbaladero, ésa no tiene progenitora, suena a película mal doblada, si para lavar es el lavadero, para resbalar tiene que ser el resbaladero, o alguien se atrevería a llamarle lavadilla, como en "hago tanto ejercicio que tengo el estómago de lavadilla"... Y eso es sólo en el mismo país, de multimillonaria población, eso sí, pero el mismo; si cruzas el Atlántico la cosa se puede poner peor como que un trapeador, si un trapo para trapear se puede llamar en España fregona. Yo aprendí de niño que fregona es aquella mujer que se friega a los hombres, o sea, que les gana la partida en diversos campos. Y cuando oía a mis amigos españoles referirse a la fregona no podía más que imaginarme a un trapeador parado en autoritaria posición y dominando hombres, lo cual ya rayaba en demencia.

Otro amigo también de Sonora que estuvo trabajando en México, D.F., iba a llevar un sobre con una carta a una oficina. Una secretaría le dice: "ponle diurex" y él responde "que le ponga qué?", ella repite "ponle diurex"... pues mi amigo muy obediente aunque un poco confundido por la instrucción, saca la pluma y escribe en el sobre con letra bastante visible "diurex." (así, con punto al final para que se entienda que esa carta lleva diurex). Habían de saber ambos participantes que diurex le llaman en el centro del país a lo que en Sonora llamamos scotch, léase "escatch" o cinta scotch. Y que "ponle diurex" no era escribe la macabra leyenda de diurex para que la lean rápido, sino ponle algo de cinta adhesiva para mayor protección.

Y lo peor es tratar de usar los sinónimos que no son de tu uso corriente cuando estás con la gente que sí los usa para tratar de complacerlos hablando en sus mismos términos. Yo que antes hubiera creído que era una linda cortesía, ahora lo desaconsejo con todo el furor porque me provocó una muy mala experiencia, que ahora describo. Justo cuando llegué a Francia conocí a varios amigos españoles, básicamente los únicos con los que hablaba español era con ellos y ya les había oído varios términos que me resultaban simpáticos y que estaba dispuesto a utilizar en la primera oportunidad... que si cutre, que si guay... Conocí en eso a una maestra de español de Andalucía, a su esposo e hijas que vivían en el mismo pueblo donde aterricé.. Después de una visita de cortesía para tomar el aperitivo nos invitó a mí y a otro asistente de lengua a cenar a su casa, a lo cual accedimos gustosamente. Para la cena la maestra nos deleitó con algunas especialidades francesas, muy ricos quesos, excelente foie gras, buen vino, en fin... estaba yo tan complacido que me pareció oportuno utilizar uno de sus términos para ensalzar aquella deliciosa cena. Y le digo: "Belén, qué cena tan cutre nos has preparado!!!", imagínenme con cara de idiota (no debe costar trabajo) y sonriendo de oreja a oreja mientras profería mi cumplido. E imaginen la cara de Belén desfigurándose, los ojos como saliéndosele de las órbitas y diciendo con tono molestísimo "como que qué cena tan cutre os he preparado". Entonces, levantando las cejas le pregunto "¿pues qué significa cutre?" y la respuesta fue algo así como "significa tacaño, miserable, vulgar"... Unos colores me iban y otros me venían a la cara cuando trataba de disculparme y explicarle la inverosímil frase de "mi no comprende espaniol" siendo tan mexicano como soy. En todas las pláticas previas con los españoles había yo interpretado que cutre era "qué padre, qué bonito" y que guay era "qué feo, qué malo"... es decir, no había entendido yo nada de la conversación.

Por todas las razones antes expuestas, me declaro enemigo de los sinónimos y propongo la censura e inmediata eliminación de una palabra que signifique lo mismo que otra para bien de los pueblos hispanoparlantes y engrandecimiento y mayor gloria de la lengua española. He dicho.

martes, agosto 07, 2007

De porqué preferir unos alimentos sobre otros

Divagando en etéreos temas irrelevantes y superfluos, llegué a la conclusión de que la mejor comida del mundo es la pizza. Y ni siquiera me refiero a las originales, las italianas, de costra delgada y que se comen en plato con tenedor y cuchillo. No, la mejor comida del mundo es la pizza reinterpretada por el estilo de vida hedonista, consumista, conformista, ésa que viene en cajas de cartón y que prescinde de cubiertos, que prescinde de buen vino y queda mejor con una enorme y fría botella de burbujeante coca-cola. Es la mejor del mundo porque, en general, prescinde de escrúpulos, de formalismos y de conteos de calorías.

Si el acto de comer debe ser placentero, el paladar no debería trabajar en lo absoluto tratando de determinar decenas de sabores, que si el platillo llevaba comino, estragón o romero... pamplinas con el queso brie, el prosciutto y crème brûlée para compartir, ¡bah!... Harina, queso, carnes frías y puré de tomate y no se requiere más (bueno... si es en México también salsa picante). Pero sobre todo no necesitas ni siquiera levantarte del sillón, ajuarado como estás con una pijama que no ajusta nada de tu anatomía, para ordenarla y el único esfuerzo que harás será pararte a recogerla a la puerta cuando llegue el repartidor. Nada de hacer reservación o más o menos ponerte ropa decente para ir a algún restaurante. No, con la pizza inmediatamente te puedes dar a la tarea de devorarla sin usar ningún instrumento más que las manos (Dios bendiga el dedo abatible), al tiempo que ves alguna película que no te haga mucho pensar porque, ¡por Dios!, qué incómodo pensar mientras comes. Listo, con esa explicación queda más que claro porqué se debe preferir la pizza de franquicia a cualquier otro alimento.

viernes, agosto 03, 2007

De porqué un huasabeño nunca debe ir a la ciudad...

La vida en la ciudad puede convertirse de un momento a otro y casi sin avisar en un deporte extremo. Ayer estuve a punto de morir (así me lo pareció) de la nada glamourosa causa de compresión de la espina dorsal entre una puerta automática del metrobús y un tubo para sostenerse que no estaba lo suficientemente lejos de la puerta como para que cupiera mi delgadísimo torso. Nunca había entendido tan bien el concepto de la tenacidad como al contemplar aterrorizado cómo la puerta no cedía sus impulsos de abrirse totalmente aún en perjuicio de un cristiano apachurrado y donde parecía que ya no podía violarse el principio físico de la impenetrabilidad (es decir, que el espacio que ya está ocupado por un cuerpo no puede ser ocupado por otro simultáneamente), pues se demostró que los pulmones pueden reducir su tamaño al infinito cuando una puerta de metrobús se lo propone.

Ya estoy yo acostumbrado a parecer pintura de Picasso en las horas pico del transporte público chilango para que mis extremidades se contorsionen de maneras nunca antes sospechadas ni siquiera por el Kamasutra con el único objeto de ser transportado de un lugar a otro. Así sea entre jamones, barrigas, bustos y traseros más prominentes de los que debería permitir el Departamento de Transportes, me muevo muy frecuentemente y sigo prefiriendo tan folklórico caldo humano que perder altos porcentajes del día en el carro, en medio de calles que avanzan a velocidades desesperantes por culpa del tráfico, sin poder divertir tu atención en la lectura o el sueño, so pena de ir provocando más caos vial a tu paso. Pero nunca me había pasado que quedara prensado por la puerta/tubo asesinos de un híbrido de metro y autobús sin que nadie hiciera nada al respecto, además de contemplar con curioso interés los crecientes gestos de desesperación que se dibujaban en mi cara tratando estoicamente de no gritar cual gallina a punto de ovar que terminara mi tortura urbana. Y para colmo de males lo que más me traía preocupado es que traía puesto el traje nuevo y que con esos jaloneos ya lo veía yo quedando como red de pescar, apenas con unas dos puestas. Para mi fortuna y el de quien hubiera tenido que pagar mi indemnización y seguro de vida, sigo aquí vivo, coleando, un poco adolorido pero sin ninguna costilla rota y el traje todavía puede seguir prestando sus servicios.

miércoles, agosto 01, 2007

Elogio de la ociocidad veraniega

No importa cuánto tiempo, ni cuán lejos, ni hasta dónde llegue en vacaciones: son reparadoras, desgastantes, bonitas, desestabilizadoras y caras. Esto de caras tenía yo todo el propósito de evitárselo a las últimas vacaciones que tomé, con eso de que iría a la casa donde el hospedaje y la alimentación son gratuitos y all inclusive. No hubo manera, terminé gastando más de lo que pensaba y (como de costumbre) de lo que quería. De las demás características me hago cargo y hasta me gustan. No digo que no cambiaría algunas cosas (irregularidad del sistema digestivo, por ejemplo) pero siendo como son el resultado de pasarla muy bien, las asumo. Ni modo, hay que cansarse para aprovechar al máximo tu viaje, no poder descansar "a tus anchas" porque hay muchas cosas padres que hacer, también retribuye y gastar mucho porque lo bueno generalmente cuesta es un oportuno recordatorio de que tu salario no es más que el medio para las cosas buenas de la vida. Y hubo de todo, tanto asuntos clínicos: consultas y cirugía menor, como asuntos sacramentales: ser padrino en un bautizo y la confirmación de un sobrino; asuntos patrimoniales: compra del ex-markitosmóvil y también frivolidades: shopping de artículos para ser fodongo en los iunaited y un dejo de vida nocturna.

Pero tampoco importa cuán bien te la pases, también añoras tu cotidianidad. La linda cotidianidad con tus procedimientos estandarizados; tus lugares designados para cada una de tus pertenencias, incluida la más importante: tu propio cuerpo; tus actividades sencillas y cómodas; y la gente que está siempre por ahí en un día normal y cuya sonrisa y plática no se sabe que se extraña hasta que no se tiene. Y así ha sido mi regreso: un reconfortante reencuentro con las coyunturas de mi vida presente.

Aunque, paradójicamente, regresar es también la ocasión en la que indefectiblemente añoras estar inmediatamente de vacaciones una vez más. El síndrome "el lunes ni las gallinas ponen" se agrava terriblemente los primeros días de reintegración a tus clases o chamba. Para colmo, las imágenes de todos aquéllos de quienes te despediste (aunque si por ti fuera hubieras cargado con ellos a tus nuevos lares) están incesantemente invadiendo esa mente que hace tiempo no está serena. Y recordarlos te produce una sonrisa autocomplaciente para evitar poner la carita de :s que luego se convierte en carita de :( para terminar en los peores ratos en carita de :'( y si a eso se agrega mi situación actual en la que dos de mis mejores amigos parece que se pusieron de acuerdo para partir, casi al mismo tiempo, a rumbos contrarios y lejanos de la latitud en la que ahora vivo, pues la cosa podría ponerse grave. Afortunadamente, sigo echando mano de mi capacidad de adaptación a nuevas circunstancias para encontrar alicientes en los cambios de la realidad. Jugar con los vaivenes, subir y bajar, el gordo y el flaco, blanco y negro, arriba y abajo, la bella y la bestia, la nieve y el estío. Buscados o aparecidos, esos vaivenes parecen convertirse en el hábitat de existencias cada vez más postmodernas, postindustriales, preapocalípticas y calientemente globalizadas.

miércoles, julio 11, 2007

Nuevos descubrimientos




Procurando aprovechar para hacer cosas de provecho finsemaneras, este domingo decidimos salir a algún lugar fuera del D.F., a pueblear, decimos aquí. Es decir, a recorrer algún lugar pequeño que esté en las cercanías. La verdad es que el Valle de México y sus alrededores es impresionante. No sabíamos a dónde ir, ya habíamos usado el tiro de Cuernavaca en repetidas ocasiones, también habíamos conocido ya Querétaro, Morelia, Puebla, Tepoztlán y Acapulco. Tenía que ser algo cercano, de máximo dos horas porque iríamos y vendríamos el mismo día. Pues surgió la fenomenal idea de ir a un pueblo que se llama Tepotzotlán (no Tepoztlán que para nuestra continua confusión está en el Estado de México y no en el de Morelos, ambos colindantes con el Distrito Federal, pero uno al sur y el otro al norte). Yo, en lo particular, sabía un poco más que nada al respecto del lugar. Lo que me animó particularmente es que es un Pueblo Mágico, categoría de la Secretaría de Turismo para lugares pequeños, normalmente muy antiguos - coloniales - y muy bien conservados. Debe ser mi alma pueblerina, pero me fascinan esos lugares, pasear por calles empedradas sin que los carros te amenacen con su paso, visitar casas antiguas y asomarme a los jardines interiores llenos de plantas y poltronas (mecedoras) donde se mecen normalmente acicaladas ancianas que, por idealizarlas, me parecen siempre solteronas pertenecientes a alguna cofradía del Sagrado Corazón.

Pues Tepotzotlán resultó ser una muy agradable sorpresa. Su principal atracción es un convento - colegio jesuita del siglo XVI que alberga el Museo Nacional del Virreinato y expone obras pictóricas e indumentaria de los tres siglos que duró la colonia española, cuando el actual México era la parte principal de los dominios del Virreinato de la Nueva España. La joya de la corona es una iglesia dedicada a San Francisco Xavier, evangelizador jesuita que murió en Oriente. Tiene cinco retablos barrocos churriguerescos cubiertos en hoja de oro que agolpan tu vista al entrar, abochornando el vacío que no se atreve a dar la cara, entre altares, esculturas y pinturas rodeados de una ornamentación impresionante. Por si la iglesia en sí fuera poco, también tiene adicionada una capilla, conocida como casa de Loreto, que es una verdadera preciosidad. No hay lugar al que voltees que no te ataque con alguna visión polícroma y ensalsadora de la iconografía católica. Hasta el suelo es una obra de arte, hecho de preciosos azulejos que puedes contemplar sin pisarlos porque están protegidos por un cristal que los recubre. Tiene una bóveda con múltiples niveles, con personajes distintos en cada uno, a la manera de los círculos concéntricos que forman el fresco de la bóveda de Brunelleschi de la catedral de Florencia, pero no pintados sino esculpidos y recubiertos de pigmentos multicolor enmarcados con detalles en lo que yo asumo que es oro.

El convento es enorme, con varios patios interiores hermosos, capillas, así como una preciosa biblioteca muy antigua que amenaza severamente de excomulgar a todo aquel que sustraiga sus libros y no los vuelva a su lugar. Algo estricto habrá sido el colegio si aplicaba tales sanciones y yo me asustaba porque me dijeran que se me iba a aparecer el fantasma del director sin cabeza. Estar en un lugar como ese realmente te traslada a otros tiempos que pareciera que sólo pertenecen a los museos, pero que en realidad fueron parte de la vida cotidiana de la humanidad en otros tiempos, o debo decir, de otra humanidad en ese tiempo. Sólo pensar en no poder usar pantalones de mezclilla me parece inconcebible, así que las demás costumbres y formas de vida del virreinato son una linda nostalgia que espero nunca vuelvan a imponerse.

Y ya que andábamos por ahí, fuimos a un acueducto que nos informamos que había por ahí, sólo estaba a treinta kilómetros del pueblo, así que no debíamos tardar mucho tiempo en llegar. Fue otra maravilla aún no descubierta por la crítica. Es un acueducto no muy largo pero bastante alto en la parte en la que se encuentra un arroyo, cuya corriente hace ruidos que retumban hasta lo alto del acueducto. El lugar se llama Arcos del Sitio y tiene un paseo padrísimo que incluye dos puentes colgantes a la Indiana Jones para poder ver el Acueducto justo de frente. El verdor de los campos aledaños con lomas forradas de pasto, cual casa de los Teletubbies, era un verdadero espectáculo para todos los sentidos, porque no sólo la vista se atiborraba de belleza, también oías y sentías un fresco y delicado viento, podías oler a árboles, a humedad, a naturaleza, sentirte a años luz de las contaminadas calles de la ciudad de México, como si estuvieras en una isla virgen del oceáno que quisieras escogen en los delirios de tu imaginación. Y en realidad estabas como a media hora de los confines de la mancha (literalmente) urbana más grande del mundo. El camino había sido un tanto tortuoso porque la mitad de la carretera, la parte que estaba en muy buenas condiciones, estaba plagada de topes, pero a manera de parecer una broma de muy mal gusto, porque no dejabas de pasar uno (altos como tapias los condenados) cuando ya tenías que volver a frenta porque enseguida estaba el siguiente. La otra parte, la que no tenía topes, parecía zona de guerra, unos hoyos marca diablo que en ocasiones era imposible evadir. De tal manera, que uno de los acompañantes sugirió mejor salirnos de la carretera y conducir el carro por la orilla, lo cual, aunque fue a guisa de broma pudo haber sido una muy útil sugerencia. Pero la vista hacía que lo olvidaras todo (sobre todo si no eras tú quien iba conduciendo). Hubo que bajar las ventanas y los quemacocos del carro y dejar entrar el viento que, aunque deshidrata la piel, se siente tan bonito.

De regreso a la ciudad, nos recibió la lluvia, una lluvia fuerte, a cántaros, que hizo que el tráfico fuera más lento, como recordatorio pertinente de que ya estábamos de vuelta en la ciudad. Un dolor de cabeza que no se quitó hasta que me durmió también me trajo de regreso a la realidad, la triste realidad dicen algunos para referirse a la cotidianidad y la rutina, pero no, no es tan triste, tiene lo suyo. Hasta caminar por las calles en - lo que me parece - la perpetua reparación de las calles del centro histórico por donde camino a diario para llegar al trabajo y que parece escenario apocalíptico, tiene su gracia; la auténtica gracia de una vida que no es ni de revista ni de postal, que sólo es eso: tu vida.

jueves, julio 05, 2007

Hay de semanas a semanas


Ésta que pasó fue peculiar, intensa, hermosa, cansada. Hace justo una semana fue mi graduación de maestría y con ella vinieron aparejadas muchas emociones que confunden a tu sonrisa; en orden descendente: euforia por el término de la carga académica, felicidad por entrar a otra etapa de tu vida, alegría por cumplir una meta importante que te habías trazado, entusiasmo por la ceremonia y festejos de la graduación per se, desasosiego por dejar de ser estudiante (con tantas ventajas que tiene, particularmente la que relaciona tu actividad con la juventud y la no obligatoriedad de la madurez), tristeza por saber que ya no verás a tus amigos y compañeros de aula casi a diario, cuando tanto por costumbre como por afección los habías incorporado fuertemente a tu vida y depresión por todo lo que sabes que vas a extrañar de una maestría que absorbió dos años de tu vida, dejando huella indeleble.

Pues con este motivo graduatorio vino a visitarme una muy buena parte de mi muuuy abundante familia, para acompañarme y verme después de casi cinco meses que no nos veíamos. Llegaron unos un día antes de la graduación y el resto el mismo día. Fue genial poder compartir con ellos mi escuela que sólo conocían de oídas, presentárselos a mis amigos y que mi familia los conociera. Pero, además, pasear por la ciudad de México conmigo mismo de guía turístico. Yo, que apenas si cargo con mi humanidad en la gran urbe, tenía adicionalmente que hacerme cargo de otros siete individuos de muy no-chilangas dimensiones. El reto era enorme: entretener a miembros de generaciones e intereses muy diferentes, mostrarles los mejores lugares de la ciudad para garantizar que hubiera valido la pena el sacrificio que hicieron en venir de tan desérticas y lejanas tierras hasta la capital de la garnacha. Llevarlos a comer a lugares donde no les fueran a servir sendo coctel de microbios que les fueran ajenos y terminaran por postrarlos en cama con recurrentes viajes a la enorme tasa de porcelana (y en la ciudad de México hay que tener bastante cuidado con eso).

El resultado fue muy bueno, en mi consideración, y ya están casi todos de regreso en el calor agobiante de Sonora y no hubo ningún incidente que lamentar. Lo más parecido a accidente digno de proferir un ¡Ay caramba! fue que, entre la confusión de muchas maletas y mismo número de seres humanos, mi cartera fue a parar a más dos mil kilómetros de distancia de la bolsa trasera de mi pantalón. Sí, se la llevaron hasta Hermosillo, pero inmediatamente conscientes del error me la mandaron y al día siguiente ya tenía conmigo mi tarjeta y mis identificaciones, todo completo excepto por 20 mexican pesos que fueron requeridos para qué sé yo qué cosa.

Pero las horas de sueño se empezaron a hacer necesarias y ya en el trabajo empecé yo a notar que los párpados superiores de mis ojos no querían otra cosa que estar pegados con los inferiores. Y anda que se atravesó una junta y solo porque Dios es grande no caí con la cabeza arriba del escritorio para sorpresa de los ahí reunidos, de tan cansado que me sentía. Para mi fortuna, ya me recuperé y ya están otra vez las neuronas funcionando con regular armonía (bueno, evitemos la hipérbole y dejémosla en que ya están funcionando).

El tour incluyó: graduación de un familiar con mariachi en la ceremonia (que yo no me esperaba), cena, paseo por el centro histórico, ruta casi completa del Turibús (con lluvia y frío incluidos para los que valientemente decidimos permanecer en el descubierto segundo piso de tan particular medio de transporte), La Condesa, centros comerciales, Teotihuacán, paseo en trajineras en Xochimilco el mismo día que dos adolescentes murieron ahogados, carne asada sonorense fuera de Sonora, Coyoacán, Basílica de Guadalupe, Hard Rock Café, Café Tacuba...

Sólo de recordarlo me vuelvo a cansar... y me vuelvo a sentir muy contento.

martes, junio 26, 2007

Mi códice

Hace dos años y medio que escribo en este blog. Ha sido lo más cercano que he tenido de un diario de mi vida, aunque sólo abarque el 10% de la misma. En él he plasmado algunos aspectos relevantes de las etapas que he ido viviendo durante su existencia. Ha atestiguado mi vida en cuatro diferentes ciudades en tres países en dos continentes, en las que he vivido en siete diferentes casas. Aunque algunas de esas etapas están bastante cercanas en el tiempo, las veo como parte de mi historia, como si hubieran pasado hace mucho, cuando yo era otro yo. Ahora constan solamente en las vivencias que describí en alguna entrada, en ciertas fotografías o memorias y en amistades que fueron el resultado de las mismas. Y la vida cotidiana absorbe mis atenciones y no me deja ver que lo que soy es el resultado de lo que he sido, que el presente no es más que la acumulación del pasado. Cambian las realidades inmediatas y parece que cambiara todo, porque es difícil darse el tiempo de traer continuamente a colación lo que hacías cuando los escenarios eran radicalemente diferentes y tus compañeros de escena eran otros. Cuáles eran los olores, las imágenes, los dolores molestos, las ilusiones y las satisfacciones de otros tiempos. Y es difícil, sobre todo, porque la nostalgia duele... arde muy adentro del alma y también del cuerpo. Es difícil hacerte consciente cada vez, que los que estuvieron contigo ya no están presentes sino en eventuales correos electrónicos, llamadas o mensajes. Que ahora comes otras cosas en mesas distintas. Que tus actuales interlocutores sostienen contigo otro tipo de conversaciones. Que tus hábitos han cambiado.

Y aunque las memorias no deben ser lastres que te amarren a lo que fue y ya no es, porque la vida es dinamismo constante, tampoco deben tirarse a la basura y mirar siempre adelante negándote a voltear hacia atrás. Y este blog esto ha hecho para mí... de vez en cuando me pongo a leer entradas muy antiguas y hago el esfuerzo mental de reconocerme detrás de esas palabras que, en ocasiones, podría pensar fueron escritas por alguien más. Mi blog se ha vuelto mi códice y ha hecho algo más para mí con su indiscreta función: ha reproducido mis memorias más allá de mis posibilidades orales, ha comunicado mis cosas a gente que nunca conocí y que tal vez no conoceré (personalmente). Y se ha vuelto la materialización (digitalización, para ser exacto) de una buena parte de mi vida, que de tan fugaz pareciera que está en constante desvanecimiento, desapareciendo conforme se vive.

jueves, junio 21, 2007

Solitos

Soledad (loneliness) es definido en Wikipedia como un estado emocional en el que una persona experimenta un poderoso sentimiento de vacío y aislamiento. La soledad es más que el deseo de tener compañía o querer hacer algo con otra persona. La soledad es un sentimiento de estar separado, desconectado y alienado de las demás personas. Quien es solitario puede encontrar difícil o, incluso, imposible tener cualquier contacto significativo con otros humanos. Las personas que padecen soledad frecuentemente experimentan una sensación de vacuidad o vacío interior, con sentimientos de separación o aislamiento del mundo.

Traigo a colación el término y sus implicaciones personales, que están más allá de la falta de compañía, porque las referencias culturales a este sentimiento terrible son varias.

El laberinto de la soledad, ensayo del escritor mexicano Octavio Paz.

Cien años de soledad, novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez.

La soledad, canción del cantante griego-francés Georges Moustaki.

¡Oh soledad! Canción del grupo español Oreja de Van Gogh. Usha-la la, usha-la la.

¿Acaso nos sentimos tan solos los humanos? ¿Acaso es la soledad un sentimiento que se desprende forzosamente de nuestra individualidad? ¿O ser solitario es una situación que se puede decidir con libre arbitrio y, por tanto, abandonar?
No lo sé, son interrogantes que no intento resolver.