domingo, abril 30, 2006


Carne asada sonorense. Vale la pena cargar el malet�n en el aeropuerto... Posted by Picasa

martes, abril 18, 2006


Semana Santa en Huásabas... Posted by Picasa

Mi vida en Huásabas (capítulo 4)

Vengo volando a diez mil metros sobre el nivel medio del mar de regreso de mi tierra y con el destino inminente que no se muestra tan desfavorable. Ya había comentado en otro artículo, “Pedacitos de corazón”, que voy dejando regados afectos y lugares que me hacen sentir como si ya no perteneciera por completo a ningún lado. Sin embargo, sé que vengo regresando de mi tierra, y el artículo posesivo en primera persona del singular no es casual. Sé que siempre seré Rafael Barceló Durazo de Huásabas. Es como mi tercer apellido, mi título nobiliario, aunque no me lo reconozca la Constitución. Huásabas me une al planeta Tierra, ha sido el cordón umbilical a través del cual estoy unido a este mundo de manera casi física, lo que me salva de ser un ente disperso que erra como globo lleno de helio por la atmósfera terrestre. Y reencontrarme con ese sitio cada vez que me resulta posible es el mejor paliativo que tengo para disipar cualquier problema existencial, artificialmente creado. Volver también activa en mi mente preguntas irresolutas, pero es quizá la duda perpetua un impulso vital de los seres humanos. Después de toda esta disertación psico -filosófica no menos fútil que de poca monta me dispongo a escribir unas líneas que nunca podrán estar lo suficientemente inspiradas para poder describir lo que es una Semana Santa en Huásabas. Eso sí, yo siempre lo he dicho: a Huásabas en Semana Santa se va a rezar. O a beber, para un creciente segmento de la población huasabeña, cerveza Tecate, por supuesto, o para los bien machos unos buenos tragos de bacanora (licor sonorense obtenido de la fermentación de un cactus conocido como lechuguilla, muy parecido al maguey con altísimo contenido alcohólico).

Contrario al normal destino pagano, sobrepoblado y kitsch de las playas mexicanas en esas vacaciones o al popular (y frívolo) destino de los hermosillenses que es Tucson o Phoenix (discúlpenme por la franqueza que suele estar de más en la mayoría de las conversaciones), yo (y mi numerosa familia) siempre agarramos la carretera que después de tres horas y media te lleva a las entrañas de la sierra sonorense. Y desde que llegas hay que ponerse a rezar. Desde el Domingo de Ramos, la actividad religiosa no termina y sólo va aumentando en intensidad, llegando a su momento cumbre en la misa del Sábado de Gloria, la llamada Vigilia Pascual, o, ya de manera más popular, la misa más larga del año con sus siete lecturas y sus siete salmos, a lo que se une la bendición de cuanto elemento existe sobre esta tierra, bueno, no tanto, pero se bendice el agua, el fuego, las imágenes religiosas, los catecúmenos, etcétera. Una cosa linda para personas como mi nana Carmela, que fue ferviente rezadora y de temple singular, pero que los no tan amantes del éxtasis religioso pueden llegar a calificar con el adjetivo de “agotadora”. Y no carecen de razón pues, bajita la mano puede llegar a durar tres horas. Pero, ah! Eso sí, después de la misa viene el baile, cuyo nombre es bastante descriptivo “baile del Sábado de Gloria”. Y es un baile singular y de mucha tradición porque resulta que en Huásabas y algunos otros pueblos de la sierra sonorense, durante toda la cuaresma no se organiza ningún baile. Así que, después de cuarenta días sin sacudir el esqueleto, mover el bote o desempolvarse las articulaciones, pues los amantes de la danza andan que mueren de ganas por abrazar a algún individuo del sexo contrario y ponerse a bailar al ritmo de la banda o música norteña. Además de que no habiendo carnaval antes del miércoles de ceniza para desfogar las pasiones de la carne, el Sábado de Gloria por la noche es muy esperado. Pero erré la estrategia de iniciar describiendo la Semana Santa con su culminación, pudiendo no llegar a transmitir que aún siendo una época de fiesta y de reencuentros familiares, el culto ocupa una posición importantísima al más puro estilo católico. Particularmente el viernes santo. La actividad inicia temprano por la mañana con el ayuno, continúa con el vía crucis viviente, más tarde son las siete palabras con la lectura de la Pasión de Cristo y la adoración de la Cruz, y por la noche la marcha del silencio seguida del Rosario de Pésame. Iniciaré con el Vía Crusis viviente que significa que es representado por huasabeños de carne y hueso. Sobra decir que el que representa a Jesús no es clavado en la vida real, sino amarrado con cintos de acomedidos de la concurrencia que no teman se les caigan los pantalones. Es una representación muy teatral, pues delante de todos va un individuo a caballo vestido como centurión romano todo vestido de negro, con una sotana, un casco y un velo que le cubre la cara. Resulta bastante imponente con una lanza en su mano y profiriendo gritos e insultos a nuestro Señor. Lo acompañan legionarios romanos disfrazados con unas falditas rojas de papel crepé que vuelan con cualquier corriente de aire. Afortunadamente, como acto de mucha prudencia los legionarios llevan sus correspondientes pantalones de mezclilla y así no muestran lo que seguramente la mayoría no querría ver. Otra estación del vía crucis muy interesante es en la que Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén que lloran apiadándose de Jesús, quien les contesta que no lloren por él, sino por ellas y por sus hijos. Bueno, estas respetables plañideras son señoras huasabeñas que con los velos que anteriormente usaban las mujeres para entrar a la Iglesia. Nunca he estado seguro si lloran de verdad o fingen que lo hacen, pero si fuera esto último seguro Televisa estaría encantada de contratarlas para las altísimas dosis lacrimógenas de cualquiera de sus telenovelas. El caso fue que este año, por alguna razón extraña que seguro fue un problema logístico las mujeres lloronas no se presentaron a la cita ahí en la esquina del Country Club (no se rían los que no conozcan que en Huásabas hay un Country Club, que es un salón que antes se usaba para los bailes y los festivales y ahora se ha convertido en una mueblería). Y es que todavía no lo he explicitado pero el vía crucis viviente se reza por la calle iniciando en la Iglesia y terminando en una loma que por obvias razones se llama El Calvario, allá donde inicia el barrio de Basuchón. Así que cada estación se realiza en algún punto intermedio entre estos dos representativos lugares del pueblo. Y para situarlos geográficamente hay que decir que en Huásabas hay algunos barrios (que sería como el equivalente a colonias, pero sin ningún efecto postal). Empezando de la entrada del pueblo, estamos en Basuchón, por ahí por donde termina el vía crucis y donde está la capilla de San Isidro; luego sigue Basuchi y ya acercándonos a una cuesta abajo que te lleva al centro del pueblo está Basuchito. Pueden observar que el diminutivo y al aumentativo de Basuchi (la parte alta del pueblo) se refieren a la distancia que los separa del centro. El resto del pueblo podría ser definido como “Abajo”, pero faltaría precisión si no aclaro que también ahí pueden distinguirse sub-barrios. Podríamos empezar con la Isla, que es la parte cercana al río, supongo que el nombre se lo daría la cercanía al agua o quién sabe si habría alguna inundación de la que no estoy enterado y que haya incomunicado este célebre barrio. También está la Moctezuma, más para el lado del cementerio; la calle ancha que fue el lugar tradicional de reunión de los chamacos para jugar por las noches en las que refrescaba y nos dejaban salir para cansarnos y que nos diera sueño. Bueno, luego está la plaza, el parque y el muy famoso Callejón del Burro, que está antes de llegar a las milpas y cuyo nombre nada tiene que ver con sus habitantes, que tienen una capacidad intelectual idéntica al resto del pueblo o, a lo mejor, mayor. Los huasabeños creemos en la equidad como valor fundamental de la sociedad, pero ser de Basuchi, de “abajo” o de algún otro barrio particular también crea una identidad y te permite organizar pleitos, si llegado el momento, hiciera falta.

Bueno, eso fue en cuanto al Vía Crusis. Otra celebración más ritual que litúrgica es la marcha del silencio, ya que oscurece, para resaltar la sensación de luto por la muerte de Jesús. Esta consiste en una marcha silenciosa y en la oscuridad, para lo cual se apagan las luces del alumbrado público y los focos externos de las casas por donde pasa la marcha. Al frente y para crear un ambiente lógobre se lleva un ataúd y se arrastran cadenas (buuuuu) y la gente va formada de dos en dos en un paso parsimonioso, algunos llevando velas. De vez en vez se escucha una voz seca que anuncia alternativamente "Jesús ha muerto" o "Cristo ha muerto" en medio del silencio. No es una tradición muy antigua en el pueblo pero últimamente se organiza infaltablemente cada año. La marcha sale y te lleva de regreso al templo en donde al final se inicia el rezo del Rosario de Pésame con la imagen de la Virgen María Dolorosa vestida de negro, con lágrimás en los ojos y cara desconsolada. Eso completa la actividad religiosa del viernes.

Debido a que hay muchas cosas más que decir al respecto de la semana santa, tendré que parar aquí y continuar en otro capítulo sobre la importancia de cuando llegan los “forasteros” al pueblo, principalmente, para las fiestas de agosto, en diciembre o en Semana Santa.